Tenía 5 días y no movía el brazo: la historia de Sarita que hoy recorre Tucumán

Una beba de Tapia llegó al hospital con cinco días de vida porque no movía un brazo. Años después, la nena hace actividad física y va a la escuela como cualquier chica de su edad. Qué encontró su familia en el sistema público.

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Tenía 5 días y no movía el brazo: la historia de Sarita que hoy recorre Tucumán
Tenía 5 días y no movía el brazo: la historia de Sarita que hoy recorre Tucumán

Una beba de Tapia llegó al Hospital Avellaneda con apenas días de vida porque sus padres notaron que no movía el brazo izquierdo. Años después, Sarita López hace actividad física, va a la escuela y lleva una vida sin limitaciones. Su historia es la de un tratamiento que combinó cirugía, rehabilitación y una familia que no aflojó.

Oriunda de Tapia, en el departamento Trancas, la nena fue llevada a la guardia cuando tenía cinco días. Ahí empezó la evaluación y llegó el primer diagnóstico posible: parálisis braquial obstétrica. Desde entonces, el consultorio interdisciplinario de PBO del Hospital Avellaneda se hizo cargo del caso.

La primera señal y el miedo de una mamá

Patricia Suárez, la madre, recuerda el momento exacto en que se encendió la alarma. Otros bebés movían los dos brazos al llorar; Sara solo movía la mano izquierda. “Sentí miedo y angustia por esa nueva etapa que íbamos a empezar, pero sacamos fuerzas para que ella se mejorara. Esa era mi meta, que estuviera bien y recuperara el movimiento, porque es esencial para su vida”, contó.

El camino no fue corto: tratamiento prolongado y una cirugía a los tres años. En el hospital, la familia encontró contención. “Me tocaron excelentes profesionales. La doctora Campero, Blanquita, la kinesióloga, la doctora Constanza y quienes nos acompañaron nos trataron como si fuéramos una familia”, destacó Patricia.

Globos en los árboles y natación: la rehabilitación que siguió en casa

El trabajo no terminaba al salir del consultorio. Los padres convirtieron los ejercicios en juegos para estimular el brazo. Colgaban globos de los árboles para que Sara intentara alcanzarlos y sumaron la natación. “Es muy importante el apoyo de nosotros, los padres, para hacer la rehabilitación en casa”, explicó la mamá, que también conversó con otras madres que atravesaban situaciones parecidas y sentían miedo ante el diagnóstico, la cirugía o las exigencias del tratamiento.

Juan Eduardo López, el papá, recordó el esfuerzo de casi cuatro años. “Al principio me costó mucho, porque ver que no movía el brazo era un tema grave para mí. Con el tiempo se fue recuperando hasta que me dieron la noticia del alta”, relató. Su recomendación para otras familias es clara: “Deben tener mucha paciencia, ser constantes y hacer lo que dicen los médicos y los profesionales. El grupo que nos tocó estuvo formado por excelentes personas y profesionales que supieron guiarnos por el buen camino”.

Un equipo que trabaja desde el primer día de vida

El consultorio de Parálisis Braquial Obstétrica del Hospital Avellaneda está integrado por la doctora Sabrina Campero, traumatóloga ortopedista infantil; la licenciada Blanca Clemente, kinesióloga y referente provincial de la patología; la licenciada Emilia Nattero, psicóloga infantojuvenil, y la enfermera Graciela Escalante. También participaron especialistas en terapia ocupacional en distintas etapas.

Campero, a cargo del Servicio de Ortopedia Infantil, explicó que la patología se aborda desde el nacimiento. “Desde el primer momento, la paciente entra en contacto con el equipo de neonatología, que nos convoca a ortopedia infantil y rehabilitación. Ahí comienza el trabajo conjunto entre traumatólogos, kinesiólogos, psicólogos, enfermeros y otros profesionales”, detalló. En las primeras etapas, el objetivo es prevenir deformidades y contracturas, favorecer la movilidad y evaluar la evolución; cuando hace falta, se considera una cirugía para mejorar la función del miembro afectado.

La especialista fue tajante sobre el rol de la familia: “Esto solos no se puede hacer. Necesitamos de la interdisciplina, de los kinesiólogos y, fundamentalmente, del trabajo de las familias. Los padres forman parte del equipo de rehabilitación”. Y agregó: “Cuando el papá entiende la patología, el niño se recupera. Eso es lo más importante”.

Más de 20 años de experiencia y una red en formación

Clemente contó que el consultorio funciona desde hace más de dos décadas y que en los últimos ocho años consolidó su organización. También señaló que se está conformando una red para mejorar la atención de pacientes con esta condición en la provincia. El circuito arranca cuando una institución pública deriva al niño al consultorio especializado, donde se evalúa y se inicia el tratamiento conservador con controles. Si la evolución se estabiliza y el equipo lo considera necesario, se analiza la cirugía y luego sigue la rehabilitación posquirúrgica. “Tenemos interdisciplina todo el tiempo. Desde el inicio del diagnóstico hasta el final estamos trabajando con distintos profesionales”, explicó.

El seguimiento puede extenderse hasta la adolescencia y busca favorecer la participación en actividades deportivas. Para preparar una eventual operación, el equipo usa recursos lúdicos y encuentros con chicos que ya pasaron por una intervención, para que transiten esa instancia con mayor tranquilidad.

El acompañamiento emocional, parte del tratamiento

Desde Salud Mental, la licenciada Emilia Nattero acompaña a los niños y a sus familias a comprender el diagnóstico y expresar los temores. “Muchas veces a los padres les llega mucha información y, cuando vuelven al consultorio, sienten que no comprendieron cómo va a ser el procedimiento. Entonces trabajamos sobre eso, sobre cómo recibieron la información, cómo la procesaron y qué miedos aparecen”, explicó. El acompañamiento incluye entrevistas individuales y espacios de juego, y cuando se prevé una cirugía el equipo procura que los chicos conozcan el hospital, la sala y a los profesionales que van a participar.

El mensaje de una familia agradecida

La historia de Sarita muestra el alcance del sistema público de salud, donde el acceso a consultas especializadas, rehabilitación, cirugía y acompañamiento psicológico permitió a esta familia de Tapia transitar un tratamiento prolongado sin buscar respuestas fuera de la red provincial. El Ministerio de Salud Pública de Tucumán, a cargo del doctor Luis Medina Ruiz, desarrolla acciones para garantizar una atención integral con equipos interdisciplinarios, en el marco de las políticas sanitarias del gobernador Osvaldo Jaldo.

Antes de despedirse, Patricia volvió a agradecer: “Muchísimas gracias, porque sin ellos no hubiéramos podido estar acá, con ella como está hoy en día. Estamos muy felices, muy contentos por ella”. Sarita sigue creciendo, estudiando y disfrutando de su infancia.

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