Tenía 19 años y un accidente le cambió la vida: hoy la rompe en un deporte que no imaginaba
Tenía 19 años y una moto comprada hacía cuatro días. El accidente le cambió la vida para siempre, pero lo que vino después lo transformó en algo que él mismo no esperaba.
Nahuel Rojas tenía 19 años, trabajaba con su papá, cursaba la nocturna y los fines de semana los disfrutaba al volante de su Chevrolet 400. Hasta que un 27 de diciembre, a pocas cuadras de su casa en Rawson, un accidente en moto le provocó una lesión medular que lo dejó en silla de ruedas. Siete años después, cuenta cómo el básquet le devolvió las ganas y le enseñó a vivir de otra manera.
Había comprado la moto apenas cuatro o cinco días antes. Según le contaron después, se cruzó un vehículo y la caída le provocó una grave lesión en la columna. El golpe derivó en una larga internación: tres días en terapia intensiva, problemas en el corazón y un pulmón, una lesión en una pierna y una infección en la columna que obligó a operarlo. También se quebró cuatro dientes y le colocaron dos pernos dentales.
Rehabilitación y escuela, al mismo tiempo
Le faltaba un año para terminar la secundaria y decidió no abandonar. Durante el día hacía rehabilitación; por la noche iba a la escuela nocturna acompañado por su hermano mayor. La rutina era exigente, pero completó las dos cosas. En ese proceso, su familia fue clave, sobre todo su mamá: “Me he caído y ella me miraba y ayudaba a levantarme”, recuerda.
El joven que antes vivía entre el trabajo, el estudio y los autos empezó a descubrir otra forma de disfrutar. Entendió que había cosas que no podía controlar y se enfocó en las que sí. Empezó a salir, viajar, ir a bailes y hasta se animó a ir solo a eventos de cuarteto cuando nadie quería acompañarlo. “Si no puedo hacerlo, voy y lo intento”, cuenta. Esa frase se volvió su filosofía personal.
Del rehabilitador al básquet como todo
El deporte apareció como parte de la rehabilitación. Los profesionales que lo atendían le recomendaron una actividad para ganar fuerza y resistencia, y así llegó al básquet en silla de ruedas. Al principio le costó muchísimo, sobre todo por las dificultades para controlar el tronco debido a la lesión. Con entrenamiento fortaleció esa zona y mejoró la estabilidad. Con el tiempo, el básquet dejó de ser solo una herramienta y pasó a ocupar un lugar central: “El básquet para mí es todo”, afirma.
Hoy juega al básquet en silla de ruedas. También tiene un auto adaptado, aunque todavía no posee carnet y reconoce que después del accidente le quedó cierto temor a volver a manejar. Su silla deportiva es otro capítulo importante: le costó muchísimo conseguirla y tuvo un valor cercano a los tres millones de pesos, por lo que la cuida como un tesoro: “Sentimentalmente, mi silla es mi todo”.
“No quiero que me miren con lástima”
A siete años del accidente, Nahuel no quiere que su historia sea contada desde la lástima. No le gusta que lo miren y le digan “pobrecito”. Prefiere que su mamá pueda hablar de él con orgullo y que quienes lo conocen vean todo lo que consiguió desde aquel 27 de diciembre que le cambió la vida.
Por eso, cuando le toca dejarle un mensaje a otras personas que atraviesan su misma situación, habla desde su propia experiencia: “La vida va a seguir pasando. Los días, los meses, los años. No esperen que alguien venga y les resuelva la vida”. Y antes de terminar, resume todo en una frase: “Sé feliz y viví el momento. Es lo más hermoso que te va a pasar. Yo lo vivo día a día y soy feliz”.