Tenía 13 años y ya era profesional: el día que su mundo se derrumbó y la resurrección que nadie vio venir
Tenía 13 años cuando debutó como profesional y 16 cuando le ganó una final olímpica a Steffi Graf. Todos pensaban que era invencible. Meses después, la arrestaron en un motel de Florida. Lo que vino después nadie lo vio venir.
Jennifer Capriati irrumpió en el circuito profesional en marzo de 1990 con apenas 13 años y 11 meses. Antes de terminar la secundaria ya había firmado contratos de patrocinio por más de 6 millones de dólares y su nombre aparecía en las tapas de las revistas de todo el planeta. Nadie imaginaba que, pocos años después, su carrera quedaría al borde del abismo.
Nacida en Nueva York en 1976, vivió en España hasta los 4 años y luego se radicó en Florida, donde su padre Stefano le impuso un entrenamiento de élite desde la infancia. Ese combo de talento y disciplina la convirtió en una máquina de romper récords.
La niña que hizo temblar a las gigantes
En 1990, con 14 años recién cumplidos, ganó su primer título WTA en el Abierto de Puerto Rico y llegó a las semifinales de Roland Garros, siendo la jugadora más joven en lograrlo en París. Ese mismo año se transformó en la tenista más precoz en ganar un partido en Wimbledon. Los récords caían uno tras otro.
El momento cúlmine llegó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Con 16 años, desplegó un tenis demoledor sobre la tierra batida española y venció en la final por la medalla de oro a Steffi Graf, la número 1 indiscutida de aquel entonces. Parecía que nada podía detenerla.
El infierno de la presión y el arresto que conmocionó al deporte
Pero la sobreexposición mediática, la exigencia de los torneos y el divorcio de sus padres le pasaron factura. Tras una prematura eliminación en la primera ronda del US Open de 1993, con solo 17 años, decidió alejarse de las canchas por tiempo indefinido. Quería una vida normal. No la tuvo.
En diciembre de 1993 fue citada por un hurto en una joyería de Florida y en mayo de 1994 fue arrestada en un motel de Coral Gables por posesión de marihuana. El escándalo fue mundial, reportado por The New York Times. Sin embargo, la justicia no la condenó en ninguno de los dos casos. Su crisis se convirtió en el caso testigo del llamado “síndrome del quemado” (burnout) en deportistas juveniles y abrió un debate ético sobre la explotación de menores en el alto rendimiento.
La resurrección más increíble del tenis
Entre 1994 y 1998, Capriati tocó fondo: apenas ganó un partido de Grand Slam y cayó más allá del puesto 1000 del ranking. Parecía terminada. Pero en 1999, con un estricto plan de acondicionamiento físico, volvió a conquistar un título y empezó a gestar una de las remontadas más grandes de la historia del deporte.
La recompensa llegó en 2001. Primero se consagró en el Abierto de Australia, su primer Grand Slam, al vencer en la final a Martina Hingis. Después levantó el trofeo en Roland Garros tras una batalla épica de tres sets ante Kim Clijsters (1-6, 6-4, 12-10), salvando pelotas de partido. En octubre de ese año alcanzó la cima del ranking WTA. En 2002 revalidó el título en Melbourne, otra vez ante Hingis, salvando cuatro puntos de partido.
Las lesiones en la muñeca y el hombro la obligaron a retirarse tras la temporada 2004. Pero su legado ya era imborrable.
La lección que cambió las reglas para siempre
Hoy, cuando jóvenes como la rusa Mirra Andreeva o la estadounidense Coco Gauff deslumbran en los grandes torneos, el fantasma de Capriati sigue presente. A mediados de los noventa, la WTA implementó la Regla de Elegibilidad por Edad, conocida informalmente como la “Regla Capriati”, que limita la cantidad de torneos que puede disputar una tenista menor de 18 años para preservar su salud mental y física.
A más de 30 años de su oro en Barcelona, su historia sigue siendo un recordatorio brutal: detrás de los récords y los flashes, el cuidado del atleta debe estar siempre por encima del espectáculo.