Tejedora de 50 años que casi no tiene herederos: su arte llegó a la Rural de Palermo
¿Sabés cuánto tiempo lleva tejer un jergón que compite en Palermo? Conocé la historia de Elisa Mondaca, la artesana que lucha por mantener viva una tradición centenaria.
Elisa Mondaca, una de las últimas tejedoras artesanales de San Juan, logró que su jergón tejido a mano brillara en la Exposición de Palermo. Pero mientras cosecha elogios, una pregunta la persigue: ¿quién tomará el telar cuando ella no esté?
Con 50 años, Elisa es considerada una de las más jóvenes en un oficio que se apaga. En la 54.° Exposición y Feria de Artesanías Tradicionales Argentinas, realizada en el marco de la Expo Rural de Palermo, obtuvo la Segunda Mención con un jergón confeccionado completamente a mano con lana de oveja.
Dos meses de trabajo en cada prenda
La pieza que representó a San Juan es similar a un poncho, pero sin costura central y con listas de colores. Su elaboración demanda cerca de dos meses: un mes para hilar manualmente la lana de oveja, luego el teñido con tintes naturales y otro mes para el tejido propiamente dicho.
“Después lleva un punto especial que se llama espasragón. No es un tejido sencillo y por eso tiene un acabado diferente al del poncho tradicional”, explicó Elisa a Diario La Provincia SJ.
Un jurado especializado evalúa la calidad del hilado, las terminaciones, las costuras y la técnica antes de seleccionar las piezas que viajan a Palermo. Elisa ya había ganado el primer premio años atrás con una frazada.
Una vida entre hilos y telares
Elisa aprendió el oficio al terminar la escuela primaria, cuando su padre la anotó en la Escuela de Capacitación Laboral de Iglesia. Allí fue alumna de la reconocida artesana Hermela Balmaceda, quien luego la invitó a seguir perfeccionándose en su casa.
“Cada vez aprendía algo distinto. Hasta el día de hoy sigo yendo. Ella ya no teje, pero me presta su telar para hacer ponchos y frazadas grandes. Mientras trabajo, conversamos toda la tarde”, recordó.
El oficio que se niega a morir
Más allá del reconocimiento nacional, Elisa mira con preocupación el futuro del tejido artesanal en Iglesia. “Si quedan seis o siete tejedoras en todo el departamento, son muchas”, afirmó.
“Han venido chicas a aprender, pero cuando ven que esto requiere mucha paciencia y que no se aprende de un día para otro, dejan. Todavía no encuentro a alguien que quiera seguir con este oficio”, lamentó.
Los turistas le dan un respiro
A pesar de la incertidumbre, el trabajo no falta. En los últimos meses, Elisa recibe numerosos pedidos de un nuevo modelo de poncho confeccionado con lana gris natural. La moda comenzó después de hacerle una prenda a su hija.
“La gente vio ese poncho y empezaron a pedirme varios iguales. Antes hacía solamente el poncho sanjuanino y ahora estoy tejiendo este nuevo modelo que gustó mucho”, contó.
Los turistas que visitan Iglesia son los principales compradores, manteniendo vivo un arte que hoy depende de un puñado de manos.