Sufrió bullying toda la infancia, llegó a tres ataques de pánico por semana y pensó en abandonar. Tres ejemplares impresos para su familia cambiaron el rumbo: hoy recorre escuelas de Mendoza con una propuesta que ya cruzó fronteras.
Iván Nesteruk nació en Bowen, en el departamento de General Alvear, y su nombre empezó a sonar en distintos puntos del país por un libro que, en un principio, no pensaba mostrarle a nadie. Detrás de No soy el ansioso hay una historia de acoso escolar en la primaria y la secundaria, consecuencias emocionales que aparecieron años más tarde y una decisión que cambió el rumbo.
Su trabajo de promoción de la lectura y concientización sobre el bullying, la ansiedad y la salud mental lo llevó a ser uno de los jóvenes mendocinos destacados de 2026 por el Consejo Empresario Mendocino (CEM), que lo reconoció en la categoría Compromiso con la Comunidad.
En diálogo con Gabriel Conte y Luis Abrego en el programa Café 617 News, de la Multiplataforma 617, contó que el libro surgió primero como una necesidad íntima, sin planes de venta ni de difusión abierta.
Del acoso escolar a los ataques de pánico
Los episodios de hostigamiento lo acompañaron durante buena parte de su etapa escolar. Cuando terminó el secundario y se mudó a San Luis para seguir estudiando, creyó que esas vivencias habían quedado atrás. No fue así: con el tiempo empezaron los ataques de pánico y los trastornos de ansiedad.
Al principio no encontraba explicación a lo que le pasaba. Se sometió a distintos estudios médicos, pero los resultados no arrojaban problemas físicos que justificaran los síntomas. Recién después de consultar con profesionales de salud mental y atravesar un proceso terapéutico pudo vincular aquellas experiencias de la infancia con lo que vivía en la adultez.
La escritura, una práctica que lo acompañaba desde chico, se convirtió entonces en el canal para sacar lo que llevaba guardado hacía años.
El momento más duro y una decisión que lo cambió todo
Hacia fines del año pasado la situación se agravó: llegó a sufrir tres ataques de pánico por semana, con un desgaste físico y emocional muy fuerte. Por recomendación profesional dejó su trabajo, porque las exigencias laborales ya no eran compatibles con su estado. Eso implicó también renunciar a su independencia económica y volver a la casa de sus padres.
En ese contexto atravesó una depresión profunda. Fue ahí cuando recordó una reflexión del psiquiatra y escritor Viktor Frankl: además de preguntarse qué espera uno de la vida, también hay que pensar qué espera la vida de cada persona. Esa idea le dio otro sentido a lo que estaba viviendo y lo llevó a pensar que podía convertir su dolor en algo útil para quienes pasaban por situaciones parecidas.
El primer paso fue escribir el libro y preparar apenas tres ejemplares: para sus padres y su hermana. Hasta ese momento, su propia familia desconocía buena parte de lo que había sufrido en la infancia y la adolescencia. Fue su hermana quien lo convenció de compartirlo públicamente, al entender que esa historia podía servirle a otras personas y no debía quedar encerrada en el ámbito familiar. Así arrancó el recorrido de No soy el ansioso.
La difusión llegó primero por el boca a boca y por medios de Bowen y General Alvear, y después por espacios periodísticos provinciales y nacionales. Con las entrevistas empezaron a llegar mensajes de distintos lugares del país y del exterior: personas que se identificaban con su relato, padres que encontraban herramientas para entender mejor a sus hijos y lectores que, a partir de su testimonio, lograban poner en palabras situaciones que antes no podían expresar.
Un libro con una libreta en blanco
Para Nesteruk la escritura no es solo una actividad literaria. Es una herramienta que le permitió atravesar momentos muy difíciles y que ahora busca poner al alcance de otros. Su libro propone una experiencia que va más allá de la lectura: incluye una carta y una libreta en blanco para que cada lector tenga un espacio propio donde escribir y expresar lo que quizás le cuesta decir en voz alta.
La propuesta parte de una convicción: cada persona necesita encontrar una manera de exteriorizar lo que le pasa, ya sea a través de la escritura, el deporte, el canto, el baile o cualquier actividad que permita canalizar las emociones. En ese marco dejó una de las frases más fuertes de la charla: «La literatura salva vidas».
No lo plantea desde la teoría, sino desde su propia experiencia. Por eso busca que su testimonio sea un punto de partida para quienes necesitan entender que no están solos.
«Palabras que sanan»: las charlas en las escuelas
Del libro nació también Palabras que sanan, un ciclo de charlas que Iván lleva a instituciones educativas para abordar el bullying, la ansiedad y la salud mental. La metodología tiene una particularidad: antes de que él comparta su historia, propone que los estudiantes hayan tenido un encuentro con profesionales especializados. Considera que su testimonio no reemplaza el trabajo de psicólogos o psiquiatras, sino que aporta una mirada distinta desde la experiencia personal.
«Mi palabra no reemplaza en absoluto lo que dicen los profesionales», aclaró durante la entrevista.
En las escuelas su relato genera una conexión particular con los chicos. No se presenta como un especialista que llega a dar una clase teórica, sino como alguien que atravesó situaciones de acoso y conoce las consecuencias que pueden dejar en la vida de una persona. Para empezar cada encuentro establece un pacto de honestidad con los estudiantes: les pide que lo escuchen con la misma sinceridad con la que él está dispuesto a contarles una de las etapas más dolorosas de su vida.
También adapta cada charla a la realidad de la institución. Para eso mantiene reuniones previas con directivos y docentes, con el objetivo de conocer el contexto y evitar abordajes que puedan resultar inadecuados.
Durante la conversación mencionó cifras que, según explicó, usa para dimensionar la problemática del bullying en Argentina. Señaló que los registros de casos graves habrían pasado de 140.000 durante 2024-2025 a 230.000 en el período 2025-2026. Aclaró que esos números contemplan situaciones que llegan a instancias judiciales o terminan en suicidio, por lo que no reflejan la totalidad de los episodios que ocurren en las escuelas.
Una tarea solidaria que sostiene con recursos propios
Actualmente Nesteruk está a un parcial y un coloquio de recibirse como técnico en Laboratorios Biológicos. Además se desempeña como docente en la Universidad Nacional de San Luis, en el área de Bromatología.
Su trabajo de concientización es una actividad secundaria y completamente ad honorem. No cobra por las charlas que brinda en las instituciones educativas y vende sus libros al precio de costo, con el único objetivo de recuperar el dinero necesario para imprimir nuevos ejemplares. Los viajes, las fotocopias y los libros que deja en las escuelas también representan gastos que, en gran medida, afronta de su propio bolsillo.
Reconoció que muchas veces resulta difícil sostener el proyecto sin una editorial, una empresa o una organización que lo respalde. También contó que hubo compromisos de colaboración que finalmente no se concretaron y situaciones que lo hicieron dudar si valía la pena continuar con tanto esfuerzo.
Sin embargo, cada vez que termina una jornada y recibe mensajes de agradecimiento de estudiantes y familias, vuelve a encontrar motivos para seguir. Uno de los aspectos que más valora es que los chicos regresen a sus casas y puedan hablar de bullying y salud mental con sus padres, incluso durante una merienda o una conversación cotidiana. Para él ese es uno de los objetivos principales: que estos temas no aparezcan solo cuando ocurre una situación grave o durante una fecha especial del calendario.
«Estamos llegando tarde»: el mensaje a los adultos
Uno de los conceptos centrales que dejó Nesteruk en la entrevista fue la responsabilidad de los adultos en la prevención del bullying y el cuidado de la salud mental de niños y adolescentes.
«Estamos llegando tarde», sostuvo al explicar que muchas veces las conversaciones sobre estos problemas comienzan recién cuando aparece un caso grave, cuando una situación se vuelve pública o cuando las consecuencias ya son difíciles de revertir.
Por eso considera fundamental que las escuelas, las familias y también los clubes deportivos y las academias incorporen estos espacios de reflexión de manera permanente. El bullying no ocurre exclusivamente en las aulas: puede aparecer en cualquier ámbito donde los chicos se relacionan y desarrollan sus actividades. De ahí la importancia de generar herramientas de prevención y acompañamiento en todos esos espacios.
Su propuesta es que las charlas no sean intervenciones aisladas, sino que abran procesos de trabajo que continúen después de su visita, mediante lecturas, actividades y nuevas conversaciones.
Un reconocimiento que refuerza el compromiso
El reconocimiento del Consejo Empresario Mendocino en la categoría Compromiso con la Comunidad representa un respaldo importante para una tarea que Iván desarrolla de manera independiente y con recursos propios.
Consultado sobre las dificultades de exponer públicamente su historia y volver a transitar experiencias dolorosas, admitió que hay momentos difíciles y que no siempre resulta sencillo sostener el proyecto en soledad. Pero tiene muy presente el objetivo que se planteó cuando decidió publicar el libro: ayudar, aunque sea, a una sola persona para que no se sienta sola. Esa meta sigue siendo el motor de su trabajo.
Quienes deseen conocer su propuesta, conseguir un ejemplar de No soy el ansioso o solicitar una charla para una escuela, institución o comunidad pueden contactarlo a través de su cuenta de Instagram: @ivannesteruk.
Desde Bowen, con una tarea que sostiene sin respaldo editorial ni grandes estructuras económicas, Nesteruk eligió poner su propia voz al servicio de quienes todavía no encuentran las palabras para contar lo que les pasa.