Sudáfrica arde: el día que miles dijeron ‘fuera’ a los inmigrantes y el terror se apoderó de las calles
Miles de sudafricanos marcharon contra inmigrantes ilegales, con incidentes y muertes. ¿Hasta dónde llegará la crisis xenófoba que ya tiene a más de 25.000 extranjeros huyendo del país?
Miles de sudafricanos salieron a las calles este martes para exigir la salida de los migrantes sin papeles, en medio de una ola xenófoba que ya dejó muertos y desató el pánico entre las comunidades extranjeras. La movilización, que se replicó en varias ciudades, estuvo marcada por la muerte de un extranjero que cayó desde un octavo piso presuntamente por miedo a ser perseguido, según informó la policía.
Las fuerzas de seguridad se desplegaron masivamente para contener las protestas, convocadas por grupos ciudadanos que fijaron este martes como plazo para que los indocumentados abandonaran el país, aunque sin sustento legal. Más de 25.000 extranjeros ya tramitaron su salida en las últimas semanas.
Incidentes en Johannesburgo y Durban
En Johannesburgo, corazón económico de Sudáfrica, se registraron lanzamientos de piedras y enfrentamientos. La policía escoltó a algunos extranjeros para alejarlos de una turba, y varias personas fueron detenidas por saqueos. También se desplegaron soldados en la zona.
En Durban, los manifestantes lucieron atuendos tradicionales zulúes, con lanzas, látigos y escudos. Brightness Gumbi, de 48 años, expresó su frustración: “Los extranjeros ilegales consiguen pagar alquileres porque venden drogas a nuestra gente”, declaró.
Miedo y muerte entre los migrantes
La policía confirmó que al menos dos mozambiqueños, un etíope y un malauí fueron asesinados en las últimas semanas. Este martes, un extranjero fue hallado muerto tras saltar desde un octavo piso en Durban, aparentemente por miedo a ser perseguido.
Cientos de migrantes se congregaron en Ciudad del Cabo, Johannesburgo y otros centros, esperando ayuda para regresar a sus países. Muchos dijeron haber sido desalojados o despedidos por temor a multas o ataques. “La gente en Sudáfrica no nos quiere aquí. Tengo miedo”, relató una mujer zimbabuense de 23 años en Ciudad del Cabo, donde más de 1.500 personas aguardaban repatriación.
En Durban, solo unas decenas de malauíes permanecían en un lugar desde donde miles ya habían sido enviados en autobús. “Pensé que podía quedarme, pero los vecinos nos advirtieron anoche”, contó Adam John, de 32 años. “Sentí que era mejor tratar de volver a casa mientras aún pueda”, añadió.
El gobierno reacciona, pero la tensión no cede
Días antes de las protestas, el presidente Cyril Ramaphosa anunció que el gobierno intensificará los planes contra la inmigración ilegal, con mayor control fronterizo e inspecciones. Antecedentes como los disturbios de 2008, que dejaron 62 muertos, pesan en la memoria.
Sudáfrica, primera economía del continente, enfrenta un desempleo superior al 30%, alta criminalidad y servicios colapsados. Unos 3 millones de extranjeros (5,1% de la población) viven en el país. Los grupos antiinmigrantes los acusan de quitar empleos y servicios, aunque analistas señalan que son chivos expiatorios de los fracasos gubernamentales.
Varios gobiernos africanos —Nigeria, Malaui, Ghana, Zimbabue y Mozambique— organizaron vuelos y autobuses de repatriación voluntaria. La ministra de Justicia, Mmamoloko Kubayi, informó que casi 4.300 extranjeros fueron repatriados y más de 400 deportados solo en los últimos días.