Subió al Ñuñorco hace 11 días y no volvió: 50 baqueanos y montañistas peinan el cerro
El operativo por Raúl Moyano en el Ñuñorco Grande ya demanda más de siete horas de ascenso y medio centenar de personas, pero hay un factor del terreno que está borrando cualquier rastro y complica cada jornada de rastrillaje.
El docente jubilado Raúl Moyano sigue desaparecido desde el lunes 12 de octubre y el cerro Ñuñorco Grande se convirtió en el escenario de un operativo que ya moviliza a unas 50 personas. Policías, baqueanos y montañistas recorren las laderas tucumanas sin haber dado todavía con un solo indicio firme sobre el paradero del excursionista.
La travesía no es sencilla: desde la base montañosa hasta el campamento de avanzada instalado cerca de la cumbre hay más de siete horas de ascenso continuo. Especialistas y voluntarios avanzan sobre un terreno duro, con pendientes rocosas y temperaturas que al mediodía llegan a los 28 grados.
Quiénes participan del rastrillaje
Del despliegue forman parte efectivos de la Policía de Tucumán, rescatistas del Grupo Cero, agentes de Defensa Civil, la Guardia Urbana, montañistas con experiencia y baqueanos de la zona. El punto de partida es el sector de Mula Corral, en inmediaciones del barrio Cristo Rey, a unos 1.800 metros de altura.
A 2.500 metros, en el mirador del Ñuñorco —con vista panorámica al valle de Tafí—, las patrullas hacen recambios estratégicos. Allí se cruzan dos saberes: la formación técnica de los guías de montaña y la memoria del territorio que tienen los pobladores locales, entre ellos Cristian Mamaní, de Defensa Civil. Mientras un montañista ubica unas pocas referencias en el mapa, los baqueanos reconocen pasos alternativos y hondonadas sin demarcar que suelen usar para el arreo de animales.
Por qué no aparecen rastros
La falta total de vestigios desconcierta a los propios rescatistas. La montañista Sofía Sava explicó que el clima suma dificultad: las lluvias frecuentes lavan la tierra y borran las pisadas, y el paso de mulas y ganado bovino que baja de las pasturas de invernada termina unificando y deformando los rastros en las sendas.
Con la caída de la luz, a partir de las 19:30, el Grupo Cero sostiene su base operativa en la cima, equipada con cuerdas y material de alta montaña para rastrillar paredes verticales.
Una falsa alarma y la ceremonia a la Pachamama
Durante la jornada, una señal de humo movilizó de urgencia a una comisión para verificar un posible paradero. Tras horas de chequeo se confirmó que se trataba de una falsa alarma.
La incertidumbre y la dureza del clima reavivaron además las lecturas culturales entre los baqueanos, que afirman de manera simbólica que «el cerro está enojado». Parte de la comitiva hizo una ceremonia en homenaje a la Pachamama en pleno ascenso antes de retomar la búsqueda, sostenida por la solidaridad, la resistencia física y el compromiso de no abandonar la montaña.
(Fuente: Los Primeros)