Sube el agua para riego en San Juan: qué riesgos enfrenta la vitivinicultura
La mejora en el coeficiente de riego promete más producción, pero también enciende alarmas en un sector clave. El dilema que deberán resolver los productores sanjuaninos.
La próxima temporada traerá más agua para los productores de San Juan, pero la mejora en el coeficiente de riego abre un debate sobre su impacto real en la economía agrícola. Así lo analizó la periodista Carolina Putelli en Canal 13, quien confirmó que el caudal pasará de 0,30 a 0,37 litros por segundo por canal.
Ese aumento implica que se retirarán entre 37.000 y 40.000 litros por segundo de los embalses, una cifra que supera los cerca de 32.000 litros que actualmente trae el río, según el último reporte de hidráulica oficial.
La medida busca beneficiar directamente a las fincas locales, aprovechando el buen rendimiento actual del agua. Sin embargo, también enciende alertas en sectores sensibles como la vitivinicultura, donde una mayor cosecha de uva podría chocar contra una demanda que sigue en baja.
Dos escenarios posibles
El análisis compartido con productores y especialistas del sector plantea dos caminos para los próximos meses. Si el aumento del recurso hídrico no se traduce en mayor rendimiento, quedarían en evidencia problemas de eficiencia en el riego y fallas en las técnicas de cultivo.
Pero si ocurre lo contrario y efectivamente sube el volumen cosechado, el desafío económico será mayúsculo por el contexto del mercado. El último reporte del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) reflejó que la venta de vinos cayó tanto en el mercado interno como en el externo, en medio de una crisis global de consumo.
Ante este panorama, los productores enfrentan un dilema clave: priorizar la calidad o generar mayor volumen de kilos. Si se opta por más producción sin un repunte de las ventas, el precio de la uva podría verse afectado de manera negativa.
La esperanza en la reconversión
Por ese motivo, la esperanza del sector se deposita en una reconversión inteligente hacia la producción de mosto, pasas u otros derivados que logren captar el excedente. La incógnita principal pasa por saber cómo utilizarán los productores este beneficio hídrico para equilibrar la balanza entre volumen, costos y rentabilidad en la nueva temporada.