Soñaba con ser maestra en Jáchal, pero un llamado la llevó a la escuela más alta de San Juan
Valeria Gordillo dejó Jáchal por un llamado que le cambió la vida. Diez años después, enseña en una escuela albergue ubicada a 3.500 metros de altura y confiesa el sueño que tiene para su futuro. ¿Qué la llevó a quedarse para siempre?
Valeria Gordillo es oriunda de Jáchal y hace una década eligió Calingasta para radicarse. Hoy es docente en la Escuela Albergue "Teniente Álvarez Condarco", conocida como "la escuela a las puertas del cielo" por estar a 3.500 metros de altura, y sueña con llegar a la dirección.
En la localidad de Villa Nueva, Calingasta, funciona un establecimiento que no se parece a ningún otro. Allí, unos 21 niños de distintas edades se albergan y otro grupo se suma a diario a las aulas para aprender, formarse, jugar y crecer. Entre el staff docente está Valeria Gordillo, quien desde hace diez años sigue maravillándose con lo que le regala la docencia.
Valeria nació en Jáchal y se formó allí hace 17 años. En ese entonces tuvo su primer contacto con la modalidad albergue: su residencia funcionaba en una escuela con ese perfil. La experiencia no duró mucho, pero le alcanzó para entender que estos establecimientos son mucho más que un edificio. Son un hogar.
"Decidí venir a vivir y elegir Calingasta para radicarme con mi familia porque yo quería ser maestra titular y salió un llamado de esta escuela. Sin conocerla la elegí igual. Hace diez años que estoy acá y me encanta", contó Valeria en diálogo con DIARIO DE CUYO.
De jamás imaginarlo a soñar con la dirección
Al repasar sus primeros años en la docencia, Valeria reconoce que "jamás imaginé que iba a llegar a una escuela albergue y gustarme tanto". El funcionamiento de una institución así es completamente distinto al de otras: los chicos no solo van a estudiar, también viven en el establecimiento, comparten actividades por fuera de la currícula y generan lazos mucho más profundos entre toda la comunidad educativa.
"En nuestra escuela hoy, con jardín, nivel inicial y ciclo básico tenemos 21 niños aproximadamente. Tenemos niños de otras localidades que se albergan en la escuela, reciben todos los servicios como en una casa. Es muy lindo. Los chicos albergados los traen en una movilidad y toman clases con chicos que no son albergados", explicó la docente.
Las jornadas son de 8 horas e incluyen clases, comidas y actividades vinculadas al teatro, la música y hasta el mundo agropecuario. Valeria se instaló en la localidad con su familia y, maravillada por los encantos del departamento, no solo se asentó: echó raíces. Quiere quedarse allí al menos hasta sus últimos días vinculada a la docencia.
Hoy, mientras comparte la vocación con sus colegas, sueña con seguir ligada a la escuela albergue y aspirar a más. "Me gustaría llegar a una dirección, ya que conozco bastante su funcionamiento y lo que implica. Tengo toda mi familia acá. No me arrepiento de haber elegido esta escuela", reflexiona.
Para Valeria, la docencia va más allá de la profesión y la formación. Uno de los mayores desafíos, sostiene, está en tratar con los chicos y sus contextos familiares, que muchas veces, sobre todo en esos escenarios, suelen ser complejos y delicados. Aun así, destaca que con dedicación y ganas se puede disfrutar de estar frente a un aula y formar a las nuevas generaciones.
"Hay una dedicación, un tiempo, una escucha que se tiene que dar todo el tiempo", afirma.
En el Día del Maestro, Valeria no solo saluda a sus compañeros de la escuela albergue de Villa Nueva, Calingasta, sino a todos los docentes de la provincia que día tras día se paran frente a un aula con un doble desafío: enseñar y acompañar los procesos pedagógicos.