Soñaba con la radio, pero un llamado de su director cambió su destino: hoy recorre 135 km para dar clases

¿Qué fue lo que un director le dijo a su mamá que terminó de torcer el rumbo de Luciana Espejo? Hoy recorre 135 kilómetros para dar clases en parajes alejados y cuenta por qué no cambiaría su lugar.

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Soñaba con la radio, pero un llamado de su director cambió su destino: hoy recorre 135 km para dar clases
Soñaba con la radio, pero un llamado de su director cambió su destino: hoy recorre 135 km para dar clases

Luciana Espejo quería ser comunicadora social, pero la vida la llevó a la docencia. Hoy, tras 12 años de trayectoria, es profesora itinerante en Iglesia y recorre cientos de kilómetros para llevar educación a las zonas más alejadas.

Oriunda de Bella Vista y radicada en Tudcum, Luciana Espejo nunca imaginó que su futuro estaría frente a un pizarrón. “No comencé muy convencida”, admite. Su sueño era ser comunicadora social, atraída por la radio y la locución. Sin embargo, las condiciones económicas familiares la orientaron hacia la docencia. “Mi padre lo que podía ofrecerme era ayudarme para ser docente. No era que me disgustaba la carrera, sino que quería hacer otra cosa, hasta que hice la residencia y me fui enamorando”, recuerda en diálogo con DIARIO DE CUYO.

El apoyo no solo vino de su familia. Un director de su escuela secundaria vio en ella condiciones que ni ella misma percibía. Con el tiempo, su madre le confesó que esa autoridad escolar la había convocado para sugerirle que la acompañaran en una carrera educativa. “Él ya me veía un perfil, veía condiciones que yo no descubría en ese entonces”, cuenta Luciana.

Sus primeros pasos fueron como maestra de grado en escuelas primarias del departamento. Luego decidió seguir formándose y realizó un profesorado de geografía e historia, lo que le permitió pasar al nivel secundario. Así, de ser “la seño” se convirtió en “la profe”.

De maestra a profesora itinerante: 135 kilómetros de vocación

El gran cambio llegó cuando conoció desde adentro la vida del profesor itinerante. Este rol implica cubrir horas cátedra desplazándose largas distancias en zonas alejadas o rurales para garantizar la educación en distintos niveles y modalidades. A partir de 2025, Luciana comenzó a incursionar en la itinerancia, enfocada principalmente en las escuelas albergue del departamento.

“Recorremos aproximadamente 135 kilómetros para llegar a las escuelas. Son grupos reducidos en los que trabajamos, lo que lleva a que la enseñanza sea prácticamente personalizada. Es un desafío grande por la distancia que tenemos, pero lo hacemos con mucho cariño, mucho entusiasmo, porque a cada escuela a la que vamos esos niños dependen de nosotros. Escuchar sus sueños nos da incentivo, ganas y entusiasmo para recorrer esos kilómetros felices”, asegura.

Sus aspiraciones también mutaron. Alguna vez pensó en ocupar un cargo directivo para impulsar cambios desde la gestión, pero la experiencia itinerante la llevó a dejar ese anhelo de lado. “Los alumnos de escuelas albergue la necesitan mucho más que una oficina de directora”, reflexiona.

“Las personas que opinan que los docentes no tienen vocación no conocen la profesión de cerca”

Para Luciana, la docencia va mucho más allá de compartir conocimientos. Implica involucrarse en lo que sucede en el aula, conocer a los alumnos y sus entornos familiares. Por eso cuestiona a quienes critican a los docentes sin conocer la realidad de las escuelas alejadas.

“Nosotros vamos a la Escuela Albergue Miguel Cané, en Bauchazeta, y vemos chicos desabrigados con temperaturas bajo cero. Ahí es donde juegan los sentimientos y formamos a las familias y los chicos. Tenemos vacación y es amplio el abanico de los aspectos que tenemos que abordar. Quizás se descuidan algunos, y eso hace creer que no tenemos la vocación, pero las personas que opinan que los docentes no tienen vocación no conocen la profesión de cerca”, sostiene.

Hoy, Luciana es un puente entre los chicos de las zonas más remotas y el conocimiento, la oportunidad y la posibilidad de conocer otras realidades. Espera seguir siéndolo, sin importar los kilómetros, mientras haya del otro lado un niño o niña con ansias de aprender. Ella llegará con ansias de enseñar y compartir.

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