Sol, cardones y tejidos con memoria: así se vivió "Raíces de Altura" en Santa Rosa de Tastil
Sin luces artificiales ni alfombra roja: el sol de la montaña iluminó una pasarela única en la Quebrada del Toro. ¿Qué historias esconden los tejidos artesanales que desfilaron en Tastil?
El sol de la montaña reemplazó a los reflectores y una calle de tierra, piedras y cardones hizo las veces de alfombra roja. Así se vivió el sábado la primera edición de "Raíces de Altura" en Santa Rosa de Tastil, un encuentro que puso en escena mucho más que ropa: tejidos con memoria de las artesanas de la Quebrada del Toro.
"No es un desfile de modas. Es una muestra de vestimentas con memoria", resumió Julieta Barboza, impulsora de la iniciativa y referente de la Fundación La Bailarina de Tastil.
La convocatoria reunió a turistas, vecinos de Salta, medios y diseñadores, que llegaron hasta el pueblo ubicado sobre la ruta nacional 51 para conocer una propuesta que puso en valor la identidad indígena y criolla, los textiles artesanales y el trabajo de sus productores.
¿Quiénes organizaron el evento?
Detrás de "Raíces de Altura" estuvieron la Fundación La Bailarina de Tastil, la Coordinación de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación de Salta, la Secretaría de Gestión Cultural de la Provincia, la Secretaría de Cultura del municipio de Campo Quijano, el Centro de Artesanos de Santa Rosa de Tastil, Alfarcito, artesanos independientes, el grupo Quijano Reactiva y "Flor Silvestre" de Patricia Vilte.
Mucho más que un desfile
Fue el primer desfile dedicado exclusivamente a vestimentas elaboradas por artesanas de la Quebrada del Toro, confeccionadas con técnicas tradicionales de hilado y tejido transmitidas de generación en generación. Cada prenda expuesta condensaba un largo proceso: esquila de oveja o llama, lavado de la fibra, hilado, teñido con pigmentos naturales y tejido en telar o a dos agujas.
Para Primitivo Yapura, artesano e investigador de la cultura textil que vive en territorio tastileño, la actividad ayuda a recuperar conocimientos que estuvieron en riesgo de desaparecer. "Durante estos últimos años se fueron perdiendo los conocimientos sobre la producción textil. Los hijos y los nietos fueron dejando los territorios para dedicarse a otras actividades y esos saberes comenzaron a perderse. Este tipo de encuentros sirve para empezar a rescatarlos y revalorizarlos porque explican nuestra forma de vida y nuestra relación con la tierra", señaló.
Yapura explicó que cada tejido posee características propias que permiten reconocer su origen: "Un chaleco empieza desde la esquila, el hilado, la coloración, la trama, los puntos y las terminaciones. Cuando uno conoce esos detalles puede saber si fue hecho en los Valles Calchaquíes, en la Puna o en la Quebrada del Toro. Son productos únicos porque expresan la identidad de cada pueblo".
Modelos del territorio
Uno de los aspectos más destacados fue que la mayoría de quienes desfilaron nunca habían participado de una pasarela. Las jóvenes modelos pertenecen a distintas comunidades de la Quebrada del Toro y lucieron prendas confeccionadas por sus propias madres, familiares o vecinas. "Las modelos mostraron orgullosas las prendas porque son producciones de mujeres de la zona. Por eso hablamos de prendas con memoria", explicó Barboza.
La puesta en escena estuvo acompañada por música electrónica fusionada con instrumentos de viento andinos, reforzando una estética que buscó dialogar entre tradición y contemporaneidad.
El desafío del diseño salteño
La organización contó con el asesoramiento de la diseñadora Patricia Vilte, creadora de la marca Flor Silvestre, distinguida con premios provinciales, nacionales e internacionales. Vilte relató que fue convocada para acompañar técnicamente un proyecto que las artesanas soñaban concretar desde hacía tiempo. "Cuando me comentaron que querían hacer un desfile pero no tenían experiencia, empezamos a trabajar juntas para darle forma. Fue un gran desafío porque, salvo cinco modelos que vinieron desde Salta para acompañar el evento, todas las demás eran chicas de la Quebrada que nunca habían desfilado", contó.
Durante las semanas previas realizaron ensayos donde aprendieron técnicas de pasarela, poses para las fotografías y formas de exhibir mejor las prendas. "Fueron venciendo sus miedos y su vergüenza. Se lucieron y lograron mostrar los productos de una manera muy linda", destacó.
Para la diseñadora, la pasarela también permitió que el trabajo artesanal encontrara nuevos compradores. "No es lo mismo ver un poncho colgado que verlo en movimiento, puesto sobre una persona. La gente pudo apreciar cómo calzan las prendas y varios visitantes terminaron comprándolas", explicó.
Vilte remarcó que muchas veces el precio de un tejido artesanal es cuestionado sin conocer el enorme trabajo que existe detrás. "Las artesanas hacen un trabajo excelente. Hay prendas tejidas en telar, en bastidor o a dos agujas, pero todo comienza mucho antes, desde la esquila de la lana. Después viene el lavado, el hilado, el teñido y recién entonces el tejido. Es un proceso larguísimo", describió. "Cuando uno entiende todo ese recorrido, se da cuenta de que esas prendas incluso deberían valer mucho más. Además representan tradición y cultura porque son conocimientos transmitidos de abuelas a madres y de madres a hijas", agregó. "Las prendas de lana natural perduran en el tiempo. No son parte del fast fashion. Son prendas atemporales, que conservan su calidad durante muchos años y nunca pasan de moda."
Durante el desfile presentó además algunas de sus creaciones confeccionadas con barracán —tejido tradicional en telar con lana de oveja— complementadas con botones de asta, hueso y madera, junto con vestidos de novia de inspiración artística que combinan vellón trabajado manualmente y detalles de alta costura.
Turismo, cultura y economía
Además de la pasarela, "Raíces de Altura" ofreció demostraciones de hilado de lana de oveja y llama, reconocimientos a las artesanas, una feria de productores, un patio gastronómico y la actuación del grupo Inti Suma. La propuesta dejó en evidencia que la moda también puede convertirse en una herramienta para fortalecer el turismo cultural y dinamizar las economías regionales. En Tastil, las prendas no solo abrigan: cuentan historias, hablan del territorio y conservan una memoria que sus comunidades buscan mantener viva.