Silencio en Balcarce 50: la estrategia de la Rosada ante el choque con Lula y lo que no se dice
¿Qué pasa cuando un presidente decide ignorar las reglas de la diplomacia? La Casa Rosada ya tomó partido y la jugada es más arriesgada de lo que parece.
El Gobierno argentino decidió no mover un dedo en el plano diplomático tras los dardos de Javier Milei contra Lula da Silva. “No vamos a responder”, repiten en la Casa Rosada, donde esperan que el ruido se apague solo.
El vocero Adrián Ravier fue el encargado de ratificar la postura: las diferencias con el brasileño son “ideológicas y políticas”, no diplomáticas. “Por lo menos del lado argentino, no es la intención”, soltó, dejando claro que no habrá nota de protesta ni gestión que frene el ritmo del Presidente.
¿Por qué Milei no afloja?
En el oficialismo lo explican con una frase: “Milei siendo Milei”. Admiten que el episodio tiene un “vuelto colateral”, pero creen que las consecuencias no pasarán el plano político-comunicacional. La relación comercial con Brasil, aseguran, seguirá siendo la de “dos pueblos hermanos”.
Mientras tanto, la agenda de Milei continúa intacta. Este mismo jueves participa de la asunción de Keiko Fujimori en Perú, donde además recibirá un Doctor Honoris Causa y soltará otro discurso de alto voltaje ideológico.
En Balcarce 50 descartan moderar el tono. La lectura interna es que la política exterior de Milei es parte de una jugada mayor: posicionarse como el referente de la derecha latinoamericana alineada con Estados Unidos. La campaña de Flavio Bolsonaro en Brasil, la presencia junto a Fujimori y la próxima visita a Colombia para la jura de Abelardo de la Espriella son fichas del mismo tablero.
La misma receta que en Davos y con Sánchez
En el Ejecutivo recuerdan los discursos en el Foro de Davos y los cruces con Pedro Sánchez como antecedentes de una estrategia que prioriza el impacto político antes que los códigos tradicionales. Por eso, creen que un retroceso ahora debilitaría el perfil que buscan construir.
Mientras Brasil evalúa sus próximos pasos —ya convocó a consultas a su embajador y recibió al representante argentino—, en la Rosada la instrucción es clara: no alimentar la escalada. La apuesta es que el costo diplomático es acotado frente al beneficio político que Milei cosecha entre los sectores conservadores de la región.