Sesenta años de datos que le dicen al productor misionero cuándo y cuánto va a llover
En Cerro Azul hay una estación que mide el clima desde hace 60 años y hoy es clave para los productores de Misiones. Lo que registró en los últimos meses anticipa un escenario que puede cambiar las cuentas del campo, y no es el que muchos esperaban.
La Estación Agrometeorológica de la EEA INTA Cerro Azul cumplió 60 años de actividad y se convirtió en una de las series climáticas más valiosas de Misiones. Desde septiembre de 1966 registra información siguiendo normas de la Organización Meteorológica Mundial, sin interrupciones.
“Un dato meteorológico aislado nos dice qué ocurrió un día determinado; una serie de 60 años nos permite saber si ese dato es normal, excepcional o incluso récord”, explica la Mgter. Silvia Albarracín, responsable del área de Agrometeorología de la EEA INTA Cerro Azul.
Esa continuidad permite estudiar sequías, excesos hídricos, heladas, olas de calor y la variabilidad en la distribución de las lluvias. También identificar hitos: en agosto de 1972, con un El Niño fuerte, Cerro Azul registró 449,3 milímetros de precipitación; en agosto de 2026, en cambio, el registro fue de 149,7 milímetros. El 2 de mayo de 2024 se midieron 247,5 milímetros, la mayor precipitación diaria de la serie 1967-2025.
“Ese tipo de afirmación solamente es posible porque hubo personas tomando, conservando y sistematizando los datos durante décadas”, señala Albarracín.
Qué dicen los números sobre El Niño
El análisis para Cerro Azul indica que la precipitación media de las campañas septiembre-agosto de los 59 años completos entre 1967 y 2025 fue de aproximadamente 2.003 milímetros. En campañas asociadas a El Niño los registros son superiores: 2.132,8 milímetros en 1991-1992; 3.022,6 en 1997-1998; y 2.562,6 en 2015-2016. El mayor valor anual de la serie se dio en 2014, con 3.034,6 milímetros.
Estos antecedentes no permiten anticipar exactamente cuánto lloverá, pero ayudan a comprender los escenarios posibles. “Para el productor no interesa solamente saber cuánto va a llover, sino cuándo, con qué intensidad, cómo está la reserva de agua del suelo y qué ocurrió en situaciones similares del pasado”, destaca la especialista.
Un período más húmedo puede favorecer la recuperación de las reservas de agua y reducir el riesgo de sequía, pero también generar saturación de los suelos, anegamientos, erosión hídrica, lavado de nutrientes, dificultades para el ingreso de maquinaria y mayores problemas sanitarios en los cultivos.
El episodio El Niño 2023-2024 es un antecedente local: las lluvias recuperaron arroyos, vertientes y reservas afectadas por los años secos anteriores, aunque abril y mayo de 2024 estuvieron marcados por precipitaciones muy superiores a lo habitual y eventos diarios de más de 100 milímetros, incluido el récord de 247,5 milímetros.
De las fajas de papel a los sensores
En seis décadas también cambiaron las herramientas. Cerro Azul sigue siendo una estación convencional, lo que conserva métodos estandarizados y la homogeneidad de la serie histórica. Hoy se registran temperatura del aire y del suelo, humedad, precipitación, viento, heliofanía y evaporación, además del balance hídrico.
Al principio, los observadores hacían las lecturas en horarios fijos, reemplazaban las fajas de los equipos registradores, anotaban los valores y calculaban a mano. Ahora esa tarea se complementa con sensores electrónicos, estaciones automáticas y sistemas digitales. La red de INTA integra estaciones convencionales, automáticas y auxiliares, y herramientas como SIGA centralizan y permiten descargar información actual e histórica.
“La meteorología cambió muchísimo en estos 60 años, pero más que decir que lo viejo fue reemplazado por lo nuevo, yo remarcaría que las nuevas tecnologías complementaron y potenciaron la observación tradicional”, sostiene Albarracín.
Las bases de datos permiten calcular evapotranspiración, balances hídricos, anomalías, índices de sequía como SPI, índices de extremos y tendencias estadísticas, además de comparar estaciones de toda la provincia.
Detrás de esos datos hay una historia de personas. Hugo Galeano instaló la estación convencional principal y luego continuaron José Olinuck, Marta Farinola, Antonio Cardozo y Lucas Morel. Desde hace dos años, Albarracín integra el equipo, junto a observadores de estaciones auxiliares y a productores, cooperativas y empresas que colaboran en el territorio.
Seis décadas después, la Estación Agrometeorológica de Cerro Azul sigue construyendo una memoria climática que transforma registros en información útil para la producción. En un contexto de creciente variabilidad climática, contar con datos sistematizados es una herramienta para anticiparse y planificar.