Se sentó en el simulador de un robot quirúrgico en Lima y volvió con una certeza sobre General Pico

Se sentó en los simuladores de cinco plataformas robóticas distintas y volvió con una certeza sobre lo que pasará en General Pico. El detalle que lo dejó pensando no fue el robot: fue lo que pasó con el instrumental.

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Se sentó en el simulador de un robot quirúrgico en Lima y volvió con una certeza sobre General Pico
Se sentó en el simulador de un robot quirúrgico en Lima y volvió con una certeza sobre General Pico

El urólogo piquense Pablo Dédola volvió del Congreso Americano de Urología en Lima con una convicción que no piensa guardarse: la cirugía robótica dejará de ser ciencia ficción en la ciudad. «Es inevitable que en breve tengamos un robot acá», dijo en diálogo con InfoPico Radio 99.9 al repasar el salto tecnológico que atraviesa su especialidad.

El encuentro, que se desarrolló en la capital peruana, puso sobre la mesa tres ejes: plataformas robóticas, instrumental cada vez más chico e inteligencia artificial metida de lleno en los equipos.

Cinco pisos, más de 600 inscriptos y disertantes de tres continentes

La dimensión del congreso lo sorprendió. Hubo más de 600 inscriptos de todo el continente americano y expositores llegados desde Grecia, Alemania y otros países europeos. «Eran cinco pisos de salones», graficó Dédola, que describió una agenda con actividades simultáneas y transmisión en vivo.

No era su primer viaje a Perú: antes había participado de un congreso de fertilidad y aprovechado para recorrer Cusco y Machu Picchu. Esta vez, el destino fue Lima.

Probar los robots con las propias manos

Lo que más entusiasmo le generó fue la chance de sentarse frente a cinco plataformas de cirugía robótica distintas, desde el célebre sistema Da Vinci hasta desarrollos de origen chino. Dédola probó los simuladores y contó cómo es la experiencia desde adentro.

«Vos te sentás en una especie de habitáculo, sumergís los ojos y tenés tres pinzas de un lado y tres del otro, manejadas con un joystick», relató. El movimiento de la mano se replica en el brazo robótico, el acercamiento produce un zoom sobre la zona a operar y los pedales permiten cambiar de instrumento: tijera, grasping o aspiración.

Entre las funciones que más le llamaron la atención enumeró la sensación de profundidad total y la adaptación casi inmediata del cirujano, los sistemas de fluorescencia para identificar el paso de vasos sanguíneos, las pantallas 4D que exigen anteojos especiales y la precisión milimétrica de las articulaciones del brazo.

«Al gran cirujano capaz le da casi lo mismo, pero a un cirujano normal la cirugía robótica lo nivela para arriba», sostuvo.

El problema del recambio: comprás hoy y mañana quedó viejo

El urólogo no esquivó la tensión que atraviesa a todo el sistema de salud: la velocidad con la que la tecnología deja de ser nueva. «Ya te comprás algo y ves lo que va a salir y quedás anticuado», admitió, y reconoció que equipos adquiridos apenas un año atrás ya tienen versiones superadoras.

La irrupción de la industria china, en ese marco, movió los precios hacia abajo. La comparación que eligió fue automotriz: «Si ves la plataforma de Da Vinci y ves la china, es como cuando ves un Audi y ves un auto chino. Pero si el chino vale mucho menos, lo pensás cinco veces».

Aun así, advirtió que se trata de inversiones de corto plazo, con una vida útil estimada en pocos años, y que el verdadero desafío es ver «si ese costo se puede adaptar a las realidades» de cada lugar.

De tres días de internación a dos horas en casa

Si tiene que elegir lo que más lo impactó, Dédola no duda: la miniaturización del instrumental. Los dispositivos endoscópicos pasaron de 10 a 6 French, y ese cambio se traduce directamente en la recuperación del paciente.

«Hoy, mano en el corazón, un paciente que se opera una piedra de dos centímetros en el riñón se va a la casa a las dos horas», aseguró. Cirugías que hace cinco o seis años implicaban dos o tres días de internación hoy se resuelven de forma ambulatoria.

A eso se suma la inteligencia artificial incorporada a los propios equipos. En el láser para litiasis, los nuevos dispositivos interrumpen el disparo de manera automática si detectan riesgo de quemar tejido sano, y tienen sensores de temperatura y presión en la punta del instrumento.

Inmunoterapia: seis pacientes que siguen de pie

En el terreno oncológico, Dédola destacó el avance de la inmunoterapia, que definió como «una especie de quimioterapia mucho menos tóxica y mucho menos invasiva», basada en estimular las defensas del propio organismo o en aplicar anticuerpos dirigidos exclusivamente contra la célula tumoral.

El impacto más fuerte en su especialidad se da en los cánceres de vejiga. Antes, cuando el tumor infiltraba el tejido muscular, había que extirpar el órgano, con el deterioro que eso implicaba para la calidad de vida. Hoy existen protocolos de preservación vesical con una expectativa de vida similar.

«Tengo seis pacientes que están vivitos y coleando hace más de cinco o seis años», contó sobre el trabajo conjunto con el equipo de oncología en General Pico.

También señaló que la radioterapia se volvió hiperselectiva: en un cáncer de próstata, por ejemplo, hoy se irradia únicamente el órgano afectado, sin las repercusiones sobre vejiga y recto que eran habituales en otras épocas.

Las materias pendientes: fertilidad y disfunción sexual

No todo es avance. Para el profesional, la fertilidad es un campo que «se ha quedado» en materia de innovación disruptiva. Reconoció los progresos de la fertilización in vitro, la inyección del espermatozoide dentro del óvulo y las incubadoras con inteligencia artificial para seleccionar embriones, pero remarcó la ausencia de un cambio verdaderamente revolucionario.

Algo parecido planteó sobre la disfunción sexual: «La salida del Viagra en el año 98 revolucionó todo, después apareció el tadalafil, pero para el paciente que no responde a los medicamentos hoy es una zona gris».

Frente a esos casos refractarios, en su consultorio aplican terapéuticas basadas en protocolos internacionales, entre ellas las ondas de choque sobre el cuerpo cavernoso para estimular la formación de nuevos vasos sanguíneos y las inyecciones de plasma rico en plaquetas. Ya lleva siete pacientes tratados con un esquema de seis sesiones.

Eso sí, pidió moderar las expectativas con una imagen que arrancó sonrisas en el estudio: «El paciente piensa que pasa de cero a cien en un segundo. Y no. Pasamos de un Fitito a un Renault 12, y del Renault 12 al Renault 9».

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