Se recibió, da clases y habla cinco idiomas: a los 35 años descubrió por qué siempre se sintió "raro"

Presentó su libro a sala llena y contó lo que casi nadie dice en voz alta: cómo se vive durante décadas sin saber que el cerebro funciona distinto. Hay un dato sobre cuántos argentinos están en esa situación que lo cambia todo.

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Se recibió, da clases y habla cinco idiomas: a los 35 años descubrió por qué siempre se sintió "raro"
Se recibió, da clases y habla cinco idiomas: a los 35 años descubrió por qué siempre se sintió "raro"

Agustín Barovero tenía 39 años cuando presentó "Raro" a sala llena en la Feria Internacional del Libro de Rosario, el libro donde cuenta qué significa recibir un diagnóstico de autismo en la vida adulta. Profesor en Letras, estudiante de teatro desde hace décadas y divulgador en redes, el autor expone con didactismo y humor cómo fue atravesar casi cuatro décadas sin saber que su cerebro funcionaba distinto al de la mayoría.

"Saber que soy autista me salvó", resume Agustín, que a los 35 años supo "quién era", como él mismo describe ese momento. Llegó al diagnóstico casi por casualidad, a través de una consulta con una psiquiatra especializada en adultos.

Antes de eso, vivía con la sensación de no "encajar en este mundo". Había escuchado mil veces que era "raro, distinto, inconmovible, distante, frío, pedante, desubicado, arrogante", etiquetas con las que no se identificaba. No entendía por qué los demás no se le parecían o por qué él era tan diferente al resto.

Dolor, soledad, desconcierto, bronca y baja autoestima fueron algunas de las huellas que le dejaron esos años sin respuestas. El diagnóstico, dice, lo alivió y lo liberó: le permitió entender que no era malo ni estaba "fallado".

"Lo que me pasaba no era una enfermedad que debía ser curada, que es lo que soy, y no es mi culpa", sostuvo.

Un auditorio que se llenó para entender

El domingo pasado, el auditorio de la Feria reunió a profesionales de la salud mental, familias de personas autistas, hombres y mujeres diagnosticados en la adolescencia o ya de grandes, y también a un público que no pertenece a ninguno de esos grupos pero quiso saber más sobre ese autismo "que no se nota por fuera, como supone la mayoría".

Ante la pregunta de por qué dice "soy autista" cuando muchos médicos, psicólogos y comunicadores insisten en que una persona "tiene autismo pero no es autista", Agustín responde: "Es que no tengo nada que haya que arreglar, soy esto".

El autor remarca que cada persona diagnosticada transita la vida de un modo particular, que existen rasgos que permiten identificar el autismo y que son pocos los profesionales capacitados para diagnosticarlo.

"Se calcula que hay más de un millón de autistas en la Argentina pero la mayoría no lo sabe y vive una vida difícil y a oscuras", advierte.

Barovero empezó a escribir y publicar información en redes porque, dice, "no puede ser que llegar a un diagnóstico sea una cuestión de suerte o del privilegio de tener acceso a la salud". Menciona que hay miles de personas "neurodivergentes" —quienes no están dentro de lo que se considera habitual en el modo de percibir el mundo— tratadas con fármacos y otras terapias por algo que no tienen o no son. Y que la mayoría de los autistas queda afuera de un sistema que no los entiende ni los incluye.

Son muchos, agrega, los que se sienten como se sentía él pero no se animan a consultar a un profesional. El entorno los señala y los critica, pero no los acompaña.

Las máscaras que hay que sacarse

Es habitual que las personas con autismo vivan imitando lo que significa ser "normal" o "neurotípico" para poder pertenecer: en la escuela, en el trabajo, para tener amigos o pareja, para ser aceptados. La sobrecarga que implica ese esfuerzo cotidiano para disimular lo que son es enorme y, por sí sola, genera desregulaciones emocionales que pueden terminar en un "estallido" que los demás no comprenden y que a ellos los hace sufrir.

"No soy ejemplo de nada ni quiero serlo, hablo de esto porque es necesario, es urgente", enfatiza. Y comenta que muchos se preguntan, cuando lo conocen, cómo un autista puede terminar una carrera, tener un trabajo o sostener una relación amorosa, cuando hay tantos que no hablan ni pueden expresarse, "cuando el estereotipo del autismo es un ser humano que hace ruidos extraños, se balancea todo el tiempo y no hace contacto con el mundo".

El espectro es amplio y complejo. No hay un solo modo de convivir con esta forma de ser y estar en la vida. Por eso se necesitan especialistas que conozcan profundamente la temática para encontrar respuestas y un modo más amable de transitar el día a día.

"Por eso hay que ponerle palabras, difundir, contar, es lo que creo", dice.

Autismo: algunas señales

La mayoría de las personas autistas llega a la vida adulta sin saberlo, y sin que lo sepan sus seres queridos, sus compañeros de trabajo ni las personas con las que tienen que interactuar. Conectar con otros puede resultar sumamente difícil y agotador.

"En cada conflicto media siempre mi cabeza, idealizo situaciones que no puedo vivir, me cuesta improvisar, endurezco mis gestos en situaciones de estrés pero no me doy cuenta, hago caras extrañas para la mayoría, no entiendo los chistes o digo cosas que nadie comprende, no puedo ir a fondo con lo emocional, no me interesa lo que le interesa a casi todos, me gustan en general otras cosas y puedo obsesionarme con algunas", relata Agustín sobre lo que le sucede como consecuencia de la forma en que su cerebro procesa las emociones y los datos.

Después de la presentación llegaron las preguntas. Una docente contó que detecta alumnos con autismo o con TDAH —condición muchas veces asociada— pero que cuando lo plantea a los padres no es escuchada: "¿Cómo hago Agustín, si los papás lo niegan?". Una profesional de la salud lo felicitó por la valentía de hablar de algo que todavía es tabú. Un hombre de 53 años le dijo que compró el libro apenas salió porque a él lo diagnosticaron hace dos años y también le cambió la vida.

El autor comenta que, aunque le significa un trabajo extra, se siente bien de poder contribuir a visibilizar el autismo. Todos los días recibe mensajes en su cuenta de Instagram (@agustinbaroverodeluca) de gente que le pregunta dónde hacerse el diagnóstico, cómo decirle a alguien querido que cree que es autista, cómo tramitar el CUD o dónde ir si uno no tiene obra social.

Agustín deja una reflexión más: "Me encantaría que Raro un día sea obsoleto, que ser autista deje de ser un problema. Pero como no sé todavía cómo cambiar eso, empecemos por hablar".

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