Se quedó sin su mamá y armó una casa adentro de un Corsa: el inesperado motivo que lo hizo dudar
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Se quedó sin su mamá y armó una casa adentro de un Corsa: el inesperado motivo que lo hizo dudar

Tenía todo listo para seguir viajando en el Corsa que él mismo convirtió en su casa, pero un cambio inesperado le jugó una mala pasada: lo que menos imaginaba era que iba a extrañar su viejo vehículo.

Walter Fernando Asmus tiene 57 años, nació en Empalme Villa Constitución, Santa Fe, y vive en Neuquén capital desde 2017. Después de acompañar a su mamá durante una enfermedad y despedirla en agosto de 2023, tomó una decisión que le cambió la vida: transformó su Chevrolet Corsa en una vivienda rodante y salió a recorrer el país.

La idea no nació de un manual de viajes ni de un tutorial de internet. Su mamá amaba recorrer lugares y él sintió que esa pasión le quedó como herencia. “Salir y no quedarse”, resume esa necesidad que heredó de ella.

Al principio creyó que necesitaba un motorhome o una camioneta para vivir en la ruta. Todo cambió cuando conoció a una persona que ya viajaba en su auto. Ahí se dijo: “Yo tengo que vivir en el Corsa, tiene que ser mi casa”. Dicho y hecho: empezó a tomar medidas, fabricar muebles y adaptar el interior. Así nació “Corsa Home”.

Cómo se armó la casa rodante

Para convertir el auto en un espacio donde pudiera dormir y cocinar, Walter sacó los asientos traseros y construyó una estructura de madera que se extendía hasta formar una cama de aproximadamente 1,80 metros. Debajo guardaba ropa, frazadas, alimentos y hasta un baño seco.

También colocó polarizados y oscurecedores en las ventanas, sumó luces en el baúl y una mesada que podía usar tanto adentro como afuera del vehículo. Con el tiempo fue agregando elementos según sus necesidades, pero aprendió una regla que no negocia: “Menos es más”.

Su primer viaje fue a las termas de Carhué, en la provincia de Buenos Aires. Durante ese recorrido sintió que había encontrado algo que realmente lo llenaba. “Esto es lo que a mí me gusta, lo que a mí me llena”, recuerda que pensó.

La rutina de un viajero que trabaja

Walter trabaja de lunes a viernes, así que suele salir los fines de semana y feriados. Generalmente prepara el auto los jueves y se lanza a la ruta los viernes, apenas termina su jornada laboral, alrededor de las 14. Cuando puede, suma días de vacaciones para estirar las escapadas.

Su objetivo es dedicarle cada vez más tiempo a viajar. La enfermedad y la posterior muerte de su mamá, que todavía tenía muchos sueños y lugares por conocer, lo llevaron a replantearse sus prioridades. “¿Para qué esperar si ahora uno puede hacerlo?”, reflexionó. Y resumió en una frase la idea que hoy lo impulsa: “La vida pasa”.

Un guiso en medio de las montañas y una noche con susto

En 2024 logró tomarse una semana y viajó por San Luis. Conoció La Punta, Potrero de los Funes y recorrió el camino entre Nogolí y El Trapiche. En una curva encontró un paisaje que lo sorprendió, frenó el auto y decidió almorzar ahí. El menú fue sencillo: un “tremendo guiso” en medio de las montañas.

Pero vivir dentro de un auto tan chico también exige adaptarse. Walter reconoce que no se puede pretender tener las comodidades de un motorhome, un colectivo o una camioneta y que muchas veces tiene que “hacer malabares”.

También aprendió a tomar recaudos a la hora de elegir dónde pasar la noche. Cuando llega a un lugar que no conoce, suele consultar con vecinos, cuidadores o policías para saber dónde puede quedarse sin correr riesgos.

Eso no siempre evita los imprevistos. Durante un viaje a Valcheta, Río Negro, buscaba un lugar seguro para dormir cuando encontró un camping. Aunque un cartel prohibía el ingreso de vehículos, decidió consultar con el cuidador si podía pasar la noche fuera del predio. Para su sorpresa, el cuidador le permitió entrar y quedarse ahí.

Pero a las dos de la madrugada, unos policías golpearon la puerta del auto y lo despertaron para preguntarle qué hacía en el lugar. Walter, que se llevó un gran susto, les explicó que tenía autorización del cuidador y la situación no pasó a mayores.

Con el tiempo incorporó una carpa sobre el techo del auto, lo que marcó una nueva transformación. Así, el Corsa pasó a tener una “planta alta”, donde estaba el dormitorio, y una “planta baja”, que funcionaba como cocina-comedor.

De las redes a la ruta: cuando la historia inspira a otros

Sus viajes también comenzaron a llamar la atención en las redes sociales. En una oportunidad, un matrimonio se le acercó para contarle que sus publicaciones los habían motivado a pensar en comprar un motorhome. En otra situación, un joven quiso verlo preparar su auto porque no podía creer que alguien pudiera dormir en un vehículo tan chico. Para Walter, esos encuentros le demostraron que su experiencia también podía animar a otros a viajar.

La Fiorino y la nostalgia del Corsa

Hace unos meses, Walter compró una Fiat Fiorino, la adaptó y empezó a usarla para viajar con mayor comodidad. Pero el cambio le generó una sensación inesperada: extraña el Corsa con el que empezó todo.

Aunque “La Fiori”, como él la llama, le ofrece más espacio, admite que le cuesta dejar atrás el auto que lo acompañó durante sus primeros viajes. Incluso pensó en cambiar el nombre de sus redes sociales, pero finalmente decidió mantenerlo. “Corsa Home no es un auto, sino que es mi estilo de vida y lo que me representa a mí”, explicó.

Hoy, para Walter, viajar es una forma de desconectarse del trabajo y disfrutar de pequeños momentos. Por ahora sigue trabajando y aprovecha cada oportunidad para salir a la ruta, aunque sueña con dedicarle cada vez más tiempo a recorrer el país. “Ese es mi deseo, cerrar algunas cosas que tengo que cerrar y no esperar, porque la vida pasa”, aseguró.

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