Se puso implantes tras tener tres hijos, empezó a sentirse mal y lo que halló adentro la dejó sin palabras
Nueve años con implantes, tres hijos y una cirugía que le cambió la vida: adentro, los médicos encontraron algo que nadie esperaba. Carito hoy repite una frase que lo dice todo.
Carito Portela recuerda el momento en que despertó de la cirugía y pudo respirar distinto. La intervención no solo le sacó las prótesis que llevaba nueve años: también reveló algo que nadie le había anticipado.
La historia de Carito, como se hace llamar en redes, arranca en Floresta, en la Ciudad de Buenos Aires. Creció en una familia de seis hermanos y pasó su adolescencia entre el barrio, la música y los amigos. Estudió piano, música clásica y batería, y hasta tuvo una banda.
"Soy masajista desde que tengo 11 años. Es un don. Toda la vida me gustó hacer masajes", contó a TN. A los 20 años se puso en pareja con quien sería el padre de sus hijos y se mudó a Mar del Plata. Allí fue mamá por primera vez en 1999. Después llegaron otros dos. Los amamantó a los tres y, tras los embarazos, empezó a mirar su cuerpo de otra manera.
"Siempre fui una chica medio insegura con mi cuerpo. Más que nada lo que te implanta la sociedad, que la mujer tiene que estar así como perfecta, que la cola, que las tetas", reconoció.
Después de alimentar a sus hijos sentía que sus mamas habían quedado "muy caídas" y "medio desinfladas". La vergüenza llegó al punto de que le costaba sacarse el corpiño y verse a sí misma. Por entonces, hacía alrededor de nueve años, varias amigas habían comenzado a operarse. Ella también empezó a averiguar. "Te vas contagiando", recordó. Finalmente tomó la decisión de colocarse implantes.
Al principio, dijo, se sintió más segura. Aunque la cantidad que se había colocado le resultaba incómoda, también sentía que algo había cambiado en la manera en que se veía.
Durante los años siguientes, su vida tomó varios caminos. Se separó del padre de sus hijos y regresó a Buenos Aires con los tres chicos. Tuvo que criarlos prácticamente sola y salió a trabajar como ejecutiva de ventas. "Fui mamá y papá, no tuve ayuda de nadie", recordó.
Con el tiempo, sus hijos crecieron y ella decidió apostar por algo propio. Volvió a los masajes y se volcó a la elaboración de productos a base de plantas medicinales. Hizo un curso de fitoterapia, empezó a preparar aceites y otros productos y fue incorporando ese universo a sus masajes. También desarrolló su propia mirada sobre el bienestar: dejó de lado los masajes deportivos, que eran más exigentes físicamente, y se enfocó en una práctica más holística.
Con ese cambio también comenzó a relacionarse de otra manera con su propio cuerpo. Pasaba más tiempo en su casa, meditaba, escribía, entrenaba y se interesaba cada vez más por una vida que define como natural. Y en ese proceso apareció una pregunta que no había tenido cuando decidió ponerse los implantes.
"Mi cuerpo solo empezó a rechazarlas"
Carito empezó a conocer las historias de otras mujeres que habían decidido retirarse las prótesis por distintos problemas de salud. Se metió en grupos, escuchó testimonios y comenzó a investigar. Entonces advirtió algo que la inquietó: algunos de los síntomas que esas mujeres contaban se parecían a los que ella venía atravesando.
"Empecé a sentir problemas para respirar, fatiga, dolores de cabeza, dificultades para descansar", enumeró. También le costaba entrenar y sentía cada vez más cansancio. Fue entonces cuando empezó a investigar sobre el llamado síndrome de ASIA y encontró relatos de mujeres que habían atravesado procesos similares. "Dije: 'Wow, hay un montón de estos síntomas que yo los estoy padeciendo'", contó.
Pero había un problema concreto. No tenía el dinero necesario para hacerlo. La cirugía costaba casi lo mismo que había pagado para colocárselos y durante un año intentó conseguir un turno en un hospital público sin éxito. Hasta que una amiga le recomendó a una médica que se dedicaba exclusivamente a realizar explantaciones.
Carito fue a verla y le contó su situación. "Creo que en ese momento tenía 400 dólares ahorrados. 'Voy a hacer una rifa, a hacer sorteos y cosas en mi Instagram'", le dijo. Y su comunidad respondió.
Emprendedores comenzaron a ofrecer productos para los premios. Carito armó una rifa, vendió números, siguió trabajando con sus masajes y también con sus productos. Durante tres meses juntó el dinero que necesitaba.
"Ahorré casi cuatro mil dólares para hacerme la explantación", rememoró. Para ella, lo que ocurrió fue "un milagro". La operación finalmente se hizo el 15 de julio de 2025 y la cirujana no solo retiró las prótesis sino que también encontró algo que hasta ese momento Carito desconocía: estaban dadas vuelta.
No pudo saber con certeza cuándo se habían girado ni si habían sido colocadas de esa manera, pero el hallazgo terminó de darle una explicación a una incomodidad que había sentido durante mucho tiempo. Después de retirarlas, además, fue necesario reconstruir la zona. "Con todo eso que me quedó ahí, que me sobraba, lo cortaron y me reconstruyeron la mama", relató.
"Sentí una liberación hermosa porque podía respirar. Era impresionante cómo me comprimía el pecho y no me dejaba respirar", aseguró. Entonces tomó aire y dijo una frase que hoy repite al contar su historia: "Qué hermoso, ahora soy libre".
A un año de aquella operación, Carito sigue hablando de lo que le pasó en sus redes. No lo hace solamente para contar una experiencia personal. Busca que otras mujeres que atraviesan dudas sobre sus cuerpos tengan acceso a información que ella, según cuenta, no tuvo cuando tomó aquella primera decisión.
"En ese momento yo no tenía información", sostuvo. Y reconoce que aquella inseguridad que sentía después de ser mamá de tres hijos influyó en su elección. "Sé que muchas sufrimos problemas de autoestima, lo cual yo lo tuve mucho tiempo hasta que empecé a aceptarme", agregó.
Hoy Carito se deja las canas, apuesta cada vez más por una vida natural y continúa trabajando como masajista y elaborando sus propios productos. También sigue contando su historia porque, según asegura, muchas mujeres comenzaron a contactarla después de verla en redes. "Es un poquito de mirar para adentro. Tenemos que cuidar la salud antes que la estética", completó.