Se internaron en la selva misionera y lo que encontraron puede cambiar el futuro de una especie

¿Qué pasó con la yacutinga después de 33 años? Un equipo de científicos se adentró en la selva misionera para repetir un censo histórico y los resultados podrían cambiar las estrategias de conservación.

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Se internaron en la selva misionera y lo que encontraron puede cambiar el futuro de una especie
Se internaron en la selva misionera y lo que encontraron puede cambiar el futuro de una especie

Un grupo de científicos y estudiantes repite un censo de yacutingas realizado hace 33 años para saber si la especie resiste o está al borde del colapso.

La expedición recorre en kayak los arroyos más inaccesibles de San Pedro, Misiones, enfrentando frío, lluvia y correderas para obtener datos clave sobre el ave emblemática del Bosque Atlántico.

¿Qué buscan en la selva?

El biólogo Martjan Lammertink, del Instituto de Biología Subtropical (Conicet), lidera el equipo junto a los estudiantes de guardaparques Naré Berduc y Hugo González, y el estudiante de Biología Kenneth Roberts, que viajó desde Tierra del Fuego. El objetivo es repetir exactamente el relevamiento de 1993 para comparar si las poblaciones de yacutinga crecieron, se mantuvieron o disminuyeron.

“Hace muchos años estoy trabajando en la zona de aves amenazadas, principalmente el carpintero cara canela, pero otra especie amenazada de interés es la yacutinga. Hoy estamos haciendo conteos para comparar con otro relevamiento que se hizo hace 33 años y queremos ver si las poblaciones están estables, incrementando o disminuyendo”, explicó Lammertink.

La elección de esta ave responde a la escasa información disponible. “Se eligió la yacutinga principalmente por la poca cantidad de publicaciones científicas y la poca información que hay sobre esta especie. En Argentina y particularmente en Misiones resulta aún más importante generar estos datos”, agregó.

Una metodología que no cambió en tres décadas

Los investigadores recorren los mismos tramos de arroyos, en las mismas semanas del año y con la misma técnica que en 1993. El recorrido incluye bajadas al Piray Miní, Piray Guazú —fuera de áreas protegidas— y el arroyo Uruzú dentro del Parque Urugua-í, donde pasaron seis días.

“Tenemos una situación única porque existe un informe muy preciso del año 1993. Al repetir exactamente los mismos recorridos y en la misma época podemos tener una comparación muy buena sobre cómo evolucionaron las poblaciones”, destacó el biólogo.

Cada día avanzan entre doce y trece kilómetros realizando escuchas, observaciones directas y registros de cualquier evidencia. Hugo González detalló: “Realizamos escuchas, relevamientos visuales y, si llegamos a encontrar ejemplares sin vida, hacemos extracción de pruebas químicas. Al proteger estas especies también estamos protegiendo los ecosistemas”.

Entre correderas, frío y selva cerrada

La travesía no es un paseo. El equipo acampa en plena selva, navega por arroyos con correderas, árboles caídos y tramos donde deben cargar los kayaks a cuestas. “Uno puede pensar que recorrer doce kilómetros por día no es mucho, pero en kayak, dentro del monte, con la cantidad de correderas, las inclemencias climáticas y todos los desafíos que aparecen en el camino, se hace largo. Es muy importante dormir seco para no resfriarse y tratar de no perecer en el intento”, relató el futuro biólogo.

Las primeras jornadas en el arroyo Uruzú fueron especialmente duras: frío, lluvia y humedad. “Los primeros días fueron de mucho frío y mucha lluvia. Se nos mojaban las cosas, no podíamos hacer fuego y dormir mojados, sin fuego y sin una buena comida es difícil. Después nos fuimos acomodando y también el tiempo mejoró”, recordó el grupo.

Los riesgos son constantes: “Hay muchas correderas, árboles cruzados que tenemos que levantar entre varias personas, piedras filosas, riesgo de romper un kayak o lastimarse. Por eso hacemos todo despacio, con mucha planificación y siempre en grupo”, explicó Lammertink.

La amenaza de la caza furtiva

Aunque la pérdida de hábitat afecta a la especie, los investigadores coinciden en que la caza furtiva sigue siendo el mayor peligro. “Las principales amenazas son la pérdida de hábitat y la caza furtiva para consumo. La yacutinga está muy ligada a los arroyos y el desmonte también contribuye a su declive”, señaló Berduc.

Lammertink recordó que en relevamientos anteriores encontraron numerosos campamentos de cazadores. “En la bajada del Urugua-í encontraron muchos campamentos de caza furtiva. Más de la mitad del recorrido tenía evidencias de cazadores. Como es un ave grande, históricamente fue una especie muy cazada en Misiones”, lamentó.

Formación en el territorio

El proyecto también es una experiencia formativa para los estudiantes. Kenneth Roberts, de Tierra del Fuego, aseguró: “Vengo de un lugar totalmente distinto. Allá los problemas son el frío, el viento y las grandes distancias. Acá los desafíos son otros: la selva, el monte y trabajar acampando y en kayak. Es una gran experiencia que suma muchísimo a mi formación”.

Hugo González consideró que la experiencia será determinante para su futuro: “Es una excelente oportunidad para sumar conocimientos y aportar información que el día de mañana puede ser relevante para proteger estas especies”.

Primeros resultados alentadores

Los primeros relevamientos dentro del Parque Urugua-í muestran números similares a 1993. “En las dos primeras bajadas los números son bastante similares a los registrados en 1993. Ahora resta conocer qué sucede en sectores que están fuera de las áreas protegidas, donde seguramente obtendremos información muy importante para comprender el estado real de conservación de la especie”, adelantó Lammertink.

Cada kilómetro recorrido, cada campamento improvisado y cada yacutinga observada representan un paso fundamental para garantizar la supervivencia de una de las aves más emblemáticas del Bosque Atlántico.

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