Se internaban en el monte a buscar miel y casi nadie conoce lo que hacían para sobrevivir
Una coraza de cuero, protección para la cabeza y días internados en el monte sin agua a la vista: así se movían los meleros santiagueños, una figura que una historiadora reconstruyó documento por documento. Esta tarde lo cuenta en la UNSE.
Esta tarde, a las 19, la Universidad Nacional de Santiago del Estero abrirá sus puertas a una conferencia que promete rescatar del olvido a una figura clave del monte santiagueño: los meleros, esos hombres que se internaban en grupos tras la miel silvestre y que aparecen una y otra vez en documentos de distintos siglos.
La charla se titula “Los meleros santiagueños. Una historia de larga duración” y estará a cargo de Judith Farberman, historiadora e investigadora de reconocida trayectoria. La presentación será de José Vezzosi y Joaquín Abuchacra.
La propuesta fue declarada de interés académico por el Consejo Directivo, es abierta a la comunidad y contempla la entrega de certificados. La organizan el Equipo de Investigación Cultura, Sociedad y Poder, la Licenciatura en Historia y el Instituto de Estudios para el Desarrollo Social (INDES).
Una investigación sin expediente propio
Farberman contó que su interés por estos actores nació mientras investigaba la historia colonial. Según explicó, la recolección fue una actividad central para las familias indígenas y campesinas de Santiago del Estero desde tiempos muy tempranos. Incluso antes de la llegada de los españoles, la subsistencia de esas poblaciones se apoyaba en un esquema que incluía los recursos del monte.
El desafío es que no existe un archivo dedicado exclusivamente a los meleros. Para reconstruir su historia, la investigadora debió rastrear huellas dispersas en materiales muy diversos: procesos criminales, descripciones de expediciones al Chaco, documentos jesuíticos, informes económicos, textos folclóricos y la Encuesta Nacional de Folklore de 1921.
“No es que te vas a encontrar un expediente sobre meleros”, explicó Farberman sobre un trabajo que obliga a reunir indicios sueltos en documentos producidos con fines completamente distintos. El resultado permite ver cómo estos actores persistieron y se transformaron con el paso del tiempo.
El núcleo de la investigación se concentra en el período colonial, donde la historiadora encontró mayor cantidad de información sobre los meleros “de carne y hueso”. Pero el recorrido llega hasta fuentes del siglo XX, cuando la figura empieza a asociarse predominantemente con el criollo santiagueño. En los documentos coloniales, en cambio, también aparecen indígenas de distintos pueblos, entre ellos grupos especializados en recolectar y comercializar miel.
Un saber que valía la vida
Las expediciones no eran para cualquiera. Los meleros debían saber localizar la miel, seguir el vuelo de las abejas y reconocer sus sonidos. También orientarse en territorios alejados de los cursos de agua y conocer los “pozos” donde se acumulaba el agua de lluvia.
Farberman destacó que se trataba de hombres con un profundo conocimiento del territorio: conocían los caminos, los lugares donde asentarse y las precauciones necesarias para internarse durante varios días en zonas donde la falta de agua podía convertirse en un riesgo para la supervivencia.
A eso se sumaban otros peligros. Los caballos usados en las expediciones podían ser objeto de disputa y existen registros de meleros atacados durante sus incursiones. Para protegerse de la vegetación espinosa del monte utilizaban elementos particulares, entre ellos una especie de coraza de cuero y protección para la cabeza.
La miel recolectada era silvestre y provenía principalmente de pequeñas abejas nativas —meliponas— y de avispas mielíferas como las lechiguanas. Durante la época colonial, buena parte de esa miel se destinaba al autoconsumo, mientras que la cera tenía valor comercial, sobre todo por su uso para iluminación y en las prácticas religiosas.
La conferencia permitirá acercarse a la historia provincial desde actores que pocas veces ocupan el centro de los relatos tradicionales. A través de los meleros se pueden observar prácticas económicas, conocimientos sobre el ambiente, relaciones sociales y transformaciones que atravesaron durante siglos a las poblaciones indígenas y campesinas de Santiago del Estero.
Farberman aclaró que se trata de una investigación reciente y todavía en desarrollo, que espera profundizar y convertir más adelante en una publicación.