Se incendió el comedor Tía Isabel en Centenario y ella pide ayuda para que 245 familias no se queden sin comer
El fuego arrasó con el comedor Tía Isabel de Centenario y dejó a más de 245 familias sin sus viandas diarias. Isabel lo perdió casi todo, pero ya avisó cuál es su única prioridad ahora.
El fuego destruyó durante la madrugada el comedor Tía Isabel, un espacio que durante cuatro décadas asistió a cientos de familias de Centenario. Isabel, su responsable, perdió casi todo, pero su primera preocupación no es lo material: teme que las familias que dependían de las viandas se queden sin su plato de comida.
El incendio arrasó con el lugar que Isabel y su familia sostenían desde hacía 40 años. Se quemaron alimentos, ropa, útiles escolares y la mercadería que habían reunido para los próximos meses. Los Bomberos de la Policía trabajan para determinar cómo comenzó el fuego. No hubo personas heridas, pero las pérdidas materiales fueron totales.
Su hija fue quien advirtió que la casa se estaba incendiando. Su marido dormía y habían llevado a su nieto al dormitorio. Entre el humo, lograron salir y llamar a los bomberos. "Vinieron enseguida, pero no quedó nada, nada quedó", contó Isabel con la voz quebrada a Canal 7 Noticias.
En el interior había alimentos donados y otros comprados por la propia familia. Era mercadería destinada a sostener la asistencia durante unos cuatro meses. "Esa mercadería iba a durar para cuatro meses. Se quemó todo", relató. Allí había insumos para preparar las viandas y productos para los bolsones que se entregaban a adultos mayores y a familias que no podían acercarse a retirar la comida.
Una preocupación que no es la propia
Cuando Isabel habla de lo ocurrido, no se detiene en las pérdidas de su familia. Piensa en cada persona que a diario se acerca al comedor. "Hoy no pienso en mí, pienso en todas esas familias que no van a tener su platito de comida", dice.
Y agrega: "Cómo van a estar los chicos que vienen a buscar su viandita, quién los va a asistir, con un par de zapatillas, con un cuaderno, por cualquier cosa".
Más de 245 familias dependían del comedor
El comedor asistía habitualmente a más de 245 familias de Centenario y sectores cercanos. De lunes a viernes se preparaban 188 viandas diarias. Por la noche también se entregaba comida a trabajadores que salían de sus empleos y a estudiantes que terminaban sus clases en la facultad. La ayuda llegaba además a Vista Alegre Norte, Planicie Banderita, Terraplén, Rincón Redondo y otros parajes.
No era solo comida: también se repartían bolsones de alimentos, ropa y útiles escolares, todo lo que llegaba como donación. "Todo el que necesite un alimento se le da el alimento, se le entregaba ropa, se le entregaban los útiles, todo lo que llegaba se entregó, nunca quedó nada en el comedor", explicó Isabel.
La mercadería que se quemó era, justamente, parte de lo que habían logrado reunir para continuar con esa tarea. Isabel contó que en los últimos años había aumentado la cantidad de personas que necesitaban asistencia: familias con dificultades económicas, adultos mayores, chicos con problemas de alimentación y personas en situaciones habitacionales muy complejas. "Lo que teníamos le dábamos, aunque nosotros nos quedáramos sin comer", afirmó.
Ahora, después del incendio, sabe que la situación será todavía más complicada. Pero su preocupación sigue siendo la misma: conseguir alimentos para quienes dependían del comedor.
Cómo colaborar
La reconstrucción será larga y necesitará de muchas manos. La urgencia inmediata es recuperar alimentos para que las familias que dependían de las viandas y los bolsones vuelvan a recibir asistencia.
Quienes quieran colaborar pueden comunicarse al 2994237028. Se necesita ayuda para recuperar alimentos, ropa, útiles, mercadería y todo aquello que permita volver a poner en funcionamiento el comedor.
Hace 40 años, Isabel comenzó esta tarea después de hacerle una promesa a la Virgen de Urcupiña por la salud de uno de sus hijos. Este jueves, entre las ruinas, esa imagen fue prácticamente lo único que quedó intacto.
Ahora Isabel necesita volver a empezar. Mientras intenta encontrar fuerzas, sigue pensando en lo mismo: en los chicos que van a llegar buscando su vianda, en los adultos mayores que necesitan un bolsón y en las familias que esperan una ayuda que, de un día para otro, dejó de existir. "Hoy no pienso en mí", repite. Y por eso pide ayuda: no solo para reconstruir el comedor, sino para que las familias que dependían de él vuelvan a tener un plato de comida.