Se fue a dormir con escalofríos y al despertar su vida cambió para siempre: el misterioso mal que la dejó sin sentir las piernas
¿Qué puede pasar cuando una simple fiebre se convierte en algo mucho más grave? La historia de una mujer que se despertó sin sentir sus piernas revela un diagnóstico que nadie esperaba.
Una mujer de 36 años se despertó sin poder sentir sus piernas tras una noche con escalofríos, en un caso médico que transformó su existencia de manera radical y la llevó a vivir en un hogar para personas mayores.
Erica Mays, originaria de Estados Unidos, reveló cómo su vida dio un giro inesperado en cuestión de horas. En los días previos a la parálisis, se encontraba muy enferma, con fiebre y casi sin poder caminar. A pesar de su estado, se obligó a recorrer casi tres kilómetros, sintiendo un leve alivio tras ese esfuerzo.
Sin embargo, nunca imaginó lo que le esperaba a la mañana siguiente. “No sentía las piernas, aunque pensé que quizás se me habían dormido”, relató. Incluso le pidió a un amigo que la ayudara a meterse en una bañera con agua caliente y fría, pero nada cambió.
A partir de ese momento acudió a un médico urgente. Lo que en un principio parecía una fiebre más, terminó en una condición mucho más grave de lo que había pensado.
¿Qué le diagnosticaron los médicos?
Finalmente, los médicos le diagnosticaron una lesión medular a nivel T6. Esto ocurrió luego de que una bacteria se extendiera hasta la columna vertebral y le provocara un absceso.
Actualmente vive en un hogar para personas mayores, una realidad que aseguró nunca haber imaginado. “A mis 36 años, estoy rodeada de gente mucho más grande que yo. Soy una de las más jóvenes aquí, y la gente no espera ver a alguien de mi edad en un lugar así”, explicó.
¿Cómo era su vida antes de la enfermedad?
Antes de la enfermedad, su vida era completamente distinta. “Siempre estaba en movimiento. Practicaba longboard, surf, jugaba al fútbol y me encantaba bailar”, dijo. Sin embargo, tras la parálisis y sin ahorros ni una vivienda estable, su situación se volvió crítica. “No tenía a dónde ir. Este era el único lugar seguro para mí”, aseguró.
Poco a poco recupera fuerza e independencia: volvió a sentarse sola, a levantarse, a dejar los pañales e incluso comenzó a recuperar sensibilidad en uno de sus pies.
“Mi silla de ruedas son ahora mis piernas. Tengo que luchar contra mi cuerpo todos los días. Es un trabajo de 24 horas, los siete días de la semana”, sentenció.