Se crearon 265.000 empleos en un año, pero casi ninguno paga aportes: el dato que complica al Gobierno
El último informe del EDIL (IIEP-UBA-CONICET) revela que en el último año se sumaron 265.000 ocupados, pero el empleo informal creció mucho más y el formal cayó. Los números que explican por qué tener trabajo ya no alcanza para salir de la pobreza.
El último informe del EDIL (IIEP-UBA-CONICET) reveló que en el último año se sumaron 265.000 ocupados en Argentina, pero el empleo informal creció en 348.000 personas. La diferencia marca un fenómeno que preocupa: el empleo formal se redujo. Desde fines de 2023 se perdieron alrededor de 250.000 puestos asalariados registrados, según los registros administrativos.
El aumento de la informalidad entre el segundo trimestre de este año e igual período de 2025 se concentró con fuerza entre los trabajadores independientes. De esos 348.000 nuevos informales, apenas mil fueron asalariados sin aportes. Los otros 347.000 fueron autónomos: 316.000 cuentapropistas y 31.000 patrones.
Quiénes quedan fuera del sistema
La tasa de informalidad general llegó al 45%, dos puntos porcentuales más que un año antes. Entre los asalariados fue de 37,9%, apenas 0,2 puntos más. Pero entre los cuentapropistas pasó de 62,4% a 65,8%, y entre los patrones de 21,6% a 26,2%. El aumento de los cuentapropistas informales explica por sí solo el 91% de la suba total.
El informe también permite trazar un perfil de quiénes acceden a empleos sin registrar. Los jóvenes de 16 a 24 años registran una tasa de casi 69%, casi 25 puntos por encima del promedio. Quienes no terminaron el secundario (67%) tienen una probabilidad cuatro veces mayor de ser informales que los universitarios (17%). En empresas de hasta cinco personas la tasa llega a 68% y se concentra más de tres cuartas partes de toda la informalidad. Las mujeres experimentan una tasa 3,1 puntos más elevada que los hombres.
Por sector, el servicio doméstico (77,4%) y la construcción (76,2%) encabezan la incidencia. Sin el servicio doméstico, la informalidad femenina bajaría de 46% a 41%; sin la construcción, la masculina pasaría de 43% a 37%. El comercio es el que más trabajadores informales reúne en términos absolutos, con una incidencia del 57% y un cuarto del empleo total.
La geografía de la informalidad
En Cuyo, el Nordeste y el Noroeste la informalidad supera el 50%, y Gran San Juan encabeza el listado con 61%. En la Patagonia la tasa es de 27%, y en Ushuaia-Río Grande llega a 18%. Pero hay movimientos bruscos: Posadas pasó de 43,4% a 53,4% en un año, un salto de 10 puntos.
Las consecuencias se miden en el bolsillo. Un asalariado informal gana, en promedio, un 34% menos que uno formal con las mismas características: si el formal cobra $100.000, el informal cobra $66.000. Entre el 20% de asalariados que menos gana, 8 de cada 10 trabajan sin estar registrados. Más de uno de cada tres trabajadores informales (35%) vive en un hogar pobre, contra 10% entre los formales. Tener un empleo no es, en Argentina, un reaseguro contra la pobreza.
En la comparación regional, con 45% en el segundo trimestre, Argentina queda a mitad de tabla entre diez países: lejos de Uruguay (22%) y Chile (24,5%), pero también de Perú (63,4%).
Revertir este panorama requiere, según los investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, una combinación de crecimiento sostenido, sectores que demanden empleo y políticas de formalización y formación. Ninguno alcanza por sí solo. Mientras esa combinación no se dé, el empleo creado seguirá siendo informal.