Se casaban en el llano, pero la fiesta estallaba en la cumbre: el aviso con humo que encendía la sierra
Los novios se casaban en el llano, pero la fiesta real empezaba cuesta arriba y podía durar casi cinco días. ¿Cómo avisaban desde la montaña que la comitiva ya bajaba?
En las cumbres de la Sierra de los Comechingones, un casamiento no era un asunto de dos familias: era un acontecimiento que ponía en movimiento a toda la serranía. Así lo rescata la investigación que dio origen a «Voces de la Sierra (Tomo I)», el libro de Sergio Martín Escudero que recupera memorias orales de los puestos de altura.
La clave estaba en la geografía. Los novios recibían la bendición en las capillas del pie de sierra, pero la celebración verdadera tenía su epicentro arriba, en los puestos, donde la fiesta podía estirarse durante días. Hubo casos extremos: el casamiento de don Luis Sosa y Martina Cejas se prolongó casi cinco jornadas.
El humo que anunciaba la bajada
José Antonio López, visitante asiduo del puesto de Guío Godoy, aportó uno de los relatos más vívidos. Desde La Paz y los pueblos del bajo sabían con precisión cuándo bajaba la comitiva: en las laderas escarpadas, los serranos encendían fogatas y las columnas de humo funcionaban como un sistema de aviso a distancia.
El desfile impresionaba. «Adelante venían los novios: impecable él, muy de blanco ella bajando la montaña, escoltados por cuarenta o cincuenta jinetes a pura usanza gaucha, con botas de potro, bombacha y sombrero aludo», recordó López.
Sacramento abajo, asado arriba
El ritual tenía un orden preciso. Primero el sacramento en el llano y el saludo a caballo alrededor de la plaza principal. Después, la caravana emprendía el regreso a las alturas. Chelo Liendo, nacido en la propia sierra, evoca el casamiento de Margarita Oviedo con Ireneo Gallardo: terminada la ceremonia matinal en el pueblo, la comitiva trepó por las huellas de herradura y llegó al puesto al mediodía, donde esperaban la carne al asador, las vitrolas a cuerda y las guitarras de Rodolfo Liendo y don Juan Buri.
La serenata en plena cuesta
La música no esperaba a que llegaran. Nélida Sosa rememora su boda con don Domingo Galán: mientras subían la cuesta de Las Chacras, a la altura de la piedra blanca, los guitarristas Sabas Ramírez, Matías Gómez y Juan González —llegados desde la zona de Los Vallecitos y Lutti— les salieron al cruce entonando el vals «Las Monjitas».
El susto quedó en anécdota: Nélida recuerda con gracia el espanto de los caballos ante la serenata repentina en la senda. Después siguieron rumbo al paraje El Guadal, donde el baile continuó con tocadiscos y guitarras.
Un libro que rescata el patrimonio vivo
Estos relatos forman parte de «Voces de la Sierra (Tomo I)», editado por Editorial Señales. La obra fue declarada de Interés Municipal por el Concejo Deliberante de la Villa de Merlo y de Interés Legislativo por la Cámara de Senadores de San Luis.
El libro entra en etapa de cierre de cara a su presentación, prevista para diciembre de 2026. Las bodas son apenas una muestra del material reunido: quedan huellas, memorias y testimonios de un patrimonio que sigue vivo en las cuestas.
Para reservar ejemplares, los interesados pueden comunicarse por WhatsApp al 2664-018973.
Imagen: Casamiento de Esteban Domínguez y Gregoria Sosa (1961), frente a la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, Merlo, San Luis.