Se cansó de que los tambos pierdan plata con los machos y armó algo que hoy le cambia el negocio
En Trancas, la familia Colombres no se quedó quieta cuando los números del tambo no cerraban: armó una carnicería propia para no depender de un solo mercado. Lo que hicieron con los machos Holando cambió la ecuación del negocio.
En Trancas, al norte de Tucumán, la familia Colombres maneja una empresa agropecuaria de 1.100 hectáreas que combina tambo, ganadería, caña de azúcar, soja, maíz, hortalizas y una carnicería de carne Holando. Detrás de esa variedad hay una decisión: no depender de un solo mercado para sostener los ingresos.
El administrador es Domingo Colombres, uno de seis hermanos propietarios de las tierras. La historia arranca con generaciones anteriores dedicadas al negocio azucarero. Después de una reorganización patrimonial, Domingo se instaló en Trancas y apostó por la lechería, una actividad con poca presencia en la zona en ese momento.
Del total de la superficie, 400 hectáreas se destinan al tambo bajo riego y las otras 700 a la ganadería y otras producciones.
Un tambo que también es carnicería
El sistema lechero combina pastoreo y alimentación en corral. Hoy trabajan con 603 vacas que alternan entre pasturas bajo riego, silaje de maíz y raciones, con un promedio de 26 a 27 litros por animal por día.
El clima de la zona impone sus reglas: Trancas recibe alrededor de 400 milímetros de lluvia anuales, concentrados en verano. Para evitar complicaciones en los períodos de mayores precipitaciones, la empresa organiza los servicios reproductivos y así reduce las pariciones en esa etapa.
Pero la leche no es el final del camino. Parte de la materia prima se transforma en el dulce de leche Latatá en una planta propia, mientras que los machos Holando se crían y terminan para su comercialización.
De esa integración surgió la carnicería, armada junto a otros productores. La decisión buscó agregar valor y mejorar la rentabilidad de los animales que salían de los tambos.
“Un día decidimos rebelarnos contra esa situación que considerábamos injusta; nos asesoramos, hicimos la prueba de recriar y engordar esos animales para faenarlos y venderlos en un negocio al público”, recordó Colombres.
Hoy el grupo comercializa alrededor de 700 novillos Holando por año. Eso le suma una fuente de ingresos distinta a la lechera y aprovecha mejor esos animales que antes tenían dificultades para alcanzar buenos precios.
La lógica es simple: cuando una actividad pasa por un período de menor rentabilidad, otra ayuda a sostener los ingresos generales. “El sentido del emprendimiento fue diversificar y no depender de una sola actividad. Por ejemplo, en este momento la carne está mejor que la leche y nos permite contar con un ingreso que de otra manera no tendríamos”, explicó el empresario.
Caña, hortalizas y un cambio de mentalidad
La diversificación también abarca la caña de azúcar, que la familia cultiva en tierras del sur de Tucumán. En los últimos años sumaron la producción de hortalizas con tres invernaderos de 3.000 metros cuadrados cada uno. El principal cultivo bajo cubierta es el pimiento, aunque también producen berenjenas y ajíes. La apuesta es abastecer el mercado en los períodos de menor oferta y obtener mejores precios por productos de calidad.
Para Colombres, el desafío no es solo producir más, sino construir un modelo que combine actividades con ciclos y mercados distintos. El resultado es una empresa que integra producción primaria, transformación y comercialización.
El empresario también cambió su forma de administrar. “Durante buena parte de mi vida estuve concentrado en producir, crecer y asumir responsabilidades; donde había un problema, ahí estaba metido yo; me creía un superhombre que debía ocuparse de todo”, recordó.
Con el tiempo decidió delegar. “Cambié de actitud y dije ‘basta’; hoy sigo atento a la empresa, que es muy importante para mí, pero no me desespero ante una crisis lechera; hay otras cosas importantes en la vida, como cumplir mis sueños; así me siento mejor”, concluyó.
El caso muestra cómo la diversificación y el agregado de valor pueden convertirse en una estrategia para fortalecer un negocio agropecuario y enfrentar los cambios de precios y condiciones que atraviesan los distintos sectores. /Agro Empresario