Santa Fe se prepara para El Niño: la advertencia de una científica del Conicet que descoloca a todos
Una científica del Conicet siguió el rastro de El Niño en Santa Fe y se topó con una versión que crece en la calle. Lo que encontró en los modelos climáticos cambia por completo la preparación para los próximos meses.
La provincia declaró la emergencia hídrica y los modelos climáticos anticipan un evento "fuerte a muy fuerte". Una especialista del Conicet explica qué dicen los datos y derriba las versiones que circulan en la calle.
El Niño ya está en marcha y Santa Fe lo siente en cada decisión cotidiana. En las escuelas se reparten planes de contingencia familiares. Los agricultores eligen semillas pensando en encharcamientos. Los obreros que trabajan al aire libre adelantan tareas. Los pescadores miran las crecientes con desconfianza. Mientras tanto, en la provincia rige la emergencia hídrica.
En medio de ese clima de expectativa, la doctora en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos e investigadora principal del Conicet, Gabriela Müller, puso paños fríos a algunas versiones que circulan con fuerza. "No existe la categoría de 'Súper Niño', pero debemos prepararnos para excesos hídricos", afirmó.
Müller, que además dirige el Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (CEVARCAM) en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL), explicó que el fenómeno conocido como ENOS es un proceso acoplado océano-atmósfera que se desarrolla en el Pacífico Ecuatorial y forma parte de la variabilidad natural del sistema climático.
"El Niño es la fase positiva del ENOS, suele provocar excesos de lluvias en algunas regiones del planeta, como el sudeste de Sudamérica, y se presenta con una cierta recurrencia, por lo que no es extraño que ocurra en 2026, una década después de que se registró por última vez", detalló la especialista. Y recordó que la fase anterior, La Niña, está asociada a épocas de sequía.
¿Cómo se mide y hasta cuándo dura?
Para diagnosticar el fenómeno, los científicos calculan índices basados en la anomalía de la temperatura superficial del Pacífico Ecuatorial. "Para que se declare un evento El Niño, la anomalía térmica de 0,5 °C por encima de lo normal en la región Niño 3.4 debe persistir durante al menos cinco períodos trimestrales consecutivos y superpuestos", precisó Müller. La Niña, en cambio, se declara cuando esa anomalía es inferior a -0,5 °C sostenida durante el mismo lapso.
También se analiza el índice de oscilación del sur (IOS), que mide las diferencias de presión entre Tahití y Darwin. En El Niño ese índice es negativo, porque la presión baja en Tahití y sube en Darwin. "Responde a un círculo vicioso de la naturaleza, un bucle de retroalimentación positiva: un pequeño cambio en el Pacífico debilita los vientos Alisios, eso altera las presiones atmosféricas y la diferencia de presiones debilita aún más los vientos", describió la investigadora.
Sobre la duración, Müller señaló que el acoplamiento se debilita cuando se agotan las fuentes de energía térmica. "El Niño está en plena evolución", aseguró, y agregó que la mayoría de los modelos climáticos de los principales centros mundiales estiman un evento "de carácter fuerte a muy fuerte", con pleno desarrollo en primavera y verano, y una disminución paulatina hacia el otoño, con finalización en el invierno próximo.
Sin embargo, aclaró que el fenómeno no actúa solo: "Ocurre a la par de otros moduladores climáticos que pueden moderar o incrementar su intensidad".
El mito del "Súper Niño" y el rol del cambio climático
Consultada sobre las versiones que hablan de un "Súper Niño", la científica fue tajante: "La categoría es una construcción, no existe en los valores de referencia que tomamos los científicos". Según su análisis, es probable que esa expresión haya surgido porque algunos modelos prevén que este evento supere en intensidad a los El Niño muy fuertes de 1982/1983 y 2015/2016.
Pero advirtió que la intensidad del fenómeno no determina necesariamente su impacto regional. "No hay dos El Niño iguales, debido a que los impactos van a depender de cómo juegan los otros actores de este complejo escenario que es el sistema climático", subrayó.
En ese marco, el calentamiento global juega un papel clave. "El cambio climático exacerba los eventos extremos, tanto de temperatura como de precipitación", sostuvo Müller. Y especificó que en el noreste argentino y el Litoral, El Niño incrementa las precipitaciones por encima de los promedios y puede traer aparejados excesos de lluvia, tormentas e inundaciones. "El cambio climático podría potenciar el impacto que El Niño trae aparejado para la región", aseveró.
Por último, la investigadora remarcó que no hay manera de anticipar con precisión los impactos concretos, pero que la experiencia de eventos similares permite prever contingencias. "La planificación basada en evidencia es clave en la gestión del riesgo hídrico", enfatizó, y destacó que el CEVARCAM pone a disposición el conocimiento científico y las herramientas para transformar la información climática en decisiones útiles.