Se esperaba que dos inviernos húmedos seguidos devolvieran algo de nieve a la cordillera, pero el 27% de área blanca perdida en cinco años no se recupera así nomás: el hielo necesita décadas de frío sostenido y los registros ya marcan un 47% de pérdida en Argentina.
El calentamiento del Pacífico anticipa una seguidilla de inviernos con buenas nevadas para San Juan, pero el hielo perdido no vuelve. Un especialista de la UNSJ explicó por qué el alivio climático no alcanza para revertir el retroceso de los glaciares.
El fenómeno de El Niño volvió a instalarse y su calentamiento sobre el Océano Pacífico se extenderá hasta enero o febrero. Ese escenario abre altas chances de que el próximo invierno también sea húmedo en San Juan, con precipitaciones favorables para la provincia. Sin embargo, desde el Gabinete de Estudios de Geocriología, Glaciología, Nivología y Cambio Climático de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN), a cargo de Silvio Pastore, aclararon que esto no se traduce automáticamente en más nieve para los Andes centrales.
Para que la cordillera reciba nevadas normales o superiores a lo normal, no alcanza con El Niño: hace falta que se combine con otro factor, la circulación de aire frío desde la Antártida hacia el continente. Cuando ambos parámetros coinciden, el resultado es un invierno con buenas acumulaciones níveas. El fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) comenzó a mediados de año y su calentamiento persistirá hasta el verano, lo que configura un escenario óptimo de dos años consecutivos con humedad.
El Mg. Silvio Pastore, geocientífico, investigador y docente de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), y director del gabinete, detalló el comportamiento del fenómeno y sus consecuencias sobre los cuerpos de hielo. “La presencia de un año con el fenómeno de El Niño y el consiguiente calentamiento del Océano Pacífico no implican de forma directa mayores nevadas para San Juan y los Andes centrales”, indicó.
Glaciares en retroceso acelerado
Más allá de la buena noticia climática, el panorama de los glaciares sanjuaninos es crítico. Según los inventarios provinciales, entre 2020 y 2025 el área blanca de San Juan se redujo un 27% en apenas cinco años. Pastore explicó que para que la nieve acumulada se transforme en hielo se necesitan condiciones de conservación bajo cero durante un período mínimo de dos a diez años.
Por eso, aunque se consoliden dos inviernos húmedos consecutivos, el hielo perdido a lo largo de décadas está lejos de recuperarse. Los registros históricos desde los primeros vuelos aéreos en la década de 1960 muestran una pérdida acumulada cercana al 47% en Argentina. “La sucesión de inviernos húmedos no implica una recuperación de masa glaciar, sino un freno temporal a la velocidad de ablación y degradación de los hielos”, sostuvo el especialista.
Un efecto global con sequías en otras regiones
El calentamiento oceánico genera un fuerte acoplamiento con la atmósfera que moviliza grandes volúmenes de vapor de agua a través de las corrientes en chorro y las masas de aire planetarias. Como la cantidad total de agua en el planeta es constante, el aumento de humedad en zonas como la costa chilena, el sur de Brasil, la Mesopotamia argentina y la cordillera se compensa con sequías en otras partes del mundo, como Australia, parte de África y sectores de Estados Unidos.
Pastore también advirtió sobre los límites de los pronósticos: solo permiten trazar tendencias fiables en un horizonte de hasta un año, por lo que descartó proyecciones a cinco o siete años. Así, el alivio hídrico que asoma para San Juan no debe confundirse con una solución al retroceso de los glaciares.