Salió de una fiesta y nunca volvió: la encontraron junto al puente con más de 20 puñaladas

¿Quién mató a María Soledad Opazo? La joven de 17 años salió de una fiesta en Talca y apareció asesinada. Hubo tres detenidos, dos condenas y una absolución que dio la vuelta al mundo. Pero el caso sigue abierto y el responsable, impune.

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Salió de una fiesta y nunca volvió: la encontraron junto al puente con más de 20 puñaladas
Salió de una fiesta y nunca volvió: la encontraron junto al puente con más de 20 puñaladas

María Soledad Opazo tenía 17 años, era madre de una beba de un año y vivía en Cancha Rayada, Chile. La madrugada del 25 de junio de 1989 salió de un cumpleaños familiar en Talca y jamás llegó a su casa. Horas más tarde, su cuerpo apareció cerca del puente La Calchona.

El hallazgo desencadenó una investigación que se extendió por años, dejó tres detenidos, dos condenas y una absolución que dio la vuelta al mundo judicial. Pero el caso nunca se cerró del todo: nadie pagó por el crimen.

La última noche

La noche del 24 de junio, María Soledad había ido a un cumpleaños en la casa de su suegra, donde vivía junto a su pareja, Antonio "Toño" Arellano. Cerca de la 1:30 de la madrugada discutió con él y se fue.

Los testimonios sobre lo que siguió son confusos. Vecinos dijeron haberla visto correr por la zona; otros aseguraron haber escuchado gritos. También hubo quienes mencionaron un vehículo merodeando las inmediaciones. La joven nunca llegó a destino.

A la mañana siguiente, efectivos de Carabineros encontraron su cuerpo cerca del canal Baeza, a metros del puente La Calchona. Estaba desnuda y presentaba más de 20 heridas cortantes en el cuello, los brazos y la zona genital. Tenía además lesiones defensivas.

En un primer momento trascendió que había sido abusada, pero los informes de autopsia no encontraron elementos para confirmarlo.

Una investigación sin pistas firmes

El crimen conmocionó a Chile y la policía peinó los barrios de Talca en busca de sospechosos. La causa avanzó a los tumbos, a partir de rumores y testimonios que derivaron en detenciones que después quedaron en la nada.

Así aparecieron los nombres de Víctor Eduardo Osses Conejeros, Juan Manuel Contreras San Martín y José Alfredo Soto Ruz. Los tres eran jóvenes de Talca y se conocían entre sí. Osses, de 17 años, vivía en la población Mantos del Río y conocía de vista a María Soledad porque era vecino de un primo de ella. Contreras y Soto, ambos de 21, eran amigos de Osses.

La primera detención fue la de Osses, el 6 de julio de 1989, mientras trabajaba en tareas agrícolas en San Clemente. Dos días después cayó Contreras y Soto. Los tres quedaron vinculados al homicidio y fueron interrogados por separado.

Todos confesaron en dependencias policiales. Con el tiempo denunciaron que habían sido golpeados, amenazados y presionados para admitir un crimen que aseguraban no haber cometido.

El 10 de julio de ese año recuperaron la libertad, pero la investigación siguió. El 19 de enero de 1990, seis meses después de las primeras detenciones, los tres volvieron a ser arrestados.

Según el expediente que luego llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, esta vez declararon en dependencias policiales sin abogados presentes. Quedaron a disposición del tribunal y ratificaron sus confesiones.

Sin embargo, cuando pudieron hablar ante la jueza sin policías de por medio, se retractaron y volvieron a denunciar torturas. Igual siguieron presos y fueron llevados a juicio.

El giro judicial

En marzo de 1994 llegó la primera sentencia. Juan Manuel Contreras y José Alfredo Soto fueron condenados a diez años de prisión; Víctor Osses, a cinco. Los tres siguieron sosteniendo que no habían participado del asesinato.

La defensa apeló y el caso llegó a la Corte de Apelaciones de Talca. El 19 de enero de 1995, el tribunal revocó las condenas y absolvió a los tres hombres, que ya llevaban alrededor de cinco años privados de su libertad.

Tras la absolución, los tres llevaron su reclamo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y denunciaron las irregularidades de la investigación y el tiempo que habían pasado presos.

En 2002, la CIDH aprobó un acuerdo de solución amistosa con el Estado chileno. Incluyó un acto público de desagravio en Talca y medidas de reparación para los tres hombres, entre ellas una pensión vitalicia y otras prestaciones.

Mientras tanto, la investigación por el asesinato de María Soledad siguió por otros caminos. Se analizaron distintas hipótesis, entre ellas la posible participación de jóvenes de familias acomodadas de Talca y de personas del círculo cercano a la víctima. Ninguna permitió establecer judicialmente quién cometió el crimen.

Más de tres décadas después, el asesinato de María Soledad Opazo sigue sin una resolución definitiva. Hubo condenas, absoluciones y una revisión internacional de las irregularidades del proceso, pero ninguna investigación posterior logró determinar quién fue el responsable de su muerte.

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