Salieron de viaje por la 40 y volvieron con 12 escuelas rurales transformadas
Pensaban que un viaje por la Ruta 40 era solo paisaje y kilómetros. Una pregunta en un restaurante de Salta los desvió hacia algo que hoy alcanza a 12 escuelas rurales de Mendoza.
En 2005, Silvia Torres Carbonell y su familia partieron desde San Isidro con un mapa y una ruta marcada. Lo que empezó como unas vacaciones terminó en una fundación que ya lleva 12 escuelas rurales ayudadas en Mendoza.
La historia arranca con un gesto simple: uno de los tres hijos de Silvia deslizó el dedo por la Ruta Nacional 40, de norte a sur, y la familia decidió que ese sería el camino. La ruta, dicen, es la columna vertebral del país. La educación, para ellos, también.
El almuerzo que lo cambió todo
El primer alto fue en Salta, en La Poma, un pueblo detenido en el tiempo a 194 kilómetros de la capital provincial, con calles de tierra y casas reconstruidas tras el sismo de 1930. Los chicos preguntaron qué hacer: les ofrecieron trekking de altura, volcanes, monumentos. Pero antes de cualquier excursión, la familia fue a almorzar al único restaurante del lugar.
Mientras esperaban la comida, Silvia observó las casas, la iglesia, los chicos del pueblo. Le preguntó al dueño del local dónde quedaba la escuela y se topó con un dato inesperado: el hombre era presidente de la Cooperadora de la única escuela de La Poma, la "Nevado de Acay", ubicada a unos 180 o 195 kilómetros de la capital salteña, según la ruta que se tome, lo que implica entre cuatro y cinco horas de viaje.
Silvia quiso saber si tenían biblioteca. La respuesta fue no. Ahí nomás abrió su bolso y le entregó los libros y cuadernos que siempre llevaba de más para que quedaran en el establecimiento.
"Tengo un sueño"
Cuando llegaron las bebidas, Silvia lanzó la frase que cambiaría el rumbo de la familia: "tengo un sueño, quiero que todas las escuelas de la ruta 40 tengan una biblioteca, para que todos los chiquitos puedan tener acceso a libros". Todos se miraron. La idea sonaba ambiciosa, pero mientras llegaba la comida ya estaban planificando.
Acordaron volver a construir la biblioteca de la escuela Nevado de Acay. Y cumplieron. "Nos fuimos toda la familia de vuelta a La Poma, y construimos con nuestras manos toda la biblioteca a la escuela", recordó Silvia. Así nació la Fundación Ruta 40.
Desde entonces, cada viaje familiar se organiza alrededor de la ruta nacional y de una búsqueda: encontrar una escuela que cumpla dos requisitos. "El primero es que tiene que ser una escuela de primera infancia o primarias y segundo que sean de lugares desfavorecidos", explicó la fundadora.
De Buenos Aires a Tupungato
Un viaje laboral de su marido los trajo a Mendoza. La excusa perfecta para acercarse al Valle de Uco, uno de los tramos mendocinos de la Ruta 40. Silvia miró el mapa, detectó varias escuelas cercanas y puso el foco en Tupungato. "Hablamos con la directora, con los docentes, les consulté sus necesidades. Nosotros no influimos en la currícula escolar. Lo que nos interesa es que los chicos tengan acceso a una mejor educación", sostuvo.
El resultado: 12 escuelas ayudadas en la provincia, 11 en Tupungato y una en General Alvear. Aunque el plan original era llenar de bibliotecas cada establecimiento, la realidad de cada lugar impuso otras prioridades. Aparecieron necesidades de salud visual y de conectividad, y los objetivos fueron mutando. Eso obligó a la fundación a tejer contactos con instituciones y entidades para poder concretar cada meta.
Anteojos, computadoras y talleres
En las escuelas mendocinas, el proyecto familiar entregó materiales, útiles y elementos de educación física para el aprendizaje cotidiano. También organizó testeos de vista con oftalmólogos: los chicos que lo necesitaban recibieron sus anteojos. "Si un chiquito no ve, aunque la maestra le enseñe bien, no llega a tener un buen dominio escolar", fundamentó Silvia.
A eso sumaron charlas para desarrollar habilidades socio-emocionales en alumnos, docentes y padres, con dinámicas orientadas a mejorar la convivencia dentro de la escuela y en la comunidad. También reforzaron la conectividad con donación de computadoras y ciclos de talleres de herramientas digitales, pensados para "desarrollar en los alumnos las competencias fundamentales para los desafíos del mundo actual", según la fundadora.
El próximo objetivo
Lo que nació hace 21 años como un viaje familiar con una meta clara hoy apunta a algo más ambicioso: crear la "escuela rural modelo". "Nos preguntamos qué debería tener una escuelita rural alejada", plantea Silvia.
Con emoción y una sonrisa, la mujer resumió el sentido del proyecto: "Si bien hoy trabajan varias personas, es muy lindo porque lo construimos en familia. Y es la mejor forma de dejar una huella, de emprender para ayudar a otros".
Para Silvia, la educación es la base de todo. "La educación es la columna vertebral de una persona. Sin educación, nada se puede hacer", afirmó. Y agregó: "Lo más importante para una persona es que tenga oportunidades de cumplir sus sueños y desarrollarse. Yo siempre digo que lo que hay que tener es igualdad de acceso a las oportunidades".