Sala llena en General Pico para el homenaje sinfónico a El Bardino
No fue un concierto más: la orquesta unió dos mundos separados por un siglo y un océano. El director contó qué tienen en común esos artistas y por qué hoy escuchar música es un acto potente.
La Orquesta Sinfónica de General Pico colmó el espacio cultural El Viejo Galpón el domingo por la noche con el espectáculo “Bardino Sinfónico”, una propuesta que recorrió la obra de Julio Domínguez, más conocido como El Bardino, desde una mirada orquestal.
El concierto reunió a músicos y artistas de distintas disciplinas para celebrar parte del patrimonio musical pampeano. La apertura estuvo a cargo de la orquesta, que interpretó la Sinfonía 9 “Del Nuevo Mundo”, de Antonín Dvořák, para luego dar paso a una producción centrada en la identidad cultural de la provincia.
En la segunda parte, la orquesta compartió escenario con Grupal Utopía, Atípica Pampa, Fernando Córdoba y Juani De Pian. También se sumó el Elenco de Danzas Folklóricas de la Dirección de Gestión Cultural del municipio piquense.
El mensaje del director
El director de la Orquesta, Gustavo Fontana, explicó que el espectáculo exploró las similitudes entre dos artistas separados por casi un siglo y un océano: “Tenemos un viaje maravilloso para proponerles. Vamos a explorar cómo dos artistas, a los cuales separaba casi un siglo, un océano y que nacieron y vivieron en condiciones socioculturales y económicas muy distintas, vivieron de manera similar las propias circunstancias de vida”.
Fontana recordó que El Bardino tuvo que trasladarse junto a su familia desde Algarrobo del Águila hasta Santa Rosa y destacó que “el punto de contacto que produce el arte es que ambos gestionaron de la misma manera este desarraigo y distancia, a través de la creación musical”.
Además, aseguró que El Bardino “transformó su herida en identidad y memoria” y convocó al público a seguir acompañando estas propuestas: “En estos tiempos que corren, no solo en nuestro país, sino en el mundo, con tanta información vacía, narrativa banal, el hecho encontrarnos en un espacio cultural, a escuchar dos horas de música, es un mensaje muy potente y muy simbólico”.