Rusia apunta a las aulas: la presión sobre estudiantes universitarios para alimentar la guerra de drones
Desde presos hasta inmigrantes, el Kremlin agotó sus fuentes de reclutamiento. Ahora, una campaña silenciosa presiona a estudiantes universitarios con una elección imposible: firmar para operar drones en Ucrania o enfrentar la expulsión. Los detalles de una estrategia que atraviesa las aulas de las mejores universidades rusas.
El Kremlin ha encontrado un nuevo grupo al que presionar para sumar combatientes a su conflicto en Ucrania. Estudiantes universitarios con bajas calificaciones o aplazados están siendo amenazados con la expulsión si no firman contratos para convertirse en operadores de drones. Organizaciones de derechos humanos y medios en el exilio denuncian una campaña sistemática que revela la desesperación por reemplazar las enormes bajas tras más de cuatro años de guerra.
¿Cómo funciona la nueva estrategia de reclutamiento?
La campaña se intensificó desde enero y coincide con las épocas de exámenes. Reclutadores militares citan a estudiantes con bajo rendimiento académico y les presentan un ultimátum. Según Ivan Chuviliaev, vocero de la ONG Idite Lesom, el argumento es claro: “Te vamos a expulsar por bajo rendimiento si no firmas”.
La promesa es un contrato por un año como operador de drones, con un salario que rondaría los 80.000 dólares y una licencia académica durante el servicio. La amenaza latente es la pérdida de la plaza universitaria subvencionada, a la que muchos accedieron por mérito.
Un patrón que se repite en las mejores universidades
El medio estudiantil Groza reportó que esta campaña se realizó en al menos 201 universidades de todo el país. No son instituciones menores. La periodista Daria Guskova, del diario opositor Mediazona, detalló a TN casos en la prestigiosa Universidad Técnica Estatal Bauman de Moscú, donde se exigió a alumnos asistir a un centro de entrenamiento para drones bajo amenaza de no recibir el diploma.
También se reportan esfuerzos de reclutamiento en la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, la principal del país. En la Escuela Superior de Economía, a los suspendidos se les “ofreció” firmar un contrato militar, siendo la alternativa la expulsión inmediata.
¿Por qué los estudiantes son el blanco perfecto?
Según The Moscow Times, un periódico digital ruso que ahora edita en Ámsterdam, los reclutadores argumentan que los jóvenes universitarios son los “más adecuados” para operar drones debido a su familiaridad con la tecnología, los teléfonos celulares y los videojuegos desde la infancia. Se les promete, además, que no serán enviados al frente de batalla.
La abogada Tamilla Imanova, del Centro Memorial para la Defensa de los Derechos Humanos, explicó a TN que “el gobierno utiliza todo tipo de artimañas para persuadir a la gente a unirse al ejército”. Este nuevo enfoque sigue a oleadas previas de reclutamiento que agotaron otras fuentes.
De presos e inmigrantes a las aulas
Guskova contextualizó la evolución: “Antes, la firma de contratos se ofrecía activamente a personas con deudas, personas sin hogar, presos y procesados”. Luego, tras agotar esa veta, el foco pasó a los inmigrantes naturalizados, amenazados con perder la ciudadanía si no se alistaban.
Ahora, la meta es clara. “Las autoridades planean reclutar a 78.800 personas para las fuerzas de drones. Se espera que 58.000 sean estudiantes, exmiembros de unidades de aviación y mujeres con formación relevante”, afirmó Guskova. Para ella, esto demuestra que “para Vladimir Putin, nada importa más que continuar la guerra en Ucrania a cualquier precio”.
Cuotas, presión y hasta profesores en la mira
The Moscow Times reveló que cada universidad tiene una cuota de estudiantes que debe proporcionar al ejército. Por ejemplo, la Universidad Federal del Lejano Oriente, en Vladivostok, fue obligada a entregar 32 alumnos en febrero. El medio T-invariant informó que la Universidad Estatal Rusa de Humanidades debía aportar 200.
La presión no se limita a los alumnos. Tamilla Imanova reveló un dato escalofriante: “En la región de Murmansk se está enviando a profesores a cursos sobre cómo pilotear drones”. Profesores, médicos y policías, al depender del Estado, se convierten también en blancos vulnerables de este sistema de coerción.
El discurso de las autoridades universitarias refleja esta presión. Maria Kirsanova, rectora de una facultad en Novosibirsk, reprendió a estudiantes en un encuentro con militares, preguntándoles: “¿Acaso son todos unos cobardes que están aquí sentados, temiendo por sus vidas?”. Mientras, la guerra busca su nuevo combustible humano en los pasillos de las universidades.