Rosario se planta frente al avance negacionista: el foro climático que busca frenar el retroceso global
¿Qué busca Rosario al tender un puente con la Semana del Clima de Nueva York? La ciudad se prepara para recibir un foro clave en octubre, pero el verdadero objetivo recién empieza a develarse.
Mientras Nueva York fue escenario de la Asamblea General de la ONU y la Semana del Clima, Rosario prepara su propia cumbre para los días 12 al 16 de octubre. La coincidencia no es casual: busca tender un puente entre las demandas globales y las capacidades locales, en un contexto de creciente ofensiva contra las políticas ambientales.
Nueva York se convirtió otra vez en el centro del debate mundial. La 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, con 130 líderes, y la Semana del Clima, que reunió a más de 100.000 referentes en más de 1000 eventos, pusieron sobre la mesa las urgencias del planeta: paz y guerra, conflictos sociales, transición energética y procesos electorales decisivos.
El retroceso que preocupa
Pero detrás de ese despliegue internacional hay una realidad que no se puede ignorar. Si durante el primer mandato de Donald Trump la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París fue un golpe duro, la acumulación de ataques de líderes negacionistas en los últimos dos años ha sido aún más profunda. Esa ofensiva constante socavó el financiamiento para la acción climática y la protección de los bienes comunes.
Los números son elocuentes. Según Climate Action Tracker, con las políticas de Trump, las emisiones de EE. UU. en 2030 serían 14–15% más altas que las proyectadas con las políticas climáticas de Biden. Además, el crecimiento acumulado de la energía eólica y solar hasta 2035 podría reducirse a la mitad respecto de aquella proyección.
Este asedio, replicado por aliados en todo el globo y con preocupante tracción en Latinoamérica, atraviesa hoy una crisis estructural en el andamiaje institucional dedicado a la preservación ambiental y la lucha contra el cambio climático.
¿Cómo resistir?
La escasez de recursos, la cancelación de programas clave, la desfinanciación presupuestaria y el desmantelamiento de marcos normativos protectores resumen el diagnóstico compartido por los líderes reunidos en Nueva York. La pregunta retumba con insistencia: ¿cómo resistir? En esta contienda, organizaciones enteras han desaparecido y numerosas iniciativas apenas logran mantenerse a flote.
Ante este escenario, la única respuesta viable pasa por consolidar la comunidad, identificar a los actores comprometidos y estrechar alianzas. Es una tarea ardua, pero profundamente necesaria.
El puente Rosario-Nueva York
En esa búsqueda de alternativas surge un objetivo estratégico: tender un puente directo entre la Semana del Clima de Nueva York y la Semana del Clima de Rosario, que se desarrollará del 12 al 16 de octubre. El propósito es claro: posicionar las demandas y capacidades de nuestra región en la agenda global y llevar una voz firme de Latinoamérica a la próxima COP31 en Turquía.
Rosario albergará decenas de paneles con especialistas, empresas e instituciones orientados a fortalecer esta resistencia desde la acción concreta. Dada la matriz productiva de nuestro territorio, los ejes principales abordarán la agricultura regenerativa, los mercados de carbono, las buenas prácticas agrícolas y el rol de los sectores de salud y gobiernos locales, con especial énfasis en la preparación ante fenómenos extremos como El Niño.
Un llamado a redoblar esfuerzos
La invitación a participar es una convocatoria a redoblar esfuerzos. No se trata únicamente de insertar a Santa Fe y a la Argentina en la discusión internacional, sino de profundizar la conciencia ambiental hacia adentro.
En definitiva, desde la Semana del Clima de Rosario se busca poner a la provincia y al país en el bloque de la resistencia, junto a la Unión Europea, el EFTA y otros países que buscan cambiar el paradigma productivo. Argentina no puede limitar su narrativa al desarrollo hidrocarburífero; tiene el deber y la oportunidad de acelerar la transición hacia una matriz energética limpia y autosuficiente, atrayendo financiamiento, inversiones y promoviendo la creación de empleos verdes. Desde la resistencia local, con estructuras políticas y jurídicas acordes, podemos construir las respuestas globales que el planeta exige.