Rosario perdió siete librerías en dos años: ¿se apaga la llama de la lectura?

Siete librerías emblemáticas cerraron en Rosario en dos años. Ahora, la posible derogación de la ley de precio fijo del libro amenaza con borrar del mapa a las independientes. ¿Se apaga la cultura del libro?

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Rosario perdió siete librerías en dos años: ¿se apaga la llama de la lectura?
Rosario perdió siete librerías en dos años: ¿se apaga la llama de la lectura?

En menos de dos años, al menos siete librerías emblemáticas de Rosario bajaron sus persianas. Libreros y lectores no solo lloran la pérdida de estos espacios, sino que ahora enfrentan una nueva amenaza: la posible derogación de la ley que protege el precio fijo del libro, lo que podría ser el golpe de gracia para el sector.

Adiós a los clásicos

En abril pasado, Tótem, la primera comiquería de Rosario, cerró tras 40 años. Su dueño, Jorge Saghini, lo resumió con crudeza: “La gente no tiene dinero, primero come y después te va a comprar cómics”. Liquidó todo a 5 mil pesos. Meses antes, en febrero, Craz, del pasaje Pan, también dijo adiós. Su dueño, Javier Craz, escribió en Instagram: “Demás está decir que la realidad tanto del país como del sector se ha hecho inviable seguir”.

La lista es larga: El Gato Eterno cerró su casona de Zeballos 1460, donde los libros se mezclaban con café de especialidad. Rayuela abandonó el local de Corrientes al 500 tras 25 años. En junio de 2024, Longo, la librería más antigua de la ciudad (desde 1908), cesó su actividad tras la muerte de Coqui Longo, hija del fundador. Otras, como Oslo Libros y Chico y Babel, mantienen la venta virtual, pero sus puertas físicas ya no existen.

Una crisis que no es solo local

Según la Cámara Argentina del Libro, el 80% de las editoriales registró una baja en sus ventas. La pérdida de poder adquisitivo, el aumento de costos de producción y la menor capacidad de consumo hacen que el libro sea un gasto no prioritario. En 2025 se publicaron 36.942 títulos (un 17% más que en 2024), pero la tirada total cayó un 34%: más títulos, pero con menos ejemplares.

Para Buchín, de Buchín Libros, la situación es crítica. Él empezó en 1985 y vivió la hiperinflación del 89, el 2001, la pandemia y la megadevaluación de la gestión Milei. Ahora, la propuesta de derogar la ley de precio fijo del libro sería “la desaparición de un montón de librerías independientes o familiares”.

¿Qué está en juego?

Carolina Elorza, de Mal de Archivo, advierte: “La derogación de esta ley no es un ataque a las librerías, sino a la cultura del libro”. Las librerías independientes representan entre el 60 y el 70% de los clientes de las distribuidoras y fomentan la bibliodiversidad, trabajando con autores noveles. Si la norma cae, “las grandes cadenas no les va a importar una novela que vende dos ejemplares al año”.

Raúl Valentini, de Oliveiro en Granadero Baigorria, es más tajante: “De derogarse la ley, el sector entrará en una etapa terminal”. Para él, perderán no solo las librerías, sino los lectores, porque “lo que se busca es construir un pensamiento único”.

A pesar de todo, hay movimiento. Este año se conformó la Cámara de Librerías Independientes de Rosario y se realizó la primera feria del libro infantil y juvenil. La comunidad de lectores apoya, pero la pregunta es si alcanzará para salvar lo que queda.

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