Robaron la cabeza de un cadáver en un cementerio y lo que pasó después es escalofriante

En 1926, soldados profanaron la tumba de Pancho Villa en Parral, México, y le cortaron la cabeza por orden del coronel Durazo, presuntamente para Álvaro Obregón. La cabeza nunca apareció y los profanadores murieron violentamente.

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Robaron la cabeza de un cadáver en un cementerio y lo que pasó después es escalofriante

En 1926, un grupo de soldados profanó la tumba de Pancho Villa en Parral, México, y le cortó la cabeza. La orden, según el libro de Ricardo Canaletti, la dio el coronel Francisco Durazo Ruiz, presuntamente a pedido del general Álvaro Obregón. Lo que siguió fue una cadena de muertes, rumores y una cabeza que nunca apareció.

La orden macabra

El coronel Durazo convocó al capitán José Elpidio Garcilazo y le ordenó cortar la cabeza del cadáver de Villa. Garcilazo designó al cabo Figueroa y a cinco soldados para la tarea. La noche del 5 de febrero de 1926, saltaron la tapia del cementerio y destrozaron la tumba 632.

Los soldados, nerviosos y torpes, rompieron el féretro. Al ver el cuerpo embalsamado, uno de ellos bebió alcohol desinfectante del pánico. Finalmente, el soldado Martínez Primero cortó la cabeza con un cuchillo, hiriendo a otro en el proceso.

El escándalo nacional

Al día siguiente, los empleados del cementerio descubrieron la profanación. Cerca de la tumba hallaron una botella de tequila y algodón con sangre fresca. Las huellas de botas militares apuntaban a los responsables. La policía no investigó.

Un sospechoso, Emil Holmdahl, fue detenido pero liberado. Se rumoreaba que un millonario estadounidense había ofrecido 50.000 dólares por la cabeza. El coronel Durazo, según versiones, durmió con la cabeza bajo su cama hasta que su superior lo obligó a deshacerse de ella.

El cabo Figueroa y el chofer Weisel enterraron la cabeza en una caja de municiones cerca del cerro El Huérfano. Nunca se recuperó.

La mayoría de los profanadores murió de forma violenta: uno de gangrena, otro acuchillado, otros ejecutados. El coronel Durazo, en su lecho de muerte, deliró que Pancho Villa venía a buscarlo sosteniendo su cabeza.

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