Resistencia vibra: así se esculpe el arte a cielo abierto en la Bienal que enamora al mundo
Diez escultores de ocho países transforman la piedra en el Domo del Centenario, pero lo que realmente los marca es el vínculo con el público. ¿Cuál es el secreto que hace única a esta Bienal?
El Domo del Centenario se convirtió en un taller gigante donde el ruido de las amoladoras y el golpeteo del mármol son el idioma común. Diez escultores de ocho países transforman la piedra frente a miles de ojos curiosos, en una experiencia que no se ve en ningún otro certamen del planeta.
Desde hace casi cuatro décadas, la Bienal Internacional de Escultura de Resistencia rompe con el molde: las obras no nacen en silencio, sino en medio de conversaciones, selfies y preguntas de niños que intentan adivinar qué figura emerge del bloque. Aquí el arte se construye en público, y eso lo cambia todo.
¿Qué encontraron los artistas que los dejó sin palabras?
Los escultores llegaron desde Turquía, Bulgaria, Ucrania, Uzbekistán, Chile, Bielorrusia, España y la Argentina con proyectos muy distintos. Algunos buscan la paz, otros el movimiento o la poesía. Pero al hablar con ellos, la sorpresa es unánime: no arrancan contando su obra. Hablan de la gente, del interés genuino, de los chicos que se quedan horas mirando. “Quiero que todas las personas tengan paz”, dijo la ucraniana Lyudmyla Mysko, que esculpe “Metraestructura” con un mensaje simple y profundo.
El chileno Mauricio Guajardo propone lo prohibido: tocar. Su “Cubo etéreo” está pensado para que la gente se siente, lo recorra y lo viva. “Ojalá la gente la toque, la viva y pueda hacer una pausa en el camino”, explicó. Un concepto que desafía los carteles de “no tocar” de los museos tradicionales.
El secreto mejor guardado de Resistencia
Alex Sorokin, de Bielorrusia, quedó impactado al recorrer la ciudad. “Ni siquiera en Europa existe una ciudad donde haya tantas esculturas modernas”, afirmó. Y no solo por la cantidad: el estado de conservación lo dejó helado. “Las esculturas están muy bien preservadas”, destacó, contrastando con el vandalismo que sufren obras similares en el viejo continente.
El español José Cabello Millán, que ha esculpido en más de veinte países, encontró en Resistencia algo especial: “Verlas en las calles y comprobar que la gente las siente como propias ha sido una experiencia muy satisfactoria”. Para él, la obra no termina cuando el escultor deja las herramientas; empieza una nueva vida cuando la comunidad la adopta.
El legado que no se mide en toneladas
El argentino Néstor Vildoza, el único del país en el certamen, presenta “Pino quebrado”, la única obra en acero inoxidable. Pero su mirada va más allá del material. “Uno nunca sabe qué espíritu puede tocar”, aseguró. Y cuenta que, años después de cada Bienal, jóvenes se le acercan para decirle que eligieron Bellas Artes porque, de niños, lo vieron esculpir. “Ahí uno entiende la responsabilidad que tiene”, reflexionó.
El turco Furkan Depeli, el más joven del grupo, trabaja con música y acepta que la piedra lo sorprenda. Su obra “Kair-Onos” habla del tiempo y la unidad del universo. “Me gusta no saber qué va a pasar después”, sostuvo. Y valora el espíritu colaborativo: “Lo que hacemos aquí lo producimos juntos, no solamente para nosotros”.
El búlgaro Georgi Minchev, que ya tiene más de cincuenta esculturas en serie esparcidas por el mundo, descubrió en Resistencia una ciudad donde el arte es parte de la vida cotidiana. “La gente es cálida. Quiere ayudarte”, resumió. Y el uzbeko Ulash Urakov busca dentro del mármol la poesía escondida: “La poesía son las emociones internas de cada uno”, explicó, mientras talla su obra titulada simplemente “Poesía”.
En unos días, el ruido cesará, los gazebos se desmontarán y los bloques se convertirán en nuevas esculturas que poblarán plazas y avenidas del Chaco. Los artistas volverán a sus países con fotos, anécdotas y la certeza de que Resistencia no es solo una ciudad con esculturas: es un lugar donde el arte se vive antes de existir. Como dice Vildoza, recordando a Fabriciano Gómez: “Fue un maestro para todos nosotros. Como artista, pero sobre todo como ser humano”.