Rescató un pichón cubierto de hormigas y hoy duerme en su cama: la insólita historia de Pipi, la paloma que vive en un departamento del centro mendocino

¿Una paloma como mascota en pleno centro de Mendoza? Conocé la historia de Pipi, la paloma que fue rescatada cuando era un pichón y hoy vive como una reina en un departamento.

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Rescató un pichón cubierto de hormigas y hoy duerme en su cama: la insólita historia de Pipi, la paloma que vive en un departamento del centro mendocino

Una vecina del centro de Mendoza encontró a un pichón de paloma casi sin vida durante la pandemia. Lo que parecía un rescate temporal se convirtió en una convivencia que ya lleva casi seis años. Hoy Pipi duerme en la cabecera de la cama, ronronea cuando la acarician y hasta tiene su propio microchip.

Melisa Frau vive a una cuadra de la Peatonal, en un edificio céntrico de Mendoza. Allí comparte su departamento con una mascota poco convencional: una paloma llamada Pipi. La historia comenzó el 11 de noviembre de 2020, en plena pandemia, cuando Melisa paseaba con su hermana y su perra Negra. El animal comenzó a ladrar insistentemente hacia unos ruidos. Al acercarse, descubrieron dos pichones: uno ya muerto y el otro cubierto de hormigas, casi sin plumas y temblando de frío.

“Sentí que la vida me la había puesto en el camino por segunda vez, porque el día anterior había escuchado los mismos ruiditos y seguí de largo”, recordó Melisa en diálogo con este medio. Sin saber que era una paloma, la llevaron a una veterinaria, donde le dieron suero glucosado. Como las veterinarias tradicionales no estaban preparadas para aves, recurrió a una ONG especializada y a tutoriales de YouTube.

¿Por qué Pipi no volvió a la naturaleza?

La idea inicial era devolverla a su hábitat. Pero Pipi “se improntó” a Melisa, un proceso por el cual las aves criadas por humanos los reconocen como familia. “Para ella, yo pasé a ser su mamá. Aprendió a comer, caminar y volar con personas, y cuando intentaba acercarla a otras aves, simplemente no quería. Su lugar en el mundo ya lo había elegido”, contó la joven.

Melisa llevó un registro minucioso en una bitácora: tablas horarias de alimentación, mililitros de comida, visitas al veterinario y fechas especiales. Allí quedó asentado, por ejemplo, que Pipi puso su primer huevo el 24 de noviembre de 2021.

Una paloma con rutina de gato

Hoy Pipi se mueve libre por el departamento. Aunque tiene una jaula, hace tiempo que no la usa. “Su lugar preferido para dormir es la cabecera de la cama”, reveló Melisa. Cuando viajan a otra provincia, la lleva en un transportín por seguridad. “Se comporta casi como un gato. Le encanta tirar cosas para ver cómo se caen y subirse arriba de mi computadora. Y las palomas ronronean cuando las acariciás”, agregó.

Como toda paloma adulta, Pipi pone uno o dos huevos por mes, aunque no están fecundados. Los incuba unos 15 días y luego los abandona. Siguiendo el consejo de la veterinaria, Melisa los cocina y los incorpora a su comida para que recupere calcio y nutrientes.

Para acreditar que Pipi tiene un hogar, Melisa le colocó un microchip de identificación. “Al no ser un animal protegido ni plaga, y al no ser una mascota tradicional, decidí registrarla”, explicó. Así, Pipi no solo encontró una familia, sino también un lugar en el mundo que ella misma eligió.

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