Rescataba perros en la calle y un día su hobby se convirtió en el sostén de toda una red
Mientras el Estado debate cómo regular la cría de perros, una rescatista de La Matanza encontró una manera de sostener los rescates con sus propios cuadros: la red que armó ya cambió la vida de decenas de animales, pero el proyecto que se discute en el Congreso podría jugarle en contra.
Bruma Strafacio creció en una casa de San Justo donde los animales abandonados entraban y se quedaban. Hoy, a los 36 años, vende sus cuadros para financiar una red de hogares de tránsito que rescata perros y gatos de la calle.
La historia arranca en La Matanza. Su mamá volvía del trabajo y, si se cruzaba con un animal perdido, lo levantaba y lo llevaba a casa. Así llegaron a convivir con diez perros y diez gatos. "Mi vieja no los daba en adopción, los hacía parte de la familia, y yo veía que eso traía el problema de no poder seguir rescatando", recuerda Bruma.
Cuando se fue a vivir sola, alrededor de los 18, el espacio no le alcanzaba para tener animales propios. Pero igual seguía ayudando: retenía a cada uno que encontraba unas horas, preguntaba a los vecinos si lo conocían o lo publicaba en Facebook para dar con su familia.
El circuito que cambió todo
Con el tiempo pudo mudarse a un lugar más grande y empezó a hacer tránsitos: albergar temporalmente a perros o gatos rescatados de la calle para que se recuperen, tomen confianza y después encuentren un hogar definitivo. Así entendió que la clave era la rotación.
"No mirar para un costado cuando te cruzás con un perro o con un gato en la calle, sino ayudarlo con lo que puedas. Siempre se puede hacer algo", dice. Y agrega: "Si no hay rotación, en un momento no podés seguir ayudando".
Con los años fue tejiendo una red de personas dispuestas a dar tránsito. Ayudó a refugios y a gente que rescataba pero no sabía cómo seguir. "Es imposible rescatar si no tenés un lugar a dónde llevarlos", explica. Y apunta contra el miedo: "Mucha gente quiere ayudar, pero se encuentra con un perro o gato y se abatata creyendo que va a ser un problemón. Y nada que ver".
Para ella, alcanza con hacer lo que se pueda: entrarlo a casa 24 horas, sacarle una foto y difundirla, pedirle ayuda a los conocidos. La red también ofrece una retribución económica simbólica, "un agradecimiento más que un pago", para que quien recibe al animal no tenga gastos de comida ni de veterinaria.
Lo que suele pasar, cuenta, es que la gente se encariña y no quiere que se vaya. "Te dicen 'ay ya se va, ya le consiguieron hogar, me encariñé' y quizás pasaron cuatro o cinco días". Son tránsitos cortos, aclara, que sirven para sacar al animal de la emergencia.
Del hobby a la subasta
Bruma pintaba como pasatiempo. No regalaba sus obras por pudor y tampoco las firmaba. Todo cambió cuando un perro que tenía internado le generó gastos veterinarios altos. Su pareja le sugirió vender los cuadros y así hizo su primera subasta.
Las obras —figurativas, abstractas, algunas de más de un metro y medio— le permitieron costear ese tratamiento y, después, consolidar la red de tránsitos. También empezó a impulsar campañas de castración y a colaborar con agrupaciones proteccionistas.
Pero los hogares de tránsito no alcanzan. Según la ONG Proyecto 4 Patas, en Argentina hay más perros y gatos que hogares dispuestos a adoptarlos. La consecuencia es visible en las calles: animales abandonados, con hambre, enfermedades, accidentes y víctimas de crueldad.
Un informe de 2018 de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) estimó que había unos seis millones de perros en situación de calle en el Conurbano bonaerense. El Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires reafirmó ese número y, ocho años después, se cree que se multiplicó.
Castrar y adoptar, la salida
Para Bruma, la solución pasa por campañas de castración masivas, gratuitas y sostenidas en el tiempo, además de frenar la compraventa de animales. "Los cambios culturales llevan tiempo", reflexiona, y compara: "Hoy en día la gente no se plantea si fumar en un avión está mal".
Sin embargo, todavía persiste la idea de "quiero que mi perra tenga hijitos" o "no lo quiero castrar porque me da pena". Ella confía en que algún día castrar y adoptar será una obviedad. "Cuando vos amás a un perro buscás el que necesita familia, el que justo podés ayudar, el que te enterneció por la historia que tiene", dice. Y cierra: "Comprarlo como si fuera un mueble más de tu casa implica perjudicar a otros perros, porque quien te lo vendió los metió en un sistema de producción para la venta".
Qué dice del proyecto para regular criaderos
La diputada nacional Karen Reichardt presentó un proyecto de ley para regular los criaderos. La iniciativa crea un padrón que registraría a los criaderos comerciales, refugios, pensionados y hogares de tránsito.
Bruma no está de acuerdo. "Creo que pretende solucionar una problemática legitimando una parte de la misma. Esta ley le daría un marco legal a la producción de perros y el problema que tenemos hoy es exactamente lo contrario: más perros de los que podemos asistir", sostiene.
Y usa una metáfora: "Es como tener una casa inundada y en vez de cerrar la canilla, ponernos a discutir cuánta agua está permitida que salga del grifo". Para ella, hay que cerrar la canilla y también evitar la multiplicación doméstica. "Hoy en día las plataformas que utilizamos ofrecen perros en venta", advierte.
Frente a la sobrepoblación, cree que la situación empeoraría: "¿Cómo se va a poder solucionar el problema habilitando a que se puedan producir más? En realidad es simplemente habilitar un negocio, no están solucionando nada, están empeorando la problemática. No podemos rescatar por un lado y seguir produciendo por otro, es incompatible".
Fotos: gentileza Bruma Strafacio.