Renunció a una banca clave, el PJ la perdió y ella jamás se arrepintió: "Honré esa palabra"
¿Qué le dijo una mujer en la Defensoría que la obligó a frenar todo y llevar el caso a la Justicia? La frase que Florencia Peñaloza no olvida y el amparo que cambió su gestión.
Florencia Peñaloza pasó de sentarse en una banca de la Legislatura provincial a ocupar uno de los cargos más expuestos de San Juan: Defensora del Pueblo. En ese recorrido tomó una decisión que todavía resuena en la política local y que, según contó en Paren las Rotativas, volvería a repetir sin dudar.
La renuncia que le costó una banca al PJ
Cuando murió Horacio Quiroga, su compañero de banca y amigo, a Peñaloza le correspondía ocupar ese lugar en la Cámara de Diputados. Pero ya había sido elegida Defensora del Pueblo por unanimidad y entendió que no podía dejar ese compromiso. Renunció a la banca. El justicialismo perdió esa representación, que terminó en manos de Federico Rizo.
“Me había elegido una Cámara de Diputados por unanimidad, en la cual yo prometí ser la defensora del pueblo de los sanjuaninos y honré esa palabra el día que renuncié a la banca”, afirmó.
La decisión tuvo un costo personal alto. “Yo a Horacio Quiroga lo quería muchísimo. Era un compañero y un amigo que se sentaba al lado mío en la banca”, recordó. Pese al dolor, sostuvo que su intención fue dejar un mensaje a la dirigencia, sobre todo a los más jóvenes: la confianza de la gente no se recupera solo con discursos. “La gente quiere creer en nosotros y eso se hace con gestos”, planteó.
Los reclamos que se multiplicaron
Desde que asumió al frente de la Defensoría, Peñaloza se topó con una realidad social más compleja de la que imaginaba. Los reclamos recibidos por el organismo crecieron un 110% en ese período, un dato que valoró porque, a su entender, muestra que los sanjuaninos empezaron a ver a la institución como un lugar donde pueden encontrar respuestas.
Entre los principales motivos de consulta aparecen el endeudamiento, los problemas para acceder a servicios de salud, las dificultades con los servicios públicos y las situaciones vinculadas a la discapacidad.
La función de la Defensoría, explicó, no es acumular expedientes sino tender puentes entre los ciudadanos y las instituciones. Primero se busca una solución a través del diálogo; cuando las puertas se cierran, se recurre a las herramientas legales.
“Para la Defensoría puede ser el expediente número 101, pero para un señor puede ser la salud de su hija”, señaló, y remarcó que quien llega al organismo suele haber pasado antes por otras oficinas sin obtener respuesta.
El caso que la marcó y terminó en la Justicia
Uno de los momentos más duros de su gestión tuvo que ver con las pensiones por invalidez. Una mujer llegó a la Defensoría después de que le quitaran su pensión. No tenía dinero para comprar sus medicamentos y pronunció una frase que Peñaloza no olvida: “Lo único que me queda es quitarme la vida”.
Esa situación la llevó a entender que ya no alcanzaba con seguir con las gestiones administrativas y que había que ir a la Justicia. La Defensoría presentó un amparo que permitió recuperar las pensiones y obtener el pago retroactivo.
El episodio se convirtió en un símbolo de cómo entiende su rol: intervenir cuando los mecanismos habituales fallan, sin perder de vista que detrás de cada reclamo hay una persona y una historia.
Otras historias que la atravesaron
Durante la entrevista, Peñaloza repasó otros casos que la marcaron: pacientes con esclerosis múltiple que sufrieron demoras en sus prestaciones, familias que perdieron el transporte para que sus hijos con discapacidad pudieran ir a la escuela y personas que no podían acceder a medicamentos por no tener ni para trasladarse.
En uno de esos casos, una mujer con una discapacidad visual severa necesitaba un medicamento para su diabetes, pero no podía llegar al hospital. Desde la Defensoría decidieron hacerse cargo del trámite y consiguieron el remedio.
La funcionaria admitió que muchas de esas historias la afectan emocionalmente. “Soy muy llorona, muchas veces lloro con ellos”, confesó, aunque consideró que esa sensibilidad también le permite comprender mejor lo que atraviesan quienes llegan al organismo.
El endeudamiento, una preocupación central
Uno de los temas que más la inquietó fue el endeudamiento de los sanjuaninos. Un estudio de la Defensoría reveló que el 74% de los encuestados estaba endeudado y que el 62% había tomado deudas para cubrir necesidades básicas, incluso alimentación. Además, un 64% destinaba más de la mitad de sus ingresos al pago de esas obligaciones.
A partir de esos datos, el organismo impulsó un programa de educación financiera y comenzó a trabajar con entidades bancarias para buscar mecanismos que permitan ordenar las deudas y evitar que las personas queden atrapadas en un círculo difícil de romper.
Su mirada sobre la política
Peñaloza se mantiene alejada de la actividad partidaria porque su cargo le exige preservar la imparcialidad y evitar que la institución sea identificada con un espacio político. Aclaró, igual, que sigue interesada en la política porque las decisiones de los gobiernos impactan directamente en la vida cotidiana de la gente.
Desde ese lugar, cuestionó la lógica de confrontación permanente. “Quieren que los dirigentes dejen de ser un Boca-River de la política y empiecen a pensar lo que le pasa a la gente”, dijo. La Defensoría, contó, se convirtió en una suerte de termómetro de lo que ocurre en la provincia.
“La Defensoría me hizo encontrar realidades crudísimas, pero a la vez me hizo entender que hay que ser de otra manera y hay que trabajar de otra manera”, sostuvo.
Pese a haber dejado atrás la banca y mantenerse al margen de la actividad partidaria, no reniega de aquella decisión. Mientras dure su mandato, aseguró, seguirá enfocada en la tarea que eligió: “Decidí servirle al pueblo y eso es lo que hago y lo que voy a seguir haciendo mientras dure mi mandato”.