Regalaron dos suculentas y 12 años después ya no puede contar cuántas tiene
Sociedad · Misiones

Regalaron dos suculentas y 12 años después ya no puede contar cuántas tiene

¿Cuántas plantas puede llegar a tener alguien que empezó con dos suculentas regaladas? Margarita Reincheki armó un vivero en la zona de Cerro Azul y ni ella se anima a contar su colección.

Lo que arrancó como un regalo terminó en un invernadero repleto de cactus, helechos y begonias en plena zona rural de Misiones. Margarita Reincheki recibió hace más de una década dos o tres suculentas y esa curiosidad inicial se transformó en Vivero Marga, un emprendimiento familiar que hoy funciona entre Olegario Víctor Andrade y Cerro Azul.

La colección creció tanto que ni ella se anima a ponerle un número. «Empecé con dos o tres suculentas que me habían regalado y de ahí empezó todo el hobby mío», contó sobre los primeros pasos de una actividad que con los años se volvió un proyecto productivo.

Para Margarita siempre hay lugar para una planta más. Puede ser un esqueje, un gajito o una maceta con una variedad que todavía no tiene. Esa búsqueda constante es la que explica el tamaño de la colección actual.

Cactus, bromelias y especies que llegan de Brasil

El vivero reúne cactus, suculentas, bromelias, helechos, begonias, amarilis y lirios, entre otras especies ornamentales. Algunas las reproduce y cultiva ella misma; otras las incorpora desde distintos lugares para ampliar la oferta.

Los viajes son una fuente permanente de nuevos ejemplares. «En todo lugar que voy, voy trayendo una más», relató. Así, lo que nació como una afición doméstica se convirtió en una colección en expansión.

Además de la producción propia, comercializa plantas que adquiere en otros sitios, entre ellas algunas que llegan desde Brasil. Eso le permite ofrecer variedades diferentes a quienes visitan el vivero.

De la huerta al invernadero

El crecimiento de Vivero Marga fue de la mano del trabajo familiar. Margarita y su entorno ya se dedicaban a la producción de verduras, pero el espacio que al principio ocupaban sus plantas fue ganando terreno hasta contar con un invernadero completo y otro parcialmente destinado a las especies ornamentales.

El emprendimiento se ubica en la zona de Olegario Víctor Andrade y Cerro Azul, con carteles de referencia sobre las rutas provinciales 3 y 4. Allí los visitantes pueden recorrer la colección y conocer las variedades disponibles.

La actividad complementa los ingresos familiares y cuenta con el acompañamiento de su esposo y otros integrantes de la familia, que la ayudan en el trabajo cotidiano y también en los eventos y ferias donde participa.

Sobre las ventas, Margarita reconoció que el movimiento comercial disminuyó y que hoy avanza a un ritmo más lento. Aun así, sigue presente en los encuentros donde puede mostrar sus plantas y acercarse a nuevos clientes.

Las suculentas son las preferidas del público, sobre todo por sus colores y formas. Los cactus, en cambio, despiertan mayor interés cuando florecen, ya que sus flores particulares se vuelven un atractivo para los aficionados.

Tierra de monte, media sombra y riego medido

Mantener semejante variedad exige atención diaria. Para preparar sus plantas, Margarita usa tierra de monte, que pasa por una zaranda para retirar las partículas más grandes y lograr una textura liviana, similar a la de un sustrato.

La ubicación dentro del invernadero también cuenta. En los meses de más calor utiliza media sombra para protegerlas; en invierno la retira para que reciban más luz solar.

El riego es moderado y se adapta al clima. En esta época suele regar entre dos y tres veces por semana, pero cuando hay lluvias persistentes evita agregar agua, porque la humedad excesiva puede pudrir las plantas.

Entre las dificultades mencionó la aparición de cochinillas y la adaptación de algunas especies que llegan de otras regiones. Ciertas plantas no responden igual al clima misionero y las calateas, por ejemplo, suelen ser particularmente difíciles de mantener.

A pesar de esos desafíos, su método conserva una característica sencilla: no usa abonos adicionales y apuesta por la tierra de monte, el riego adecuado y la atención cotidiana.

«Es solo tierra de monte y riego, nada más. Y mucho amor y cariño», resumió al explicar qué considera fundamental para mantenerlas saludables.

Una pasión que viene de la infancia

La dedicación de Margarita tiene raíces antiguas. Desde chica disfrutaba de cultivar y armar su propio jardín, una afición que con los años encontró nuevas formas de expresarse y terminó siendo un proyecto compartido con su familia.

Hoy cada planta que prepara representa una parte de ese recorrido. La presentación y la calidad son aspectos que considera fundamentales para quienes se acercan a comprar, y agradece especialmente a los clientes que vuelven a elegirla temporada tras temporada y en los distintos eventos donde participa.

Quienes quieran conocer la colección pueden visitar Vivero Marga de lunes a domingo. Los horarios que informó Margarita son de 7:30 u 8 a 12 por la mañana y de 15 o 16 a 18 por la tarde.

Entre cactus, suculentas y especies que se suman permanentemente, Margarita sigue alimentando una colección que no deja de crecer. Después de más de una década, aquella pasión que nació con unas pocas plantas regaladas conserva intactas las ganas de sumar una más.

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