Recorrió Europa cuatro años para cumplir la promesa que le hizo a su abuelo hincha del Tomba
Sociedad · Mendoza

Recorrió Europa cuatro años para cumplir la promesa que le hizo a su abuelo hincha del Tomba

A Gabriel le dijeron que no entraba en los planes de ayuda social y tuvo que comprar una caja de herramientas para pagarse las clases de alemán. Años después, esa obstinación lo llevó a recorrer Europa detrás de los campeones del mundo. Lo que pasó en Miami con Messi no lo esperaba ni él.

Gabriel Goldsack Schmitt salió de Godoy Cruz, armó su vida en Europa y se propuso algo que parecía imposible: que todos los campeones del mundo en Qatar le firmaran una réplica de la Copa. Lo logró, pero el último sello lo consiguió en Miami, con una escena que nunca imaginó.

La historia arranca con una promesa hecha al cielo en plena final del Mundial 2022. Su abuelo, Jorge Enrique Goldsack —Quito para todos—, había muerto un año antes de un infarto. Con él había compartido el fútbol, la pasión por Godoy Cruz y las tardes de partidos a cualquier hora, incluso a las tres de la mañana del horario europeo.

De Godoy Cruz a Alemania, con una caja de herramientas como moneda

La familia se fue a España después de la crisis del 2001, como tantas otras. Allí los padres se separaron en malos términos y el padre se marchó. Gabriel, todavía adolescente, dejó la secundaria y salió a trabajar para sostener a su madre y a sus hermanas. Son seis hermanos: dos varones y cuatro mujeres.

Terminó los estudios básicos mediante un programa de la UNED y, cuando el salario español ya no alcanzaba, miró el mapa y eligió Alemania, donde vivía una de sus hermanas. El idioma fue el primer muro: los cursos costaban entre 400 y 500 euros y el Estado le respondió que no entraba en los planes de ayuda social.

Entonces apareció su costado práctico. Compró una caja de herramientas grande, recorrió escuelas de idiomas ofreciendo reparaciones a cambio de clases y una de ellas aceptó. Así aprendió el A1 y el A2 de alemán. Durante la pandemia repartió comida en bicicleta a doble turno y después canjeaba dos semanas libres para viajar 400 kilómetros hasta la frontera con Dinamarca, donde la madre de un amigo, profesora de alemán, le enseñaba el nivel B1.

El abuelo, el 11, el 22 y una promesa al cielo

Mientras tanto, Quito seguía los partidos con su nieto, cada vez menos porque el viaje desde Alemania era caro. En la Copa América de 2019, con su voz ronca de fumador, se enojaba: "con la calidad de jugadores que tenemos, lo tenemos a Messi, cómo puede ser que no ganemos". Y llegó a decir que cuando se muriera iba a hablar con el Barba para arreglar el asunto.

El Covid lo golpeó por su condición de fumador crónico y en 2021 un infarto se lo llevó. Un mes después, Argentina cortaba 28 años sin títulos con la Copa América. Para Gabriel, esas coincidencias tenían un sentido propio: el 11 y el 22, sus números de la suerte. En la final del Mundial se aferró a cada señal, como el penal de Ángel Di María, el número 11, a los 22 minutos y 22 segundos. Cuando Francia empató, miró al cielo y prometió: si ganábamos, compraba una Copa del Mundo y la hacía firmar por todos los jugadores en honor a su abuelo.

La réplica de Mar del Plata y una novia que empujó

En 2023 consiguió la réplica que buscaba, fabricada por gente de Mar del Plata. Faltaba lo más difícil: las firmas. Gabriel se define como una persona común, sin contactos, y se preguntaba cómo alguien salido de un barrio de Godoy Cruz iba a llegar a los jugadores.

La respuesta tuvo nombre: Kerrin Zander, su novia, a quien describe como una "alemana argentinizada". "Ella se re copó con la promesa, con la idea y me apoyó, cualquier otra persona no lo hubiera hecho", recordó. Y fue clave: "Si no fuera por ella no lo hubiera terminado, porque yo soy buenísimo en hacer todo lo que me pongo en la cabeza, hasta el 90%, y siempre me queda un porcentaje al final que no lo termino".

Con la decisión tomada, consiguieron una camioneta, un colchón de segunda mano y armaron una cocinita. Aprovechando los Juegos Olímpicos de Francia, se lanzaron a la ruta. En León encontraron el hotel donde se alojaba la Selección y, tras cuatro o cinco horas de espera, salieron primero los utileros y después los jugadores: consiguieron las firmas de Gerónimo Rulli, Julián Álvarez, Thiago Almada y Nicolás Otamendi.

Hoteles, entrenamientos y una noche frente a la casa de Scaloni

La estrategia se repitió en cada país: esperar en los centros de entrenamiento, a la entrada y a la salida, y apostar también a los hoteles previos a cada partido. Así sumaron a Papu Gómez en Suiza, a Ezequiel Palacios en Lyon y a Guido Rodríguez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Licha Martínez y el Dibu Martínez en Inglaterra. No siempre salía bien: hubo desencuentros y días en que llegaban tarde.

El viaje más insólito lo hizo solo, en Mallorca, detrás de la firma de Lionel Scaloni. Encontró una dirección en Internet, durmió en el auto y a la mañana escuchó un acento argentino. Era el entrenador, que salía a llamar a su perro. Esperó su regreso y consiguió la firma. Después le escribió una carta contándole cómo había dado con su casa y recomendándole sacar la dirección de la web.

Miami: la carta, los 30 segundos y la habitación con Messi

Pasaron cuatro años y solo faltaba Lionel Messi, que estaba en Miami. Como no se podía llegar en auto, la pareja ahorró durante todo 2025 para costear el viaje. Gabriel se preparó para lo de siempre: esperar en el predio del Inter Miami, decir unas palabras al paso y listo. No fue así.

Entregó una carta a un trabajador del club con su historia, la promesa y las fotos de él, de su novia y de la copa. Una hora y media después los fueron a buscar. Esperaron en una sala desde donde veían el gimnasio y, cuando terminó el entrenamiento, los llevaron a otra habitación. Diez minutos más tarde apareció Leo: "Hola, chicos, ¿qué tal? Yo soy Leo", contó Gabriel, que estaba "totalmente bloqueado, tartamudo de los nervios".

Le regaló una camiseta de Godoy Cruz: "te quería regalar esto porque es del club que seguimos con mi abuelo". Messi agarró la copa, la miró y propuso la foto. Un trabajador le recordó incluirla en la imagen. Gabriel estaba en shock.

El último tramo: Castellón y los restos de Quito

Ahora el plan es viajar a Castellón, España, donde uno de sus hermanos tiene los restos del abuelo. La idea es que vayan los seis nietos y le entreguen la copa a Quito. Gabriel habla de hazaña y de "satisfacción por cumplir la palabra".

"Vivimos en un momento en el que la palabra ha perdido gran parte de su significado. Se dicen muchas cosas que no se piensan ni se sienten y, después, muchas de las promesas no se cumplen. Yo trato de no hacer eso. No digo que siempre lo consiga, porque también soy humano, pero intento que mis palabras tengan un respaldo en mis acciones", cerró.

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