Racing le abrió el Hall de la Fama a Tita, pero lo que hicieron con sus cenizas emocionó a todos
Elena Margarita Mattiussi llegó a Racing siendo casi una nena y se quedó para siempre. Décadas después, el club decidió guardar sus cenizas en un lugar muy especial: por qué su figura une a hinchas que hoy no se hablan.
El sábado fue una jornada distinta en Racing. Con Diego Milito como anfitrión, el club incorporó las cenizas de Tita Mattiussi al Hall de la Fama, un gesto que reconoce a una de las figuras más entrañables de la historia de la Academia.
La ceremonia, encabezada por el presidente de la institución, volvió a poner el foco en una mujer que marcó a generaciones enteras de futbolistas.
Una vida entera dedicada a la Academia
Tita construyó con Racing un lazo que excedió cualquier cargo. Durante décadas estuvo cerca de los jugadores, sobre todo de los juveniles que llegaban desde distintos rincones del país con la ilusión de vestir la camiseta del club.
Para muchos de esos pibes fue mucho más que una empleada: ofició de madre, de contención y de refugio afectivo lejos de sus familias.
Elena Margarita Mattiussi había nacido el 19 de noviembre de 1919. Creció pegada al entorno racinguista y mantuvo ese vínculo inseparable hasta su muerte, el 3 de agosto de 1999. Su nombre sigue asociado a la formación de los juveniles y a la identidad del club.
El Hall de la Fama, un capítulo más de su historia
La llegada de sus cenizas al Hall de la Fama agrega un eslabón nuevo a ese recorrido. El homenaje distingue a una mujer que hizo de Racing una parte central de su vida y que dejó una marca imborrable en los hinchas.
En medio de la fuerte polarización que divide a los simpatizantes de la institución, la figura de Tita funciona como un punto de encuentro que pasa por encima de las diferencias políticas que recorren al club.
“Esto es Tita, que es de todos”, expresó Marcelo Izquierdo, periodista y biógrafo de Mattiussi. Además, calificó la incorporación de las cenizas al Hall de la Fama como “una reparación histórica”.
