¿Qué se esconde bajo los gorros cónicos y las estructuras de cinco toneladas?

En Jerez, Andalucía, la Semana Santa moviliza a 46 hermandades en procesiones centenarias donde costaleros cargan pasos de hasta cinco toneladas y penitentes recorren las calles, combinando fe, tradición y una intensa actividad económica local.

· 5 min de lectura
¿Qué se esconde bajo los gorros cónicos y las estructuras de cinco toneladas?

En Jerez, un pueblo andaluz de la provincia de Cádiz, la Semana Santa despliega un fervor popular que atraviesa generaciones, combinando fe, identidad local y una herencia cultural centenaria. Las hermandades salen a la calle para recrear la pasión de Cristo en procesiones que transforman la ciudad en un escenario vivo de devoción y trabajo en equipo.

Las calles huelen a azahares y los pétalos de los naranjos caen sobre los transeúntes en vísperas de esta celebración. El ritual entrelaza lo religioso, lo artístico y lo comunitario en un espectáculo que se repite cada primavera.

Los protagonistas de la procesión

Los roles centrales los ocupan los costaleros y los penitentes. Los primeros cargan a pulso, durante kilómetros, pesadas estructuras llamadas pasos, que pueden llegar a pesar cinco toneladas y son portadas por entre 30 y 40 hombres. Cada persona soporta aproximadamente 125 kilos, con la dificultad añadida de las calles con pendiente.

Los penitentes, adultos y niños, peregrinan ataviados con gorros cónicos. Los mayores cubren su rostro, no por dramatismo, sino como símbolo de participación y entrega en la tradición.

Existen tres sistemas para cargar los pasos. Uno utiliza la molía, una almohada resistente; otro emplea un costal que se coloca sobre la cabeza con un reborde en la nuca; y el tercero implica que los portadores caminen por fuera del paso, sosteniéndolo desde vigas de madera.

Preparación y logística

Los ensayos comienzan dos meses antes de Pascuas, dirigidos por un capataz que marca el ritmo. “Llevo 30 años montando este paso. Un mes antes de cada Semana Santa empiezo a trabajar todos los días para armarlo”, cuenta Miguel Rivero desde una escalera en la iglesia de San Mateo, de estilo gótico y altar barroco.

Para iniciar la peregrinación y tras cada detención, el capataz da tres golpes con un llamador metálico. La dimensión de los pasos es tan imponente que un miembro de la cofradía avanza con una vara altísima para levantar los cables de luz.

Como protección, los costaleros usan cinturones anchos de soga y fajas para cuidar sus espaldas. La carrera oficial dura toda una semana, con cada hermandad caminando unas 10 horas desde su iglesia, cruzando la catedral y regresando al punto de partida.

La hermandad de La Entrega, de Guadalcacín, en las afueras de Jerez, bate récords: sus costaleros recorren más de 15 kilómetros para llegar al centro urbano y volver.

Música y comunidad

La música anima las procesiones. Juan Garrido, periodista e integrante de tres hermandades, explica que aunque hay un amplio repertorio de saetas centenario, “muchas veces los cantores se inspiran e improvisan cantos que hablan de la pasión y la fe”.

Existen 46 hermandades, una por barrio, y algunas reúnen a más de 600 miembros. Las más establecidas pueden organizar procesiones con hasta cuatro pasos simultáneamente.

Detalles artísticos y económicos

Las imágenes, algunas del siglo XVI, son vestidas con mantos bordados a mano por mujeres de la hermandad usando hilos de oro. Estas telas nunca se lavan; al terminar cada Semana Santa, artesanas llamadas entoladoras reparan las tramas antiguas.

Jaime Gutiérrez, vestidor de la iglesia de San Mateo, afirma: “Como los trajes cambian en función del calendario litúrgico, nada va cosido, todo se prende con alfileres”. Las vírgenes a menudo son adornadas con joyas obsequiadas por devotos y hasta son perfumadas, como la de San Mateo, que huele a una fragancia de Carolina Herrera.

En las calles adoquinadas alrededor de la Plaza del Arenal, los asistentes pagan unos 100 euros por silla en palcos para presenciar toda la semana. Las cofradías se financian con cuotas anuales de 60 euros por miembro, donaciones, y eventos como fiestas y loterías. “Organizamos ferias no solo para mantener las actividades sino para nuestras tareas sociales”, asegura Javier Mantaras, con más de 50 años en la cofradía de Las Angustias.

Emprendimientos locales

Silvia Toro dirige la mercería familiar fundada en 1889, que ofrece accesorios personalizados para las hermandades. “Diseñamos mochilas que pueden llevar sujetas al cinturón, capirotes desarmables, molías de alta resistencia, fajines y calzados”, detalla. Su campaña comercial arranca en noviembre del año anterior, motorizando una gran actividad económica local que involucra a artesanos y artistas.

En el ámbito dulce, Adonay Torres Gómez de La guinda revive recetas típicas como la leche frita, un postre infusionado con canela y limón. También prepara arroz con leche sólido en forma de torta, torrijas, roscos y tocino del cielo, aprovechando tradiciones conventuales.

Jerez, con 215.000 habitantes, un mercado de abastos de 140 años y un alcázar del siglo XII, renueva cada primavera su compromiso con esta celebración que une fe, arte y comunidad en un espectáculo único.

Más para leer

Nuevos ataques en Medio Oriente disparan el petróleo: el Brent supera los US$84
Internacional
Chavismo y oposición pactan una hoja de ruta para la democracia en medio de la tragedia
Internacional
Sin tren al Paraguay: el servicio internacional amaneció suspendido este lunes
Internacional
Tercer apagón total en diez días: Cuba se queda a oscuras otra vez
Internacional
El 'rey del norte' se queda con Downing Street: Andy Burnham ya tiene los votos para ser primer ministro
Internacional
Dijo sentirse "muy tranquila" y horas después murió: el desgarrador último mensaje de Catalina Giraldo
Internacional
Publicidad