Puso u$s20.000 en un sótano y hoy tiene 29.000 empleados: la decisión que lo salvó de la quiebra
Arrancó en el sótano de su casa con cuatro empleados y sin un solo inversor. Cuando la Bolsa se derrumbó y sus clientes recortaron gastos, hizo un giro que casi nadie esperaba: de ahí salió el software que lo llevó a tener 29.000 empleados.
Un empresario estadounidense arrancó su compañía con apenas u$s20.000 de ahorros y hoy maneja una firma con 29.000 empleados y una fortuna personal que ronda los u$s3.600 millones. En el medio, casi pierde todo más de una vez.
Se llama Bill Stone. En 1986 tenía 30 años y un trabajo estable como consultor en KPMG. Lo dejó para fundar SS&C Technologies, una empresa de software para el sector financiero, desde el sótano de su casa en Windsor, Connecticut.
El primer año facturó unos u$s86.000 con apenas cuatro empleados. Sin grandes inversores, usaba el dinero de sus primeros clientes para contratar gente y mejorar el servicio, evitando gastos antes de confirmar que había demanda real.
Sin inversores: cómo hizo crecer la empresa con lo que dejaban los clientes
Stone no tenía respaldo de fondos ni de bancos. Su estrategia era simple: cada contrato nuevo financiaba el siguiente paso. Así mantuvo la estructura liviana y no se endeudó.
La primera inversión importante llegó recién en 1990, cuando General American Life y Conning aportaron cerca de u$s4 millones. Para entonces, SS&C ya llevaba cuatro años funcionando sin depender de aportes externos.
El fundador también puso el foco en el efectivo disponible. No le alcanzaba con sumar contratos: necesitaba guardar plata suficiente para aguantar los períodos malos.
El crash del 87 y el software que le cambió el negocio
El primer golpe llegó rápido. En 1987, la Bolsa de Wall Street se desplomó y muchos de sus clientes recortaron gastos. Buena parte de los ingresos de SS&C dependía de esas empresas.
En lugar de esperar a que se recuperara el mercado, Stone salió a buscar compradores en otros rubros: compañías de seguros y firmas que administraban inversiones y necesitaban ordenar sus operaciones.
De ese giro nació CAMRA, un sistema para llevar la contabilidad y controlar inversiones. Salió al mercado en 1989 y la recepción superó todas sus expectativas. En una de las primeras presentaciones, la gente hizo fila para preguntarle cuánto costaba. Años después, Stone recordó esa escena diciendo que se sintió como una estrella de rock.
Los despidos y la caída en Bolsa: los momentos más duros
El éxito de CAMRA no borró los problemas. En 1988 la empresa había llegado a 38 trabajadores, pero al año siguiente la plantilla cayó a 26: Stone tuvo que despedir a 12 personas que él mismo había contratado.
La compañía se recuperó y en 1996 salió a cotizar en Bolsa. Las acciones se ofrecieron a u$s19 y llegaron a u$s25. Pero los resultados quedaron apenas por debajo de lo que esperaban los inversores y el precio se derrumbó hasta los u$s3.
El golpe tocó a su círculo íntimo. Stone había reservado el 5% de las acciones ofrecidas al público para familiares y amigos, que perdieron buena parte de lo invertido.
En 1999 llegó otra poda: varios proyectos vinculados al efecto 2000 y a la llegada del euro se frenaron y la empresa pasó de 610 empleados a solo 250.
Las decisiones que sostuvieron el crecimiento
Stone empezó a apoyarse en las recomendaciones de su propio equipo para las definiciones técnicas. A fines de los 80, por ejemplo, sus empleados le aconsejaron usar Windows y procesadores Intel, una elección que se mantuvo con los años.
El crecimiento no lo alejó del trato con los clientes. Incluso ya convertido en millonario, siguió atendiendo personalmente algunas consultas y respondiendo sus correos.
Cuarenta años después de su fundación, SS&C tiene 29.000 empleados y Stone sigue al frente de la compañía.