Puso 72 paneles en la chacra y la factura de riego le cambió para siempre: el número que nadie mira
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Puso 72 paneles en la chacra y la factura de riego le cambió para siempre: el número que nadie mira

Una chacra de 100 hectáreas en el Alto Valle paga más de $31 millones al año solo para regar. Los 72 paneles que analizan instalar cuestan menos de lo que parece y hay dos lugares posibles para ponerlos: la diferencia entre uno y otro cambia el resultado.

En el Alto Valle, la cuenta de la electricidad para regar tiene una particularidad que pocos productores revisan: casi tres cuartas partes de lo que se paga en la factura corresponden a energía y transporte, justo los dos renglones que el sol puede reemplazar. Por eso el riego agrícola se convirtió en el caso más rendidor para la fotovoltaica en la región.

El dato surge de un análisis sobre una chacra modelo de 100 hectáreas, con una bomba de 50 HP que toma agua de canal y 45 kW de potencia contratada. La factura anual sin IVA asciende a $31.682.219, según los precios de una boleta real de riego del Alto Valle correspondiente a septiembre de 2026.

Qué dice la boleta, renglón por renglón

Del total, $21.108.612 (67,9%) se van en energía, sumando las tres franjas horarias. El uso de la red aporta otros $5.482.377 (17,6%), la compra de potencia $1.692.108 (5,4%) y el sistema de transporte $1.504.016 (4,8%). Más atrás aparecen el cargo comercial ($1.308.534), la contribución por uso del espacio aéreo ($716.475) y una bonificación por factor de potencia de -$720.642.

Hay tres cuestiones que ordenan el análisis. La primera: las franjas horarias cuestan prácticamente lo mismo. El kWh de punta vale $163,77, el de valle $160,02 y el de resto $161,08. Regar de madrugada para pagar menos no tiene sentido, porque la diferencia es mínima.

La segunda: el cargo por uso de red se abona los doce meses, arranque o no la bomba. Son $10.152,55 por kW contratado por mes, lo que en 45 kW representa $5,5 millones al año solo por tener la potencia disponible. Ni el sol ni una batería pueden tocar ese renglón.

La tercera: el IVA del riego es del 10,5% y, si el productor es responsable inscripto, lo computa como crédito fiscal. Por eso todas las cuentas se hacen sin IVA, que es la plata que efectivamente sale del bolsillo.

El caso modelo y los supuestos

La chacra de referencia consume 130.784 kWh anuales repartidos en 3.633 horas de bombeo. Conviene separar dos tipos de números: los que provienen de la factura real (tarifas, cargos, impuestos) y los que son estimaciones que cada productor debe confirmar en su propio campo, empezando por el régimen de riego.

La boleta disponible es de septiembre, cuando la temporada arranca y la bomba trabajó 88 horas en el mes. Para completar el año se adoptó un régimen estimado: 22 horas diarias en enero, 20 en febrero, 14 en marzo, 3 entre abril y agosto, 2,9 en septiembre, 10 en octubre, 16 en noviembre y 20 en diciembre. Solo septiembre surge del medidor; el resto se proyectó desde ahí.

El motor se calculó con un consumo medio de 36 kW en marcha: los 50 HP equivalen a 37,3 kW en el eje, con un rendimiento del 92% y un factor de carga de 0,88. Con ese equipamiento, en enero la bomba trabaja prácticamente sin pausa. No es un sistema sobrado, y esa es justamente la razón por la que la factura pesa tanto y por la que la energía solar encaja tan bien: hay una carga grande y constante esperando electricidad justo cuando el sol pega fuerte.

El mismo equipo, dos lugares posibles

En ambos escenarios se instalan 72 paneles bifaciales N-type de 620 Wp, que suman 44,64 kWp (dos pallets exactos, la unidad con la que los proveedores aplican descuento por bulto cerrado), más un inversor on-grid trifásico de 50 kW conectado al tablero de la bomba, con seis cadenas de 12 paneles, protecciones, cableado, canalizaciones y puesta a tierra según norma AEA 90364.

La única diferencia es dónde se apoyan los paneles, y esa decisión cambia bastante más de lo que parece.

Opción 1: el campo, con estacas helicoidales

Montar el sistema sobre el terreno cuesta US$37.192 sin IVA. La factura anual baja de $31.682.219 a $21.847.739, es decir, un ahorro de $9.834.480 por año ($98.345 por hectárea), con repago en 5,8 años.

Se trata de cuatro mesas de 18 paneles cada una, inclinadas 30° hacia el norte y sostenidas por estacas helicoidales: postes que se atornillan al suelo con una máquina, sin hormigón. Ocupan unos 190 m² de superficie de panel, que con la separación entre filas se traducen en una parcela de 25 por 20 metros aproximadamente.

La estaca no es un capricho: es lo que permite cerrar el precio. La estructura de aluminio sobre bases de hormigón parece más barata en la lista de materiales, pero después exige 72 pozos con hierro, cemento y mano de obra que casi nunca figuran en el presupuesto que se le muestra al productor. Con estaca, la fundación viene incluida en el kit. Además, se monta más rápido, se desarma y se traslada, y no deja bloques enterrados si la chacra cambia de manos o de uso. La orientación a 30° al norte es la óptima, algo que el campo permite elegir y el techo no.

El sistema genera 61.590 kWh al año y la bomba aprovecha 55.819, el 91%: cubre el 43% de la energía del riego. El ahorro no se concentra en verano sino que se reparte a lo largo del año. En enero el sol entrega menos de lo que la bomba pide y todo se consume; en mayo la bomba casi no trabaja, pero la factura igual baja a la mitad porque los pocos kWh que usa los aporta el sol. La cuenta supone que la distribuidora no paga nada por el excedente volcado a la red.

Opción 2: la chapa del galpón, con minirriel

La segunda alternativa baja el costo a US$29.194 sin IVA, US$7.998 menos que sobre el campo. La factura anual queda en $23.468.908: un ahorro de $8.213.310 por año ($82.133 por hectárea), con repago en 5,5 años, más rápido que la opción anterior.

Son los mismos 72 paneles y el mismo inversor, pero la estructura es de minirriel: tramos cortos de riel de aluminio atornillados a la chapa existente, siguiendo la pendiente del techo. Los 190 m² entran en un galpón de 20 por 12 metros. El cálculo se hizo para un techo a dos aguas con faldones este-oeste y 10° de pendiente, lo más habitual. Si el galpón tiene un faldón orientado al norte, la generación sube y la diferencia con la opción de campo se reduce.

En este caso el sistema genera 48.345 kWh al año, un 21% menos que sobre el campo, y la bomba aprovecha el 96%: cubre el 36% de la energía del riego. La pérdida se concentra en invierno, cuando el sol bajo pega de costado en los paneles acostados: en junio el techo entrega 1.930 kWh contra 3.043 del campo. En verano, que es cuando se riega, la brecha es mucho menor.

Hay ventajas que no aparecen en la planilla: no ocupa tierra productiva, no hay que cercar nada, los paneles quedan lejos de la maquinaria, los animales y el agua de riego, y el galpón ya tiene la instalación eléctrica cerca, por lo que el tendido suele ser más corto. En contra, la pendiente y la orientación dependen del techo, hay que verificar que la chapa y las correas soporten unos 2.700 kg repartidos, y trabajar en altura encarece el montaje.

Por qué las baterías no cierran en riego

El análisis también cotizó el mismo sistema de 44,64 kWp sobre campo, pero con inversor híbrido de 50 kW y un banco de 25,6 kWh. La inversión sube a US$51.540 (US$1.155 por kWp contra US$833) y el repago se estira a 8,1 años. El ahorro anual, en cambio, es idéntico: $9.834.480.

La batería cuesta US$14.348 más y no ahorra un peso adicional. Una batería gana plata de dos maneras, y en el riego no funciona ninguna. Por un lado, guardar energía barata para usarla cuando es cara: con franjas que valen entre $160,02 y $163,77 por kWh, la diferencia es del 2%, insuficiente para justificar el negocio. Por el otro, recortar el pico de demanda para bajar el cargo por potencia: la bomba consume 36 kW de corrido, así que un banco de 25,6 kWh alcanza para 42 minutos, y cubrir una noche de riego exigiría más de 200 kWh, algo que vale más que todo el sistema solar.

A eso se suma que el solar en riego ya aprovecha entre el 91 y el 96% de lo que genera sin batería, porque la bomba trabaja justo cuando hay sol. No queda excedente que valga la pena almacenar. La única razón atendible para instalar baterías es tener respaldo ante un corte de luz, y para eso suele convenir más un grupo electrógeno que un banco de litio. Dicho de otro modo: a la bomba de riego hay que ponerle paneles, no baterías.

Las dos opciones, frente a frente

El campo deja más plata por año, pero el galpón se repaga antes. El sistema sobre terreno genera un 27% más de energía, aunque la estructura a suelo cuesta cinco veces lo que la del techo, y esa diferencia se come la ventaja. En pesos a $1.540, la inversión sobre el campo equivale a $57.275.856 (US$372 por hectárea) y la del galpón a $44.959.297 (US$292 por hectárea).

Concretamente, conviene el galpón si hay un techo de 20 por 12 metros en buen estado, la chapa y las correas resisten, el presupuesto manda y no se quiere ocupar tierra. Conviene el campo si no hay techo apto, sobra terreno que no produce (una cabecera, un rincón sin riego) y se busca el máximo de energía por panel.

Los supuestos y lo que no entra en el presupuesto

Los valores cambian de una chacra a otra. El régimen de riego (3.633 horas y 130.784 kWh) se confirma con doce facturas seguidas o con el horario real de bombeo; el consumo del motor (36 kW medios), con una medición con pinza o con la chapa del motor y la curva de la bomba; la potencia contratada (45 kW), con la factura. La radiación corresponde a General Roca, con diferencias menores dentro del valle, y el rendimiento del sistema se tomó en 80%, estándar de la industria. El excedente inyectado se valorizó en cero y hay que consultar a la distribuidora por el contrato de usuario generador. El tipo de cambio utilizado es de $1.540 por dólar, según el Banco Nación vendedor del día de pago, y la pendiente del galpón se estimó en 10° con faldones este-oeste.

El presupuesto no incluye el cerco perimetral del campo solar, los refuerzos de chapa o correas del galpón, la adecuación del tablero existente de la bomba ni el cambio del medidor, que queda a cargo de la distribuidora.

Cinco preguntas para hacerle al instalador

Antes de firmar, conviene exigir respuestas concretas. ¿Cuántos kWh por año genera el sistema y con qué rendimiento lo calculó? Sin ese dato, el número no se puede comparar con otro presupuesto. ¿Qué parte de la generación se consume en el momento? En riego debe ser alta, por encima del 85%; si es baja, el sistema está sobredimensionado para la bomba. ¿Contra qué precio del kWh se calculó el ahorro? Tiene que ser el de la factura de riego, sin IVA si el productor es responsable inscripto, porque usar el precio con IVA infla el ahorro un 10,5%. Si la estructura va a suelo sobre hormigón, ¿están incluidas las fundaciones? Son 72 pozos, el lugar donde más se esconde plata en un presupuesto de campo solar. Y por último, ¿qué protecciones, secciones de cable y canalizaciones lleva? Un renglón que dice solo “protecciones y cableado” no se puede auditar.

El RIMI, un empujón extra a la rentabilidad

La inversión también puede encuadrarse en el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI). La amortización acelerada en Ganancias y la devolución anticipada del IVA generan una ventaja financiera adicional estimada en un mínimo del 15,9% del capital invertido, medida en valor presente. No es un subsidio directo, sino el beneficio de recuperar antes los créditos fiscales y anticipar las deducciones impositivas.

En el caso analizado, ese porcentaje equivale a US$4.642 para la instalación sobre el galpón (inversión de US$29.194) y a US$5.914 para la alternativa sobre el campo (US$37.192). El régimen reduce el costo económico de ambas inversiones sin modificar el ahorro eléctrico anual. Así, al ahorro operativo de entre $8,2 y $9,8 millones por año se suma una ventaja fiscal que mejora el rendimiento desde el arranque.

(*) Análisis y presupuesto: Ing. Luciano Mendoza — Paralelo Sur Ingeniería Sustentable.

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