Punta Tombo se queda sin pingüinos y los guardafaunas no se van: qué hacen ahí
31 guardafaunas, jornadas de 8 a 20 horas y una temporada que no termina cuando se van los pingüinos. Así se sostiene la custodia de las áreas protegidas de Chubut.
En el Día del Guardafauna, que se conmemora cada 29 de septiembre en Chubut, Marcelo Franco, jefe de la Zona Este, puso en valor el trabajo silencioso que sostiene las áreas protegidas de la provincia y repasó las mejoras que se fueron sumando en los últimos años.
La fecha no es casual: recuerda la creación de Punta Loma como la primera área protegida provincial, allá por 1966. Desde entonces, el oficio cambió y se profesionalizó. Franco explicó que hoy la tarea combina la atención al visitante, el control, la vigilancia y el monitoreo permanente de la fauna en sitios como Península Valdés y Punta Tombo.
Mejoras que se notan
El jefe de la Zona Este destacó que las condiciones de trabajo mejoraron en los últimos años. Entre los avances mencionó nuevas instalaciones de gas, entrega de uniformes, energía solar y conectividad en distintas áreas protegidas.
En Península Valdés, donde actualmente hay 31 guardafaunas, la actividad no se detiene: el flujo permanente de visitantes y las distintas temporadas de fauna —orcas, elefantes marinos y pingüinos— mantienen a los equipos en movimiento durante todo el año.
El trabajo que no se ve
Cuando las temporadas turísticas específicas terminan, la tarea sigue. En Punta Tombo, por ejemplo, una vez que se retiran los últimos pingüinos, los equipos se abocan al mantenimiento de senderos, alambrados e instalaciones.
En Península Valdés, Franco resaltó además el crecimiento de la cantidad de visitantes en lugares como Isla de los Pájaros, Punta Norte y Caleta Valdés, donde se incorporaron mejoras en senderos y espacios de interpretación.
Vocación y jornadas largas
Para Franco, la tarea exige una vocación particular. “Tenés que tener vocación y te tiene que gustar”, sostuvo. Y explicó que las jornadas en Península Valdés se extienden de 8 a 20 horas.
El trabajo, aclaró, no consiste solamente en esperar al visitante: también implica observar, monitorear y conocer permanentemente el comportamiento de la fauna para poder transmitir esa información a quienes recorren las áreas protegidas.
