Pullaro salió a blindar a Vranicich y apuntó contra una "mano negra" que quiere voltearla
11 leyes, un sistema para rastrear celulares robados y una defensa especial para policías: el paquete que Pullaro mandó en mayo y que la Legislatura acaba de activar. Lo que se cae y lo que se negocia, adentro.
Maximiliano Pullaro volvió a poner la seguridad en el centro de su agenda y esta vez lo hizo con un gesto que no pasó desapercibido: defendió con firmeza el liderazgo de la fiscal general María Cecilia Vranicich frente a fiscales generales de 22 provincias y a la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, reunidos esta semana en Rosario.
"Vamos a defender la labor del MPA. Y vamos a defender el liderazgo y la conducción de María Cecilia Vranicich" y "de todos los fiscales que hagan su trabajo correctamente", levantó la voz el gobernador ante una platea inmejorable para mostrar el modelo santafesino.
El respaldo no fue casual. Pullaro habló de una "mano negra", en referencia a grupos de poder y miembros del Poder Judicial que estarían presionando para recuperar influencia dentro de la Fiscalía Regional y en algunas materias de investigación.
La interna que late detrás del apoyo
Fue el segundo gesto de apoyo al Ministerio Público de la Acusación en dos semanas. El primero había sido a mediados de septiembre, en plena disputa por los Juegos Suramericanos, cuando recibió en su despacho a Vranicich y al fiscal regional de Rosario, Matías Merlo.
En el MPA y el Ejecutivo hablan de "operaciones de prensa" que tendrían como objetivo debilitar al organismo y a la fiscal general. "Vranicich y Merlo han estado al lado nuestro en la pacificación de Rosario día y noche, las 24 horas. La coordinación con el MPA, así como con otros actores, es determinante para los resultados que conseguimos. Los que le pegan a ella y la desgastan están golpeando nuestras políticas de seguridad. Por lo tanto, le están pegando al gobernador", explican desde la Casa Gris.
La ofensiva a la que aluden el MPA y el gobierno coincidió con el encarcelamiento del exfiscal Mariano Ríos Artacho por el manejo espurio de más de 400 millones en depósitos judiciales cautelados en investigaciones penales, y con el reciente recambio de fiscales y empleados en Rosario dispuesto por Vranicich y Merlo.
Ríos Artacho es cercano a un grupo que apoyaba a otro candidato a la Fiscalía General y que quedó en el camino cuando el exgobernador Perotti envió el pliego de Vranicich a la Legislatura.
La fiscal general acumuló respaldo por partida doble. Además del pronunciamiento enfático de Pullaro, cosechó apoyo entre sus pares de todo el país. Según contaron funcionarios judiciales que presenciaron el discurso del gobernador, procuradores y fiscales de otras provincias no tienen ese mismo respaldo en sus jurisdicciones, donde muchas veces la autonomía de la fiscalía sirve como excusa al poder político o al judicial para descargar responsabilidades o desentenderse de sus necesidades materiales.
El vínculo estrecho entre el Ejecutivo y el MPA muestra resultados positivos en el paradigma de seguridad santafesino, aunque no faltan quienes opinan que es un arma de doble filo que, en la práctica, pueda terminar en pérdida de autonomía o subordinación. Esa preocupación no apareció en el encuentro de procuradores. Por el contrario, Vranicich se quedó con el mensaje final del presidente del Consejo de Procuradores y Fiscales Generales de la República Argentina, quien recalcó que, por primera vez en la historia del encuentro, participaron procuradores de 22 de las 25 jurisdicciones. "Puede interpretarlo como un gran respaldo a la doctora Vranicich", remató.
El trago amargo de la semana
La semana no fue solo de definiciones estratégicas. El gobierno debió admitir fallos en el operativo por los incidentes en la puerta de Newell's Old Boys y anticipó una investigación y eventuales sanciones a policías que persiguieron a los hinchas y entraron al club.
El ministro Pablo Cococcioni aclaró que, en términos legales, no había impedimento para que los uniformados, que venían en una persecución por un presunto delito en flagrancia, ingresaran al club y, por lo tanto, no estaban obligados a pedir permiso a nadie. La letra fría de la ley dice eso, pero luego hay oportunidades, circunstancias, lugares y contextos que los uniformados debían tener en cuenta.
La potestad de ingresar a una propiedad privada sin orden judicial está pensada para, por ejemplo, detener al presunto autor de un delito que se introduce en una morada para eludir el accionar policial. También cuando alguien pide socorro desde el interior del inmueble o en caso de incendio o inundación. Es una herramienta muy delicada, con alta carga de discrecionalidad, que requiere profesionalismo, responsabilidad y criterio, algo que los videos evidencian que faltó en los policías que intervinieron en Newell's, donde se presentó una situación distinta de los casos virtuosos que inspiraron el cambio normativo.
La Legislatura activó el paquete de seguridad
La buena noticia para Pullaro y Cococcioni es que la Legislatura activó el paquete de proyectos de seguridad que el Ejecutivo mandó en mayo pasado y que había sido relegado por la necesidad de apurar los tiempos de la reforma electoral.
El principal es un proyecto de ley que modifica 11 leyes diferentes y cuyo objetivo oficial declarado es dar más poder de acción a la Policía, al Ministerio Público Fiscal y al Estado en general frente al delito.
El diagnóstico del gobierno es que las organizaciones criminales, en particular las vinculadas al narcomenudeo, "están contenidas, pero el problema no está resuelto". Pullaro lo repitió en tono enfático frente a los fiscales generales de 22 provincias y a Monteoliva, una platea inmejorable para "vender" el modelo santafesino, que el resto del país sigue con atención a partir de los resultados conseguidos en la "contención" del crimen organizado.
Frente a ese auditorio, el gobernador se despojó del traje de organizador de los Juegos Suramericanos y se puso el de pacificador de Rosario. El "más duro de los duros", como se autodefine, volvió a emprenderla contra "el garantismo bobo" y los que él considera que "romantizan la delincuencia", pero aclaró que la contención del delito y el crimen organizado en Santa Fe se hizo "dentro del marco legal", con respeto por las garantías constitucionales.
Veinticuatro horas antes, en otra jornada que escenificó la coordinación alcanzada entre fiscales federales y provinciales desde diciembre de 2023, el gobernador había pedido "ir por contadores, escribanos y abogados que dan cobertura profesional a las organizaciones criminales para el lavado de dinero y bienes", bajo la premisa de que la próxima etapa en la lucha contra el crimen organizado debe avanzar sobre el lavado de activos.
Qué cambia con la nueva batería de leyes
El gobierno de Pullaro proclama desde el día uno de gestión un cambio de paradigma en seguridad. La pata normativa de ese giro quedó plasmada con la ley de microtráfico de drogas y siguió con la ambiciosa reforma de seguridad sancionada en el verano de 2024, que alcanzó a la Policía, el Poder Judicial, el Ministerio Público de la Acusación, el Servicio Público de la Defensa, el Servicio Penitenciario y el Código Procesal Penal, entre otros.
Las leyes que ahora tiene en tratamiento la Cámara de Diputados son una vuelta de rosca sobre aquella reforma inicial. El objetivo, según las voces del oficialismo, es consolidar "el salto del Estado de un modelo puramente reactivo a uno con capacidad de anticipación".
La principal reforma en estudio consta de 11 artículos que introducen modificaciones en el Código Procesal Penal y en las leyes de Ejecución Penal, Protección de Víctimas y la que creó el Sistema de Inteligencia Provincial.
Recientemente, el Ejecutivo agregó otros dos proyectos: la creación del "Sistema Provincial de Intervención de los Mercados Ilícitos de Dispositivos Electrónicos", que apunta a desalentar el robo de celulares y tener trazabilidad de cada aparato; y el que habilita a la Defensora General de la provincia a crear unidades especiales de defensores, y específicamente una especializada para la defensa de miembros de fuerzas de seguridad.
En el proyecto principal, algunos artículos despertaron reparos en la oposición y dentro del propio bloque de Unidos, no solo en el socialismo. El Ejecutivo siempre supo que sería muy difícil que, aun con mayoría propia, la Legislatura aprobara el interrogatorio sin defensor, las medidas coercitivas de libertad por decreto fiscal o la declaración informativa y el interrogatorio policial. Igual las incluyó porque parte del juego es mantener la iniciativa, liderar la agenda y ratificar que no hubo ni hay prejuicios para enfrentar el delito.
De hecho, los puntos mencionados ya no figuran en el borrador de ley que los radicales Martín Rosúa —presidente de la Comisión de Seguridad— y José Corral reescribieron sobre la base del proyecto original del Ejecutivo y le entregaron al bloque socialista para unificar posiciones antes de abrir la conversación con los bloques de la oposición. Hay otros aspectos que se mantendrían, aunque con retoques, como la validación de pruebas a pesar de haberse violado alguna garantía durante su obtención si se demuestra que la autoridad "actuó de buena fe o que había un estado de necesidad".
Las diputadas socialistas Varinia Drisun y Lionella Catalini —presidenta de la Comisión de Acuerdos— adelantaron que no era el ánimo de ese bloque dejar cajoneada la propuesta del Ejecutivo, pero recalcaron que la ley saldrá con cambios. "Como casi todas las leyes en esta gestión", aclaró Catalini, en referencia al papel de contrapeso interno que encarna el PS y como mensaje a los opositores que afirman que la Legislatura funciona como una suerte de "escribanía" del Ejecutivo.