Puestos que necesitaban cinco empleados hoy atienden con uno: la señal que enciende las alarmas en el Mercado de Abasto
Cada vez menos clientes, puestos que reducen personal y un cambio en los hábitos de compra. ¿Está perdiendo el Mercado de Abasto su capacidad de competir o es una señal social más profunda?
El Mercado de Abasto de la ciudad de San Juan muestra un panorama que preocupa a los puesteros: cada vez llegan menos compradores y la actividad perdió la intensidad de otros tiempos. El fenómeno se percibe a simple vista en las naves de la Feria Municipal, donde el movimiento decayó en las últimas semanas. Los viernes y sábados, que históricamente concentraban la mayor concurrencia, tampoco escapan a la tendencia.
El dato más elocuente lo aportan los propios feriantes: puestos que hasta el año pasado requerían hasta cinco empleados para atender ahora funcionan con apenas uno. Detrás de esa reducción de personal se esconde, inevitablemente, una caída en las ventas.
El bolsillo aprieta y la dieta cambia
La explicación más inmediata aparece en el deterioro del poder de compra. Cuando el dinero alcanza para menos, las familias recortan gastos y modifican su alimentación. En el caso de las frutas y hortalizas, se compra lo indispensable y se dejan de lado los productos que se consideran prescindibles. Es una economía doméstica que intenta sobrevivir, pero que puede terminar afectando hábitos alimentarios esenciales.
Sin embargo, sería insuficiente atribuir toda la responsabilidad a la crisis económica. El mercado también enfrenta cambios en los hábitos de compra. Las aplicaciones y los servicios de entrega a domicilio permiten recibir frutas y verduras sin ir hasta la Feria y, muchas veces, favorecen compras más pequeñas y específicas.
A esto se suma la proliferación de verdulerías minoristas y mayoristas en distintos puntos de la provincia. Muchos de esos comercios ofrecen productos de calidad comparable a precios similares o incluso inferiores, lo que reduce una ventaja histórica del Mercado: concentrar variedad y precios competitivos en un mismo lugar.
También resulta significativo el movimiento de verduleros que viajan a Mendoza para abastecerse. Si aun considerando el costo del traslado encuentran allí mejores condiciones, significa que existe un problema de competitividad que merece ser analizado.
Dos preguntas incómodas
La situación plantea dos interrogantes diferentes. Uno es comercial: ¿está perdiendo el Mercado de Abasto capacidad para competir, atraer compradores y adaptarse a las nuevas modalidades de consumo? Si es así, habrá que revisar estrategias de comercialización, servicios, precios y promoción.
El segundo interrogante es mucho más preocupante: ¿la población está consumiendo menos frutas y verduras porque no puede comprarlas? Si la respuesta fuera afirmativa, estaríamos ante un problema que excede ampliamente a los puesteros.
Porque un mercado vacío puede ser una cuestión comercial. Pero una sociedad que reduce el consumo de alimentos esenciales es una señal social que no debería pasar inadvertida.