Puerto Madryn: la bacteria que apareció en los ballenatos y la hipótesis que mira al mar

La mortandad de ballenas en Puerto Madryn tiene en vilo a la región y la ciencia ya maneja dos hipótesis bien distintas. Una bacteria apareció en los ballenatos, pero en los adultos la sospecha apunta a algo que llega con el mar. Qué dicen los análisis y cuándo se sabrá.

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Puerto Madryn: la bacteria que apareció en los ballenatos y la hipótesis que mira al mar
Puerto Madryn: la bacteria que apareció en los ballenatos y la hipótesis que mira al mar

La aparición de ballenas muertas en las costas de Puerto Madryn encendió las alarmas en las últimas semanas. Mientras los equipos científicos avanzan con los análisis, el ambientalista Víctor Fratto explicó que las causas podrían dividirse en dos episodios distintos, con orígenes que la ciencia todavía intenta confirmar.

En diálogo con ADNSUR, Fratto detalló que los investigadores detectaron una bacteria asociada a la erisipela en los ballenatos, mientras que en ejemplares juveniles y adultos se investiga una posible relación con biotoxinas de la marea roja. El especialista pidió esperar los resultados oficiales y desmintió versiones que circulan en redes sobre supuestos riesgos para las personas.

Qué muestran los primeros análisis

Según Fratto, los estudios identificaron dos situaciones que deben analizarse por separado. La primera tiene que ver con la muerte de ballenatos, donde se encontró una bacteria que produce erisipela, una enfermedad que puede generar lesiones en la piel o avanzar sin manifestaciones externas evidentes.

El ambientalista explicó que esa infección puede derivar en una septicemia, una falla multiorgánica y la muerte del animal. Aunque las muestras analizadas hasta ahora apuntan a esa bacteria, aclaró que los estudios todavía deben completarse. “Hasta ahora todas las muestras marcan esta bacteria que produce erisipela”, indicó.

El segundo episodio corresponde a la aparición de ballenas juveniles y adultas en las costas durante los últimos días. En estos ejemplares, los investigadores observaron características que recuerdan a episodios anteriores de mortandad vinculados a biotoxinas producidas durante fenómenos de marea roja.

De acuerdo con Fratto, se trata de animales con buen estado corporal, una importante capa de grasa y evidencias de alimentación reciente. Esos indicios llevaron a los especialistas a investigar si pudieron haber ingerido organismos contaminados con toxinas.

Dónde se analizan las muestras

Para avanzar con esa hipótesis, se enviaron muestras a distintos centros de investigación. Un laboratorio de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Trelew, analiza el contenido relacionado con la alimentación de las ballenas. Por otro lado, se remitieron tejidos al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en Mar del Plata, para determinar si contienen biotoxinas.

Fratto remarcó que ambos resultados son necesarios para establecer una causa. Los primeros análisis permitirán conocer qué comieron los animales, mientras que los estudios de tejidos buscarán confirmar o descartar la presencia de sustancias tóxicas. “Hasta ahora es un patrón semejante al que ya vimos, pero se necesitan los dos resultados”, aclaró.

Según estimó, los resultados del análisis realizado en Trelew estarían disponibles en un plazo más breve, mientras que los del INIDEP podrían demorar aproximadamente dos semanas.

Contaminación y riesgos para las personas

Ante las versiones que vinculan la mortandad con la contaminación y advierten sobre posibles consecuencias para quienes ingresan al mar, Fratto sostuvo que hasta el momento no se encontraron indicios que permitan establecer una relación directa con factores humanos. También rechazó las publicaciones que alertan sobre supuestos riesgos generalizados para las personas por la presencia de la bacteria asociada a la erisipela.

El especialista explicó que esta bacteria está vinculada a organismos vivos y que el contagio requiere determinadas condiciones. Como ejemplo, señaló que la erisipela puede representar un riesgo ocupacional para quienes manipulan animales o productos contaminados, especialmente si tienen heridas y no mantienen condiciones de higiene adecuadas.

En cuanto a la marea roja, recordó que en el Golfo Nuevo rige una veda para la extracción de moluscos y mariscos debido a este fenómeno. Sin embargo, diferenció esa restricción sanitaria de las advertencias que circulan en redes sociales sobre el contacto con el agua.

Fratto insistió en que cualquier recomendación debe sustentarse en información verificable y en evaluaciones de los organismos competentes. En ese sentido, cuestionó la difusión de comunicados sin firma ni identificación de una autoridad responsable y pidió no compartir advertencias que no tengan respaldo oficial.

Aves muertas: por qué no hay que apurar conclusiones

La aparición de aves muertas también generó preocupación en los últimos días, pero el ambientalista advirtió que no corresponde atribuir automáticamente estos casos a las mismas causas que se investigan en las ballenas.

Explicó que las condiciones meteorológicas pueden provocar la muerte de aves marinas y que, después de temporales, es habitual encontrar ejemplares en la costa. Como antecedente, recordó un relevamiento realizado en el año 2000 por la doctora Marcela Uhart y otros investigadores, en el que se registraron 1.042 aves muertas tras un temporal.

Según relató, algunas de las aves examinadas presentaban problemas nutricionales y acumulación de agua en los pulmones, un hallazgo compatible con la posibilidad de que se hubieran ahogado durante el fenómeno meteorológico.

Fratto señaló que la coincidencia temporal entre la aparición de animales muertos y la circulación de versiones alarmistas puede llevar a interpretaciones equivocadas. Por eso, pidió evitar conclusiones apresuradas y diferenciar los episodios que todavía están bajo investigación.

Mientras continúan los estudios sobre las ballenas, los resultados de laboratorio serán determinantes para establecer si las biotoxinas tuvieron un papel en las muertes de los ejemplares juveniles y adultos. Hasta entonces, el ambientalista insistió en la necesidad de esperar la evidencia científica y comunicar los avances con responsabilidad.

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