Prometió salvar a los enfermos de la Patagonia si se curaba: la historia del santo que pedaleaba contra el viento
Todos esperaban que su enfermedad lo alejara de su vocación, pero pasó lo contrario: se convirtió en el enfermero más querido de la Patagonia. Su secreto, una promesa que cumplió hasta el último día.
En el corazón de Viedma, Río Negro, la figura de Artémides Zatti sigue viva. El "enfermero de la Patagonia", canonizado por la Iglesia Católica, dejó una huella imborrable en la comunidad. Su historia, marcada por la fe y la entrega, es recordada por quienes lo conocieron y por los miles que hoy veneran su memoria.
Ana María, de 86 años, lo recuerda como si fuera ayer. Tenía seis años cuando una fiebre alta la tenía al borde de la muerte. Su madre, sin un centavo, no sabía a quién recurrir. "Él llegó de noche, pedaleando contra el viento", relata con la voz quebrada. "Me tocó la frente, me sonrió y le dijo a mi mamá: 'Tranquila, que a esta criatura la cuida Don Bosco'. Nos dejó remedios, no cobró un peso y antes de irse nos dejó pan. Para nosotros no era un médico; era un pariente más".
Zatti nació en Italia en 1880 y llegó a la Argentina de muy joven. Su vocación religiosa se despertó temprano, pero fue la enfermedad la que marcó su destino. Contrajo tuberculosis mientras cuidaba a un sacerdote enfermo. En ese momento le prometió a la Virgen María que si se curaba dedicaría su vida a los enfermos de la Patagonia. Se curó y cumplió su palabra.
El Hospital San José y la farmacia salesiana se convirtieron en su hogar y su misión. Administró el hospital sin rechazar jamás a un paciente por falta de recursos. Arriba de su bicicleta negra, con el maletín de cuero y el guardapolvo blanco, cruzaba la ciudad a cualquier hora para asistir a quien lo necesitara.
Los dos milagros que lo llevaron a los altares
La Iglesia exige la verificación de hechos extraordinarios para canonizar a alguien. En el caso de Zatti, dos intervenciones decisivas marcaron su proceso. El primero ocurrió en Córdoba en 1980 y permitió su beatificación: el joven seminarista Carlos Bossio padecía una septicemia grave con peritonitis aguda. La comunidad salesiana invocó la intercesión de Zatti y la infección cedió por completo, sin secuelas.
El segundo, en 2011, ocurrió en Filipinas y habilitó su canonización. Un hombre de 56 años sufrió un ACV isquémico masivo complicado con un hematoma intracraneal. Sin recursos para una cirugía, los médicos le dieron el alta para pasar sus últimos momentos en casa. Su hermano, coadjutor salesiano, rezó fervientemente a Zatti. Horas después, el paciente recuperó el habla y la movilidad sin rastro del daño cerebral.
Viedma hoy recuerda a Zatti como el enfermero de la bicicleta, pero también como la encarnación de la solidaridad. En un mundo acelerado, su figura sigue siendo el faro de esta comunidad patagónica.