Profesionales argentinos: la doble vida de quienes trabajan de lo que estudiaron y aún así necesitan manejar apps

Enfermeros, docentes, investigadores y policías se suman a las aplicaciones de movilidad para llegar a fin de mes. ¿Cómo es la rutina de quienes viven esta doble vida?

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Profesionales argentinos: la doble vida de quienes trabajan de lo que estudiaron y aún así necesitan manejar apps

Enfermeros, docentes, investigadores y policías se suman a las aplicaciones de movilidad para llegar a fin de mes, mientras sus sueldos no alcanzan. La crisis económica empuja a profesionales con años de formación a buscar ingresos extra al volante.

Iván Burnes, enfermero del Hospital Garrahan, trabaja de noche en el hospital y maneja Uber en sus horas libres. “Cuando arranqué me iba mucho mejor. Pensé que con esto iba a poder”, dice. Hoy alquila, mantiene solo a sus hijos y asegura que incluso antes del conflicto salarial del hospital cobraba alrededor de un millón de pesos y no llegaba a fin de mes.

Según datos de Cabify, los conductores part-time crecieron más de un 12% interanual. En 2025 representaban entre el 31 y el 33% de los conductores; en 2026 ya rondan el 37%. Uber sostiene que siete de cada diez conductores manejan menos de 20 horas semanales. En DiDi, el 90% se conecta para sumar ingresos.

La rutina de un enfermero que no para

Iván estudió enfermería en la Cruz Roja Argentina. Trabajó en clínicas privadas y logró entrar al Garrahan tras un concurso. “Ingresar al Garrahan era súper deseado porque trabajabas en la vanguardia de la enfermería pediátrica. En 2018 el sueldo triplicaba lo que se ganaba afuera”, relata.

Su rutina diaria incluye cuidar a sus hijos a la mañana, trabajar de 21 a 7 en el hospital y manejar en los intervalos. “Uso el auto como Uber cuando voy al hospital y cuando salgo. También los fines de semana. Los horarios fuertes son las nueve o diez de la noche y las tres o cuatro de la mañana”, explica.

“Siento bronca, tristeza y dolor. Mis papás no tuvieron carrera y antes el título era garantía de tener un buen pasar económico. Hoy no te garantiza nada”, dice.

Cuando enseñar ya no alcanza

Nicolás Andrés Pozdzik es sociólogo, docente universitario de la UBA y chofer de aplicación. Tiene dos cargos simples en la universidad. “Hay viernes en los que salgo de mi casa a las seis de la mañana y vuelvo a las ocho de la noche. Son ocho o diez horas dando clases y además seis o siete arriba del auto”, cuenta.

Entre la universidad y la aplicación trabaja entre 48 y 60 horas semanales. “Eso impacta en la salud, en el sueño, en la organización familiar. A veces agarrás un viaje al aeropuerto a las tres de la mañana y después el día te destruye porque dormiste cortado”, dice.

Hoy, un ayudante de segunda con dedicación simple cobra $177.117, mientras que un ayudante de primera gana $221.392. Un jefe de trabajos prácticos con dedicación simple percibe $265.009 y un profesor adjunto llega a $308.578.

De investigar la “uberización” a vivirla en primera persona

Mauricio Torme, sociólogo e investigador de la UBA, estudió el fenómeno de las aplicaciones y ahora trabaja en una. “Es muy loco. Yo estudié esto y ahora trabajo de esto”, dice. Tiene 46 años, es padre de Pedro, de 8 años. “Soy el primer universitario de mi familia. Para mis viejos, tener un título significaba que todo iba a estar bien”, describe.

En febrero se descargó DiDi. “Estoy constantemente pensando cómo generar un segundo ingreso”, resume. Trabaja más de 50 horas semanales entre la UBA, un terciario y una escuela. La aplicación le representa entre el 15 y el 20% de sus ingresos.

“Esta situación me genera bronca e indignación. Si nos pagaran lo que corresponde, yo estaría investigando, capacitándome. No manejando”, reclama.

Del patrullero al auto

G. Ferreyra, efectivo de la Policía Federal, se levanta más temprano para activar Uber antes de entrar a trabajar. “A la ida trato de hacer la mayor cantidad de viajes posibles. Y cuando salgo hago lo mismo. En vez de volver a casa a descansar, sigo conectado porque cada viaje suma”, cuenta.

Entró a la fuerza hace más de 15 años buscando estabilidad. Hoy, dice, eso desapareció. “Uno pensaba que con este trabajo podía vivir tranquilo. Pero el sueldo se va entre el alquiler y las cuentas. Hay muchos compañeros que también hacen aplicaciones”, dice.

“Me preguntan cómo puede ser que tenga que hacer Uber. Y la verdad es que yo también me lo pregunto”, admite.

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