Presentan en Resistencia una novela que imagina una Argentina con campos "de reeducación"
La nueva novela de Francisco Tete Romero imagina una Argentina donde el habla popular es el enemigo a controlar. Este viernes la presenta en Resistencia, junto a un prólogo que no deja dudas del giro de su obra.
La Feria Iberoamericana del Libro de Resistencia será el escenario donde Francisco Tete Romero presente su última novela, Están volviendo, editada por Editorial Contexto dentro de la colección La Tierra sin mal, que dirige el escritor Juan Mario Basterra.
El encuentro está programado para el viernes 9 de octubre a las 20:00, en el Domo del Centenario, en el marco de la feria que se extiende del 1 al 11 de octubre de 2026. Acompañarán al autor Jimena Molina, profesora en Letras de la Facultad de Humanidades, y Daniel Omar Luppo, dramaturgo y gestor cultural de reconocida trayectoria nacional e internacional.
El volumen incluye estudios preliminares de Nora Merlín y del propio Luppo, además de un prólogo a cargo de la poeta Claudia Masin, quien describe la obra como "una distopía que nos resulta dolorosamente cercana y familiar".
Una continuidad que profundiza el tono
Están volviendo retoma el universo de Oler la tempestad, la novela anterior de Romero. Según Masin, en esta nueva entrega la aniquilación ya se ha consumado: "Ya no estamos hablando solamente de una sociedad arrasada por el neoliberalismo, sino -lisa y llanamente- de una sociedad controlada por un fascismo en la plenitud del ejercicio de su prepotencia y su crueldad".
La sociedad que describe el libro está habitada por seres humanos vaciados, entumecidos, cooptados por la hipervigilancia, la censura y la propaganda. Mecanismos tecnológicos de control invaden la intimidad y la libertad de cada persona, con el objetivo de demoler el pensamiento crítico y la capacidad de discernir, ya sea mediante la coacción, el terror o la aceptación entusiasta.
Gafas inteligentes, mapas del desasosiego y el peligro de decir "nosotros"
La tecnología, en esa nueva sociedad, funciona como herramienta para evitar las palabras que podrían traer desasosiego e insumisión. El novelista describe gafas inteligentes con "diez fórmulas para usar adecuadamente las palabras que la Compañía nos decía que debíamos usar para preservar nuestra armonía social".
También aparece una aplicación de Google Maps que identifica en el mapa las zonas de desasosiego en tres categorías: alta, media y baja. A los ciudadanos se les pide evitar el contacto visual con cualquier desasosegado que busque entablar comunicación, ya sea verbal u ocular.
En esa Argentina ficticia existen incluso campos de concentración llamados "de reeducación" para los Desasosegados, ubicados lejos para que no contagien a los sosegados. El habla popular es señalado como el peligro mayor: ese lenguaje que reúne, que salta del Yo a un peligroso Nosotros poderoso y valiente. Los invasores del relato, muchos nacidos en la propia tierra que rematan y malvenden, sostienen: "Debemos erradicar el nosotros del habla argenta".
Uno de los ayudantes, relata el autor, maneja digitalmente el zoom para que en la pantalla se identifiquen con claridad calles, casas, patios, antros, plazas y parques donde el desasosiego brota y provoca contagios en el habla popular. Así se detecta, por ejemplo, el brote viral de una canción de Gabo Ferro o un fragmento del Martín Fierro cuyo recitado está prohibido. El objetivo es acallar las palabras capaces de mover las fibras del corazón anestesiado.
La resistencia y el tren de los que vuelven
Pero en la sociedad que describe Romero también hay lugar para la desobediencia, para una resistencia subterránea que espera pacientemente su hora para contraatacar. En medio de la desolación, escribe el novelista, están volviendo. ¿Quiénes? Quienes se creían exterminados para siempre.
Los muertos, los desterrados, los apestados vuelven como vuelve siempre lo reprimido, lo que ha sido violentado y se resiste a que esa violencia venza y reine. En la novela recorren el antiguo país, ahora devenido colonia, en un tren mítico que lo atraviesa para liberarlo.
Las personas salen a la puerta y a la ventana de sus casas para escuchar el rumor de ese tren de fantasmas que cruza el país de norte a sur y de este a oeste. La narración se vuelve caudalosa, con versiones, variantes y matices que quienes viajan en él convierten en un relato personal, una esperanza, un deseo.
Cuándo llegará. Por qué no llega todavía. "Está cerca", dice la más anciana de todos. "Puedo escucharlo en las madrugadas. Falta poco, lo sé, ya falta poco".